"Morbius": cuando el superhéroe no despega
Soy fan de los superhéroes desde siempre. He visto de todo: lo brillante, lo olvidable y lo desastroso. Y aunque trato de encontrar algo bueno en cada intento, Morbius (2022) fue una experiencia difícil de defender, incluso para alguien como yo, que va al cine con la esperanza por delante.
La película gira en torno al Dr. Michael Morbius, un científico brillante que sufre una enfermedad rara en la sangre. En un intento desesperado por curarse, termina convirtiéndose en un vampiro viviente. Sobre el papel, suena como una mezcla interesante entre ciencia, tragedia y acción. Pero la ejecución... bueno, no estuvo a la altura.
Desde el inicio se siente como si la historia tuviera prisa. No hay tiempo para conocer de verdad a los personajes ni para conectar con ellos. Morbius, interpretado por Jared Leto, es un protagonista que debería hacernos sentir compasión, conflicto interno, algo. Pero su actuación, aunque contenida, no logra transmitir esa humanidad que el personaje pedía a gritos.
Matt Smith, que hace del villano, es otro talento desperdiciado. Su personaje aparece, causa caos sin una razón muy clara y desaparece tan rápido como llegó. El enfrentamiento entre ambos no genera tensión ni emoción, y las peleas se ven borrosas por culpa de unos efectos digitales que buscan impresionar, pero confunden.
Lo más frustrante fue el engaño del marketing. Los tráilers insinuaban conexiones importantes con el universo de Spider-Man, algo que muchos esperábamos con entusiasmo. Pero nada de eso llegó a la película. Las escenas promocionales fueron literalmente recortadas, y lo que quedó fue una historia desconectada, sin rumbo claro. Se notaba que más que contar una buena historia, estaban tratando de "preparar el terreno" para otras películas, pero sin preocuparse por hacer que esta tuviera valor por sí sola.
La reacción del público no se hizo esperar. Las críticas fueron duras, y con razón. Pero lo curioso es que la película se volvió viral, no por ser buena, sino por lo mala que resultó. Nació el famoso meme “It’s Morbin’ time”, una frase que ni siquiera se dice en el filme. Sony, en un intento incomprensible, la relanzó en cines aprovechando esa fama irónica… y volvió a fracasar.
Y eso es lo que más me duele como fan: Morbius tenía potencial. Es un personaje trágico, con matices oscuros, perfecto para una historia diferente dentro del género. Pero al final, lo que vimos fue un producto genérico, armado con fórmulas y prisas.
No todo está perdido, claro. Las películas fallidas también dejan lecciones. Y ojalá los estudios aprendan que no se trata solo de sacar contenido por sacar, sino de cuidar las historias y respetar al público. Porque sí, a veces los superhéroes también tropiezan. Y Morbius fue un tropezón difícil de olvidar.
Al final del día, Morbius no fracasó solo por ser una mala película; fracasó porque intentó ser parte de algo más grande sin construir su propia identidad primero. Se olvidó de lo más importante: contar una buena historia con corazón. Como fan del género, uno está dispuesto a perdonar errores, a entender experimentos. Pero cuando lo que recibimos se siente vacío y sin alma, es difícil no salir decepcionado.
Ojalá este tropiezo sirva como punto de partida para hacerlo mejor en el futuro. Los superhéroes oscuros, con conflictos internos reales, tienen un lugar valioso en el cine. Solo necesitan que alguien los trate con la atención y respeto que merecen. Tal vez Morbius tenga otra oportunidad más adelante… pero esta vez, ojalá lo haga con verdadero propósito.
Porque al final, lo que hace grande a un superhéroe —o a un antihéroe— no son los efectos ni los universos compartidos: es la historia que cuenta, y cómo logra que nos importe.


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