Corría el año del 2015 y aunque “500 días con ella” (500 days of Summer) fue estrenada en 2010 y “La chica de mis sueños” (Ruby Sparks) en 2012, marcaron el preludio de lo que iba a aprender sobre amor moderno en una vida adulta, qué más que una película de cine independiente con increíble vestuario e increíble e insuperable soundtrack, es más como un capítulo mal hecho de bajo presupuesto de “La rosa de Guadalupe” pero sin airecito y sin rosas al final.
He de confesar que "500 días con ella" fue un total y completo parte aguas, el pequeño empujón que necesitaba para caer profundamente enamora de Zooey Deschanel y Joseph Gordon-Levitt, incluso tienen un video musical juntos donde él es un ladrón que va a robar un banco y ella una cajera, hay una parte donde bailan y todo es hermoso, honestamente creo que es la mejor pareja que he visto y aunque muchos odian a Summer por lo que le hizo a Tom y honestamente, también la odié en su tiempo (cuando no entendía por qué ella era así) me identificaba terriblemente con Tom, después de los años y verla una incontable cantidad de veces, note que aún qué cada vez lloro igual me río igual, el sentimiento y el entendimiento es diferente quiero suponer que es gracias a madurar, a la experiencia que vamos forjando a lo largo de los años, de todos esos tropiezos y planes fallidos que nos llevan a la vida adulta, raspados rotos o como diría una canción “flacos, cansados y sin ilusiones”, creo que todos fuimos Tom alguna vez, creo que todos nos lanzamos a los brazos de la expectativa esperando que ese sueño, ese casi algo, como dirían ahora, en realidad se convirtiera en un algo, cuando en realidad solamente estamos siendo el momento pasajero de alguien más y cuando logramos entender eso, nos damos cuenta que en realidad Sumer no era mala, solamente ni quería nada en ese momento, seguía explorando que quería en realidad, no quería lo que Tom ofrecía ni tampoco a Tom en el sentido romántico, y es ahí donde yo a mis 21 años me la vivía llorando e ilusionada por las malas decisiones de un chico en la pantalla grande
Y es aquí donde entra una chica llamada Rubi Sparks, creada a traves de una recomendación terapéutica y los sueños de un erudito literario que tuvo un auge a temprana, nace Rubí en medio del imaginario de Calvin, y es que ¿Cuántos no quisiéramos poder hacer eso? imaginar nuestro ideal, hacer realidad a ese alguien que nos ame total e incondicionalmente, locamente, hasta obsesivamente, crear la pareja perfecta, pero es aquí donde conforme nos vamos adentrando en la película, que nos damos cuenta de que en realidad Calvin es egoísta, controlador, posesivo y algo narcisista, que juega con su invención, que no es más que la encarnación de todo con lo que soño, literal, y aún así, perturba a Rubí una y otra vez, solo para que sea más como el quiero, olvidando que tiene sueños, criterio, gustos propios, que aún que haya sigo creada por él, no deja de ser un individuo capaz de hacer y lograr cualquier cosa, hasta que tanto daño no pudo contenerse más y la dejo ir, libre y en paz, deseando poder repetir la historia pero de una manera más correcta, y sumergida en lágrimas por identificarme sutilmente con ambos personajes, y ese control abusivo que le fue ejercido a Rubí, aprendí que, debo ser fiel a mis principios e ideales, aún que la otra persona no encaje en ellos, al final, es mi vida y mi corazón y solo yo decido el rumbo que quiero darles, al igual que Summer, y que, jamás podré llenar los vacíos dentro de otras personas, son importar el amor que les tenga, siempre será insuficiente, ya que no es mi vacío, no es mi carencia la que intento saciar, eligiendo mejor el soltar antes de acabar completamente destruidos por intentar cambiar.
Y heme aquí, a mis 36 años, topandome con las mismas piedras, que ahora salto, antes de tropezar, mantenido las convicciones que el cine me ha ayudado a forjar, por qué la vida está para aprender y a veces reprobar.


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