En su ópera prima, el director británico Christopher Andrews, se adentra en los campos fríos de la Irlanda rural para narrar una historia de violencia heredada y masculinidad rota. Lo hace con el mismo impacto visual que sería ver a una oveja rodar por un peñasco. Cada escena desciende lentamente hacia un abismo emocional y donde el viento parece arrastrar tanto la lana como las culpas.
La película abre con una escena impactante en una carretera solitaria, donde un acto cargado de desesperación establece el punto de partida y la culpa empieza su recorrido. El reparto está encabezado por Christopher Abbott como Michael, un pastor marcado por el peso de sus decisiones, Colm Meaney como Ray, su padre; pero es Barry Keoghan quien aporta una tensión magnética al interpretar a Jack, el joven del clan rival: su presencia en pantalla es un choque de fragilidad y amenaza. Además confirma que es uno de los actores más intensos del cine contemporáneo.
Ser padre en Acaba con ellos, es lo contrario a como hizo Jesús con su rebaño. Aquí, la oveja que se extravía no es buscada y el hijo que quiere proteger no es bendecido, sino juzgado.
La voz femenina está representada por Caroline, interpretada por Nora-Jane Noone. Aunque su presencia parece equilibrar la tensión entre los hombres, lo cierto es que su papel revela una sumisión silenciosa que la convierte en cómplice involuntaria del conflicto. Como costilla de Eva, moldeada para la paz pero encerrada en una estructura que perpetúa el castigo.
Al final, todos —padres, hijos, ovejas extraviadas—caminanos en círculos.




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