Dinosaurios: Crónica, tras una Noche Afilada 

Como todos los años se llevaba a cabo el Festival Internacional Cervantino 2025: 3400 artistas de veinticuatro países estaban llegado al evento cultural más importante de América Latina. Guanajuato capital, se transformaba durante dos semanas en un escenario global, con artistas callejeros, obras de teatro, conciertos de música electrónica, bandas de jazz y danzas tradicionales de los diferentes estados de México.

La ciudad, día tras días se colmaba de turistas nacionales y extranjeros, pero la noche del sábado 05 de julio, todo quedó interrumpido.

Al principio creíamos que lo que veíamos era parte de los espectáculos artísticos, pero al pasar los minutos era evidente que estábamos equivocados.

El pánico crecía entre rugidos, algunos se quedaban paralizados solo mirando, la mayoría corríamos desconcertados hasta escuchar las voces que gritaban: - ¡bajen!, ¡bajen!, ¡bajen a la subterránea! -; ocho kilómetros de túneles coloniales debajo de nuestros pies, servían para protegernos de los dinosaurios.

Si, los Tiranosaurios rex, estaban entre nosotros, carnívoros que pesaban nueve toneladas, doce metros de largo, una boca con sesenta dientes del tamaño de cuchillos de cocina, una mandíbula capaz de quebrar huesos de otro dinosaurio y una cola de seis metros sacudía autobuses, autos y personas como si fueran de mantequilla.

Caos y confusión. Las familias buscaban al resto de sus integrantes, los amigos a sus amigos, las parejas a sus parejas. Ni la policía, ni los bomberos ni el ejercito podían controlar la situación.

En la subterránea, Los celulares no tenían señal, pero servían para iluminar el túnel, hasta que las baterías se agotaron y nos quedamos a oscuras e incomunicados con el resto del país y del mundo.

Por orden de la alcaldesa la central cortó la energía eléctrica, acto primero en toda catástrofe. Las pisadas retumbaban. Lo que estaba sucediendo por encima del túnel, nos desesperaba.

Hasta que Juan Ramírez, un músico surfista adolescente de Puerto Escondido, ubicado en la terraza del teatro Juárez, se le ocurrió adelantar lo que estaba programado para la clausura del festival, él sabía cómo usar un temporizador para encender los fuegos artificiales.

Juan, con la ayuda del resto de los músicos de la banda, acomodaron las bases de los fuegos redirigiéndolas hacia el sur de la ciudad donde la población era escasa. La idea fue acertada.

El silbido de los fuegos artificiales llamó la atención de los dinosaurios y al mismo tiempo dirigían sus miradas hacia las luces del cielo y persiguiéndolas, se alejaban.

Mientras los heridos, indescriptiblemente heridos, eran trasladados en ambulancias al hospital.


Comenzamos a tranquilizarnos en la madrugada. Entre la multitud en el túnel, repartían vasitos de tequila, mescal y agua; a pocos metros el ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha que había perdido el bigote y la espada, tembloroso decía que jamás había vivido en un festival semejante aventura. Aunque aun la aventura no había terminado.

Al amanecer el sol salió helado, voló por la zona el helicóptero de la alcaldesa y su comitiva. Y al mediodía, tras la observación, dieron un comunicado con megáfonos a la población:

Veintiséis T-Rex, beben agua de la presa principal que abastece a la ciudad.

Siete están muertos. Queda bajo su exclusiva responsabilidad salir de los túneles.

Se presentaba ahora un problema mayor para la supervivencia de nuestra especie: el consumo del agua. Sabíamos que estudios realizados por expertos ambientalistas comunicaron que por escasas precipitaciones pluviales, en cuatro años la ciudad se quedaría sin agua. La presencia de los dinosaurios era dos veces una amenaza inminente imaginando que solo quedaría agua en la profundidad de sus huellas.


Mientras tanto dos expertos forenses, en la morgue, Thomas Gere y Joaquín Sánchez, realizaban la autopsia de los siete cuerpos, de los T-rex. La conclusión, nos dejó sorprendidos.

Sesenta y seis millones de años después los T-rex eran alérgicos a los cacahuates.

Esta reacción inmunológica es potencialmente mortal, afectando el sistema respiratorio y cardiovascular, se conoce como Anafilaxia.


Al atardecer empresarios productores de cacahuate, y dueños de globos aerostáticos, fueron convocados por la alcaldesa para participar de una experiencia comunitaria, aun mas memorable.

Durante la noche voluntarios locales y visitantes, trabajaban en equipo; un propósito los unía: rellenar pelotas de tenis con cacahuates para deshacerse de los dinosaurios.

Desde el otro lado de la presa del agua, cargaron los globos. El día era limpio y sin viento. Arrojaron miles de pelotas de tenis rellenas de cacahuates sobre la superficie que rodeaba la presa del agua, los dinosaurios atraídos por el color y el movimiento, se las devoraron.

El caso estaba resuelto. Convirtiendo a todos los participantes, en super héroes. En pocas horas, los dinosaurios fallecieron, solo faltaba retirar los cadáveres.

Esa noche, rotos de cansancio nos fuimos a dormir.

Al día siguiente la energía eléctrica fue restablecida por sectores.

Dos días después el 8 de julio de 2025 las noticias oficiales anunciaban que la presencia de los dinosaurios ocasionaron mas de treinta mil heridos, noventa y siete muertos y cuarenta desparecidos.

La ciudad se restableció rápidamente, el festival continuó el siguiente fin de semana.

La alcaldesa dio un discurso en la reinauguración. Lucía un abrigo extravagante de piel de dinosaurio.

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