El Descubrimiento 

¿Cómo me siento? Te preguntarás, acerca del gran descubrimiento que he hecho aquí abajo en esta cueva - Buck.

Para mí, es una de las preguntas y respuestas más grandes de la humanidad. El descubrimiento que me conmocionó, un pequeño aficionado a los dinosaurios que creció viendo películas basadas en ellos, creyó verídico encontrar la manera de verlos en su época, imaginándose una convivencia hermosa y peligrosa, pero digna de ser vivida. Cada día que soñaba con un descubrimiento, al despertar, lo escribía en su diario, el cual fue encontrado por el lector que escribe esta historia en base al diario de Buck.

El niño, siempre estaba acompañado de su pequeñito peluche favorito basado en un dinosaurio de una película que vio y no se enfocaba en los dinosaurios, pero, los incluían como parte de la historia. En su primera entrega, Buck contempló una escena tan desgarradora, en arte rupestre, los humanos cazaban mamuts, unos por miedo, otros por hambre, pero, a su interpretación, estos lo harían por simple conducta supremacista, deprimiéndolo al grado de cuestionarse su existencia, ya que esta, al momento, forzaba a una conducta carnívora, obligándolo, indirectamente, a cazar animales para comer, lo cual todo humano hace hasta la actualidad.

La segunda parte, le enseñó un mundo del cual él era fanático. Él no se lo esperaba, las épocas ni siquiera tenían sentido, pero, contra toda probabilidad, un mundo subterráneo albergaba vida, y no de cualquier especie, sino de los mismísimos dinosaurios. Con una mentalidad inocente, creyó que en algún lugar de la tierra sería posible encontrar dinosaurios viviendo bajo la superficie, así que, dedicaría su vida a recorrer el mundo en busca de lugares subterráneos, con la esperanza de encontrar algo sublime en relación con ellos.

Los años pasaron y ningún hallazgo fue descubierto por él. Buck se sentó a pensar, y recordó la película que lo había motivado a llegar a ser quien era, y entonces recordó, el dinosaurio emergió de la superficie en una tierra llena de nieve en búsqueda de sus crías, casi como entornos existentes hasta la actualidad. Inspirado, Buck tuvo una idea, e inició la búsqueda en territorios de temperaturas bajas sumamente hostiles. En Siberia, caminó y caminó entumecido por el cruel viento que congelaba su cuerpo a pesar de su equipamiento, hasta que, un sonido de una grieta lo detuvo a mirar abajo. Era una superficie de hielo agrietándose lentamente, haciéndolo mirar al horizonte, para darse cuenta que estaba encima de una superficie de hielo a punto de romperse.

Decidiendo seguir a delante, Buck caminó lentamente, hasta que el hielo colapsó y él cayó a profundidad en una cueva quedando inconsciente, pero a salvo. Después, miró a su alrededor y descubrió un túnel, al cual, con dolor por sus heridas, entró con convicción. El camino se hacía eterno, hasta que, encontró una pequeña luz, que lo llevó, y lo llevó hasta la escena nostálgica del recuerdo que se hacía viendo a un mundo bajo la superficie lleno de vida, la cual serían los dinosaurios. Atónito, pero alerta, derramó sus lagrimas al ver y descubrir lo imposible.

Buck era un experto y no se metería en riesgo acercándose demasiado a los dinosaurios, pero, en eso, encontraría a uno pequeñito, el cual no era carnívoro, y tal como la sociedad doma a los animales como los perros, gatos y leopardos para que sean sus acompañantes, al grado de infantilizarlos, acariciarlos y apapacharlos como bebés, Buck haría lo mismo con esta pequeñita criatura y lo nombró, Rudy, recordando a un dinosaurio de la película que vio hace años, y con el tiempo, se volvieron grandes amigos. Pero no duraría mucho…

Este lugar no era apto para Buck, obligándolo a, eventualmente, regresar a la superficie si es que quería sobrevivir. Sonaba fácil, pero, al no querer abandonar a su amigo, tuvo una idea, regresar a su mundo y avisar sobre su descubrimiento. Buck nuevamente tomó asiento y reflexionó para tomar una decisión. Él regresó a la superficie, la cual, era mucho menos hostil en esa temporada, haciendo que los dinosaurios lo siguieran. Desafortunadamente, los escáneres militares del mundo detectarían la enormidad de los dinosaurios, pero, estos ya no existían al conocimiento del resto de la humanidad, los ejércitos del mundo, confundidos irían armados a investigar las detecciones de los escáneres.

Al llegar, los dinosaurios, asustados atacarían a los ejércitos, los cuales, abrirían fuego contra ellos. Buck intentaría detenerlos, pero no había manera. Hombre y colosal escenificarían una batalla que simplemente nuca debía pasar, especies totalmente incompatibles en coexistir a consideración de los científicos. Rudy, pequeño pero peligroso, defendió a su especie mientras Buck insistía en detener el ataque, hasta que una bala alcanzó a su compañero, tal como los humanos, más pequeños en comparación, cazaban a los enormes mamuts.

Roto, Buck se arrodillaba en lagrimas observado a su compañero mientras era arrestado por los militares. La implacable fuerza militar había controlado a los dinosaurios que emergieron de la superficie, pero la noticia no se hizo pública, pues al final, estaban en un lugar recóndito y los ojos de nadie más habían sido testigos. En prisión, con un frío incontrolable y extraño al estar dentro de una instalación, sólo podía escuchar los planes con este descubrimiento.

El secreto sería revelado, escuchó. Los fines científicos serían aprovechados, la experimentación sería necesaria, el alimento una ventaja, y la seguridad prioritaria. Todo pensado para el bien de la humanidad, no tal cual para el de los dinosaurios. Buck, pasaría su vida en prisión viendo a la especie ser utilizada y torturada, hasta el momento de partida natural de este mundo. Buck entonces despertó tras haber quedado inconsciente, moviendo su mano buscando a su pequeñito peluche, y lo encontró, Rudy, alegrándolo en esta desesperación y haciéndolo derramar sus lágrimas.

¿Cómo me siento? Te preguntarás, acerca del gran descubrimiento que he hecho aquí abajo en esta cueva. La verdad es que me siento feliz, y lloro el momento del cual sé que no podre escapar, no puedo levantarme, la caída destruyó mi movilidad, pero no mi ser. La felicidad que siento ahora es porque el sueño que tuve, el encontrar dinosaurios en este mundo, fue sólo eso, un sueño, y no realidad. Y es que, al final, entendí que, de existir aún, los dinosaurios no estarían a salvo, ni de los buenos, ni de los malos. Aunque siempre me hacia más que feliz la idea de verlos, me encontenta más saber que ya no existen y que espero, nunca lo hagan. Moriré aquí abajo con el descubrimiento más grande de mi vida, el entender que ambas especies no pueden coexistir, pues tal y como tratamos a las especies que tenemos ahora, muchas de las cuales no representan peligro para la raza humana, ¿Qué sería diferente en el trato hacia una especie que desafía nuestra propia existencia y dominio sobre esta tierra?

Espero que alguien encuentre este diario, lo lea, y comparta mi felicidad por haber logrado la compresión ante el fanatismo. Algunas cosas deben dejarse tal y como están, cuidar a nuestras especies y a la misma de la que somos parte.

Ahora sé, que los dinosaurios, ellos, están a salvo de nosotros, y lo estarán siempre, descansado en el mundo al que voy ahora. - Buck.

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