Catwoman" (2004) 

No todos los héroes salen victoriosos, y lo mismo pasa con las películas. Catwoman (2004), en mi caso, fue una de esas experiencias que me hizo perder la fe en el género de superhéroes. La vi con ganas, esperando al menos una historia que respetara al personaje y ofreciera algo entretenido. Pero me encontré con todo lo contrario: una película desconectada de su origen, mal ejecutada y sin alma. Fue la primera vez que salí de una cinta de superhéroes sintiéndome estafado.

Una de las cosas que más me molestó fue el cambio de identidad del personaje. Todos conocíamos a Selina Kyle, una figura compleja, elegante, peligrosa, con historia dentro del universo DC. Pero en esta versión, la protagonista se llama Patience Phillips, un personaje completamente nuevo que no tiene ningún vínculo con el canon original. Desde ahí sentí que todo iba mal. Fue como si los guionistas ni siquiera hubieran leído un cómic, como si pensaran que con solo ponerle un traje sexy y movimientos felinos ya podían llamarla “Catwoman”.

La historia fue otra gran decepción. El conflicto principal gira en torno a una crema facial tóxica fabricada por una empresa de cosméticos. ¿Ese es el gran problema que debe enfrentar una heroína? ¿Una crema antienvejecimiento que vuelve la piel de las personas dura como piedra? No es solo poco convincente, es ridículo. La trama no tiene emoción, ni tensión, ni profundidad. Los villanos son acartonados, los diálogos absurdos y las escenas parecen sacadas de una parodia sin gracia. Me costaba creer que eso hubiera pasado por manos profesionales. Todo se siente apurado, sin cariño ni intención de hacer algo realmente memorable.

Halle Berry, a pesar de su talento, no logra salvar la película. Y no lo digo por su actuación, sino por lo poco que le dieron para trabajar. Con ese guion y esa dirección, cualquier actriz habría estado en problemas. Su personaje no tiene desarrollo, sus motivaciones no son claras, y su transformación de mujer insegura a vigilante es tan repentina como poco creíble. Además, el vestuario que le pusieron parecía más diseñado para una sesión de fotos provocativa que para una justiciera urbana. Todo en su diseño gritaba “sexualización”, como si lo único importante fuera que se viera atractiva, sin importar la coherencia o la fuerza del personaje.

El apartado visual tampoco ayuda. El CGI es torpe, exagerado y rompe totalmente la inmersión. Las escenas de acción no emocionan, no impresionan y muchas veces son difíciles de seguir. Me acuerdo de estar viendo una pelea y pensar que parecía más un videojuego barato que una superproducción de Hollywood. Era frustrante ver cómo una idea tan potente se perdía en efectos mal hechos y decisiones sin sentido.

Después de ver Catwoman, dejé de emocionarme con las películas de superhéroes por un buen tiempo. Me hizo sentir que el género estaba vacío, hecho solo para vender, sin respeto por sus propios personajes ni por el público. Fue una decepción tan grande que llegué a evitar otras cintas similares por miedo a encontrarme con lo mismo. Me hizo pensar que tal vez ya no quedaban buenas historias que contar en este tipo de cine, que todo se había vuelto fórmula y apariencia.

Con los años, por suerte, llegaron películas que devolvieron la calidad y el cariño a estas historias. Películas como The Dark Knight, Logan o incluso Wonder Woman demostraron que sí es posible hacer algo profundo, entretenido y respetuoso con los personajes. Pero Catwoman sigue siendo, para mí, el ejemplo perfecto de cómo arruinar una buena idea y decepcionar por completo a quienes amamos el género.

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