Call Center, Karaoke y Otros Actos de Resistencia: Crónica del cine tijuanense 

Entre Actores (2024) - IMDb

“El Mirador” es una película tijuanense en la cual tuve el placer de  trabajar el poster ✨ Sin duda es un proyecto que desde su inició me  entusiasmó mucho. Trabajar con una productora que ha realizado ...cuando la pantalla devuelve la mirada

Ver Entre actores en la Cineteca Carlos Monsiváis no fue sólo asistir a una función: fue presenciar cómo una historia íntima, casi secreta, se desplegaba en formato panorámico ante un público fronterizo. Esa noche, entre butacas llenas de cuerpos y vacías de promesas, hablé con una amiga que se había ido a la Ciudad de México a perseguir ese sueño etéreo llamado “ser actriz”. Me confesó —con voz temblorosa y ojos brillantes— que Entre actores la había tocado, como si la película no la representara sino que la reconociera. “Ver mi vida ahí me ayudó a entender por qué amo este arte”, me dijo. Y entendí entonces que el cine, al menos el que nace en Tijuana, no busca sólo contar historias: busca reparar las fracturas del alma.

Este ensayo dialoga con dos obras recientes del cine tijuanense: El mirador de Diego Hernández (2023) y Entre actores de José Paredes. Ambas se construyen como espejos rotos que devuelven fragmentos de una ciudad que no termina de entenderse a sí misma: Tijuana, donde la migración es rutina, el trabajo es actuación y los sueños viven de renta. Aquí, el cine no es una industria: es un acto de fe, un refugio ante la intemperie de lo real.

Tijuana: ciudad en fuga, ciudad del tactoEl mirador/El mirador : Producciones México : Sistema de Información  Cultural-Secretaría de Cultura

La Tijuana de estas películas no es la de los noticieros ni la de los documentales de Netflix: no hay narcos hiperbólicos ni playas mercantilizadas. Hay cafés a medio cerrar, karaoke entre amigos, esquinas donde la ciudad se raspa contra sí misma. Diego Hernández filma una Tijuana casi espectral, donde la violencia existe como eco —no como espectáculo. En El mirador, los testimonios de La Cúpula se filtran como murmullos de un pasado aún presente, pero lo importante está en los cuerpos que resisten: Annya conduciendo un Uber con dignidad casi quijotesca; Guillermo memorizando rutinas de stand-up en un baño prestado.

Entre actores, en cambio, opta por el desencanto sin metáforas. La Tijuana de Rodrigo es un lugar detenido en el tiempo, un purgatorio de castings fallidos y proyectos congelados. El personaje de la amiga que parte a la capital —inspirado en esa misma amiga que me confió su historia— se vuelve el punto de fuga de una ciudad que empuja a sus soñadores hacia afuera. No como castigo, sino como diagnóstico.

El call center como teatro del absurdo

En ambas películas, el trabajo en call centers se convierte en una especie de teatro forzado, donde los jóvenes deben impostar acentos, nombres y sonrisas para sobrevivir. El mirador lo aborda con un humor trágico: Guillermo, atrapado en ese cubículo de plástico, se convierte en un bufón postindustrial, fingiendo interés por clientes imaginarios mientras sueña con escenarios reales. La comedia aquí no es alivio, sino método de defensa ante la alienación.

En Entre actores, aunque menos explícito, se percibe que la rutina del protagonista también pasa por ese tipo de empleo: inestable, silenciosamente humillante, pero funcional. El arte, en este contexto, es un lujo que se paga con insomnio. Lo que ambas películas denuncian, sin panfleto, es el costo emocional de trabajar para subsistir sin espacio para imaginarse una vida distinta. No se trata sólo de dinero, sino de identidad: ¿cuánto de ti queda después de ocho horas fingiendo ser otra persona?

Migrar o quedarse: la herida abierta

Una constante: la tensión entre irse o quedarse. El dilema no es sólo geográfico, sino existencial. En El mirador, los personajes permanecen en Tijuana no porque tengan un plan, sino porque quedarse es también un acto de resistencia. Filman, cantan, improvisan, se aman a medias —pero no huyen. Entre actores representa el lado opuesto del espejo: la partida como inevitable. La amiga que se va a la CDMX (y cuya historia real dio vida al personaje) deja un vacío que Rodrigo no puede llenar ni siquiera con su deseo de actuar. La migración no es un éxito: es una renuncia con sabor a culpa.

Y sin embargo, ninguna de las dos posturas es heroica o trágica. Ambas películas entienden que en la frontera el movimiento es constante, pero el arraigo persiste. Porque quedarse es difícil. Pero irse también es una forma de desmembramiento.

Estéticas de la precariedad: belleza en el margen

Entre actores – 24 Risas x Segundo

La forma también dice. Ambas películas se nutren de lo que tienen: actores no profesionales, locaciones reales, cámaras en mano, luz natural. La estética no es solo una necesidad: es una postura. Hernández y Paredes apuestan por un realismo emocional, casi táctil. Los silencios son tan importantes como los diálogos. Las miradas pesan más que los discursos. En este cine no hay planos de dron ni grandes travellings: hay rostros, cuerpos, timidez, chistes mal contados y verdad.

La precariedad aquí no es tema: es textura. El cine tijuanense no pide perdón por sus límites, los vuelve lenguaje.

un cine que se parece a la vidaEl mirador' de Diego Hernández: crónicas de las Tijuanas posibles

El mirador y Entre actores son más que películas sobre Tijuana: son películas que sólo pueden hacerse desde Tijuana, no por geografía sino por sensibilidad. Retratan una generación atrapada entre la nostalgia de lo que pudo ser y la urgencia de sobrevivir. Pero también muestran una ternura radical, una esperanza sin forma que sobrevive incluso cuando todo parece perdido.

Volver a hablar con mi amiga después de la función fue entender que este cine no sólo documenta, acompaña. Que verse en pantalla —aunque sea en forma de personaje, aunque sea entre actores— es una forma de sanar. De confirmar que el arte, incluso el más precario, puede ser un espejo, un refugio, o una última carta enviada desde el borde.

Y si hay algo que Tijuana enseña, desde sus películas, es que el borde también puede ser un inicio.

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