Iván Fund y El mensaje: “Las películas no tienen que predicar, sino invitar a habitarlas” 

Anika es una nena de unos diez años que tiene la capacidad de comunicarse con los animales. No habla con ellos, pero los escucha y es capaz de traducir en palabras qué les pasa, qué sienten y qué piensan. Por eso viaja por los pueblos en una pequeña motor home con Roger (Marcelo Subiotto) y Myriam (Mara Bestelli), que quizás sean sus padres, sus abuelos u otra cosa. El trío opta para una vida itinerante para, a la manera de un circo, detenerse en cada parada y ofrecer su don para ayudar a resolver los vínculos rotos entre las personas y sus mascotas. Esa es la historia simple y mínima, pero de enormes resonancias, que describe El mensaje, la última película del cineasta entrerriano Iván Fund, que a comienzos de este año fue premiada en la Berlinale con el Oso de Plata.

Ojalá que el premio sirva como testimonio de que se va a seguir haciendo cine y que ese cine seguirá recorriendo el mundo y siendo celebrado y valorado. Puede ser una suerte de atajo, de símbolo que le dé un poco más de visibilidad a todo lo que se está peleando y haciendo. Personalmente fue un regalo, un honor enorme. Siempre digo que los premios van y vienen y que obviamente que está buenísimo que vengan, pero lo que quedan son las películas”, dijo sobre el reconocimiento el responsable de La risa (2009), Los labios (2010, codirigida con Santiago Loza), Hoy no tuve miedo (2011), Me perdí hace una semana (2012), Toublanc (2017), Vendrán lluvias suaves (2018) y Piedra noche (2021) durante la rueda de prensa posterior a la proyección de su flamante trabajo.

Fund con su premio en la Berlinale

Filmada en un prístino blanco y negro que refuerza la sensación de soledad, El mensaje es un entrañable relato madurativo centrado en la particular dinámica trashumante de un trío. Una relación en la que el lucro, las necesidades económicas y el aprovechamiento se mezcla con el amor y el cariño de los mayores hacia la niña. Esa niña se llama Anika Bootz y es hija de la realizadora y pareja de Fund Betania Cappato, quien aquí tiene un rol pequeño y sin diálogo, pero que resignifica buena parte del sentido de la película. El director cuenta: “Como los dos hacemos cine, ella ya participó en algunas cosas y está siempre en el medio. Con este rol pasó algo interesante, y es que ella quería ser la nena cuando empecé a pensar el guion. Preguntaba por qué no podía y yo le decía que en ese momento tenía seis años y era muy chiquita. Después, y gracias a lo complicado que es financiar el cine en la Argentina, pasaron los años y su edad terminó coincidiendo con la del personaje, así que la burocracia le jugó a favor”.

-¿Cuál fue el disparador de El mensaje?
-El disparador fue abordar este vínculo entre madre e hija, que para mí es muy rico, misterioso y complejo tanto para el personaje de Miriam con su hija como para ella con Anika, y cómo esas cuestiones se van arrastrando con el tiempo. Después, había una cosa puntual que me que me parecía interesante y era la existencia de un personaje que tenga como una especie de súper poder, de don o talento muy especial, pero viviendo dentro de un contexto en el que ese don sólo le permite llegar a fin de mes. Había algo de esa cosa entre trascendental y absolutamente mundana que me daba mucha curiosidad. Otra razón primordial era poder volver a trabajar con Mara y Marcelo después de Piedra noche y poner en pantalla el vínculo que tienen con Anika, a la que conocen hace años.

-La película nunca específica cuál es la relación entre los personajes. ¿Qué te interesaba de esa ambigüedad?

-Uno construye los personajes tratando de que la película los exprese de la mejor manera posible para que los espectadores puedan vincularse con ellos y sacar sus propias conclusiones, adivinar que están sintiendo o suponer cuáles son sus razones. La idea no es presentarlos como personajes clausurados ni tener un juicio cerrado sobre ellos y sus vínculos. Sería muy aburrido eso. Para mí las películas no tienen que predicar, sino invitar a habitarlas para que cada uno saque sus conclusiones. Hay algo innegable en el vínculo de los personajes y es que, más allá de que se relacionen de manera más o menos sutil, tienen un amor muy grande entre todos. La película tratar de expresar ese cuidado tan esencial.

-Al igual que en toda tu filmografía, aquí hay un cuidado importante en la austeridad de los diálogos…
-Sí, como cineastas argentinos a veces estamos forzados a ir al hueso porque no tenemos muchas cosas en las que ampararnos. Cuando uno empieza a pensar una película o a construir las imágenes, siempre termina tratando de quedarse con la cosa medular y despejar todo lo otro. Esta suerte de minimalismo tiene que ver con nosotros, con nuestra formación y con las condiciones en las que existimos. Pero también es cierto que me inclino naturalmente a incluir pocos diálogos. Entiendo el cine más desde la imagen que desde la palabra, así que la construcción empieza por ahí. Por otro lado, era una película que de alguna forma iba a tratar sobre la comunicación, así que me parecía interesante que esa comunicación no sea sólo por la palabra. La palabra aparece sobre todo como parte de un discurso medio armado de Miriam y de venta antes que una forma de expresar algo que está sintiendo. Hay una frase muy linda de John Cassavates que dice que cuando las personas empiezan a decirse "te amo" es porque las cosas andan mal. Había algo de esa esencia que para mí estaba viva en los personajes y por la que no hacía falta aclarar demasiado.

-¿Por qué decidiste filmar en blanco y negro?
-Esta es la cuarta película que hago con Gustavo Schiaffino como director de fotografía, y siempre decíamos de hacer algo en blanco y negro. Recién con esta historia apareció la posibilidad de usarlo. Una razón fue que quería que tuviera algo un poco documental, como de urgencia, pero que ese tono estuviera atravesado o envuelto por ese imaginario tal vez más arquetípico que nos retrotrae a ciertas películas con las que nos formamos. El blanco y negro ayudaba a envolver de fantasía algo con un pie muy firme en la realidad. Por otro lado, ayudaba a despejar un poco la mirada. La película tiene una cadencia si se quiere bastante contemplativa y da mucho espacio; entonces, el blanco y negro invita a que uno pueda vincularse con la imagen de una manera más despejada y prestarle atención a los gestos de los rostros de los personajes o a los paisajes, a que no sea algo tan estridente ni ruidoso. Como las cosas se construían durante el rodaje, en esa etapa terminó de decantar el blanco y negro. Cuando vimos las primeras imágenes, ya no hubo duda de que era la forma de la película.

-Estamos en un contexto desfavorable para el cine argentino. ¿Fue difícil conseguir la financiación?
-El mensaje no tiene subsidios del INCAA, se financió completamente de manera privada y con la colaboración de todo el equipo. El proyecto fue al Festival de San Sebastián en 2023 y aparecieron algunas oportunidades de coproductores, pero a fines de 2023 pasó lo que pasó con la Argentina y desaparecieron todas las posibilidades de apoyo. Sin la posibilidad de presentar al INCAA, nos dimos cuenta que conseguir un coproductor iba a ser muy difícil y todo se iba a dilatar hasta el infinito, así que decidimos juntarnos con los chicos e ir igual hacia adelante. La filmamos como pudimos en febrero de 2024, con mucho aporte de amigos y del equipo. En septiembre de 2024 fuimos al Work in Progress de San Sebastián justo cuando apareció el interés del Festival de Berlín. Cuando finalmente la quiso, aparecieron coproductores uruguayos y españoles que se sumaron para poder terminarla.

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