El colosal cuello del valle 

El colosal cuello del valle

Episodio I: Ignorancia

En un extenso valle, donde el verdor llega hasta donde se extiende la vista, iluminado por la luna llena, un hombre corre raudamente como si escapara de algo. Sus pies descalzos parecen elevarse sobre sobre las delgadas hojas del pasto, casi como si levitara. Cruza un rio bastante ancho de un solo salto y sigue su camino manteniendo tan asombrosa velocidad. Se queda sin camino, pues en frente de él se halla la montaña mas alta y empinada del valle, no es la única, hay varias, pero esta en especial tiene una forma muy peculiar. Mira hacia atrás, como esperando que algo llegue a buscarlo, sonríe y confiando salta sobre la pared casi vertical y comienzo a trepar sosteniéndose de pequeñas rocas que parecen que se han puesto ahí apropósito, con anterior premeditación. Trepa siguiendo un camino detallado y escala con tanta soltura que parece que es algo de todos los días para él. El hombre se pierde entre las ramas exuberantes de follaje, debajo de él, a varios metros del suelo, emergen de la oscuridad tres velociraptores, los cuales intentaban darle caza. Dos se dan vuelta y retroceden lentamente, yéndose por el camino que vinieron, uno de ellos se queda con la cabeza erguida, mirando hacia arriba.

La montaña se alza por encima de las nubes, es un pedrusco de talla colosal que se extiende por metros y metros sobre el nivel del mar, su base es perfectamente vertical, esto la hace extremadamente difícil de trepar para casi cualquier especie en este mundo. La cima, a diferencia de las otras montañas, no esta coronada con un pico puntiagudo, sino, que arriba de todo, en donde debía estar ese pico había un enorme cráter. No se sabe cómo se formó este extraño accidente geográfico, pero era lo suficientemente grande para albergar en su interior a una pequeña aldea, que supo construir su hogar allí y vivir alejado de los terribles peligros del suelo: los dinosaurios. En este lugar viven varias familias, con sus pequeñas chozas hechas de madera, sus cultivos y diferentes construcciones que han hecho que su vida sea prospera y larga. El hombre emergió de entre los arbustos, se limpió parte de la sangre de la frente y camino hacia una de esas estructuras construidas de forma artesanal. Abre lentamente la puerta y entra en su interior.

—¡Papá! ¡Papá! Llegaste —El niño corre hacia el hombre, lo abraza y este le devuelve el gesto con el mismo cariño—. Estaba preocupado, pasaron varios días.

El hombre lo aleja con sus dos brazos robustos y musculosos.

—Lo se hijo, tuve unas complicaciones allá abajo —Dijo mientras se acerca a una silla y toma asiento.

El hijo se quedo mirándolo mientras su padre agarraba un vaso que ya estaba en la mesa y comenzaba a beber su contenido.

—No te quedes ahí parado, veni sentate —El hombre agarra una silla y se la ofrece para tomar asiento.

El niño se acerca tímidamente, toma asiento y se queda mirando a su padre.

—Se que tenes preguntas, a tu edad es totalmente natural —Le da un gran trago al vaso que tiene en sus manos—. Pero creo que ya tenes la edad suficiente ¡Pregunta! ¡Pregunta!

—Tenes sangre en la frente Pa —Dijo mientras se señalaba su propia frente—. ¿Qué hay allí abajo? ¿Por qué no puedo bajar?

El padre se toca la frente, se mira los dedos y los ve teñidos de sangre.

—Bueno hijo, creo que es hora de que te enteres de todo.

El hombre se para, agarra una mochila que yacía tendida en el suelo a su lado y del interior de esta saca un gran libro, con una tapa de cuero muy cuidada, con el siguiente título: “Historia del mundo: Los Dinosaurios”.

—Acá está escrito todo lo que tenes que saber. —Dijo el hombre, mientras le extendía el pesado libro a su hijo—. Aquí esta la historia de nuestra gente.

El niño completamente emocionado le arrebato de las manos el libro a su padre.

—¿Puedo ir al leerlo Pa? —Dijo el niño con los ojos llenos de brillo.

—Si hijo, no hay ningún problema, solo no te duermas tarde —Le acaricia la cabeza en gesto tierno.

Episodio II: Descubrimiento

Sentado sobre su cama, rodeado de nada más que oscuridad y alumbrado únicamente por la luz de una tenue vela que tiene a su lado, el niño se dispone a abrir el pesado libro:

“Esta historia se remonta a los días en que nuestra pequeña aldea no existía y nos veíamos obligados a vagar de lugar en lugar, resguardándonos de aquellas aterradoras cosas. Verán, allí abajo, en el valle, lejos de nuestros hogares, habitan unas extrañas criaturas de las que no tenemos una total compresión. Algunas son pequeñas y no suponen ningún peligro para nosotros, otras son de nuestro tamaño e incluso un poco más grande que nosotros. Sin embargo, hay otros seres que son colosales, miden metros y metros. Si quisieran podrían aplastarnos con solo la planta de sus pies y a algunos les gusta alimentarse de nosotros. A estos seres decidimos llamarlos dinosaurios, mucho antes de encontrar esta sagrada montaña y asentarnos aquí, nosotros vivíamos en el suelo, rodeado de estas criaturas, intentando sobrevivir día a día, vagando de aquí hacia ella. Este libro se creó con el objetivo de que nuestra historia no se olvide y funcione como glosario de estas tan impresionante como aterradoras criaturas, para que nuestra aldea siga aprendiendo de ellas y se pueda proteger en caso de necesitarlo.”

—¡No me la contes! —Dijo el niño con asombro—. Con razón no puedo bajar y papá se ausenta tanto cuando va.

El niño cambia de página.

—Wow hay bosquejos y todo —El niño se sumerge con mas ahincó en las hojas.

Nombre: Tiranosaurio Rex

Descripción: Gigante criatura de unos aproximados doce metros de altura, bípedo. Mandíbula poderosa y dientes enormes.

Alimentación: Carnívoro, se alimenta de otros dinosaurios.

Peligro: Máximo, no confrontar.

“Nombre: Triceratops.

Descripción: Grande y robusto, tiene unos ocho metros de largo y unos tres de alto aproximadamente, cuadrúpedo. Cabeza con tres cuernos.

Alimentación: Herbívoro, se alimenta de plantas bajas, como helechos y otra vegetación que se encontraba a nivel del suelo.

Peligro: Normal, son muy territoriales, evitar invadir su espacio.”

“Nombre: Velociraptor.

Descripción: Tamaño mediano, largo de dos metros, y metro y medio de alto, bípedo. Garras afiladas en forma de hoz, utilizadas para cazar. Van en grupo, inteligentes.

Alimentación: Carnívoro, se alimenta de pequeños dinosaurios, mamíferos, lagartos, aves e incluso insectos.

Peligro: Máximo, no confrontar”

“Nombre: Braquiosaurio.

Descripción: Gigante criatura con un cuello extremadamente largo, para alcanzar las hojas de los árboles. Miden unos treinta metros de largo y quince de alto, cuadrúpedo.

Alimentación: Herbívoro, se alimenta de hojas de árboles altos.

Peligro: Nulo, son dóciles. Precaución ante sus enormes patas.”

“Nombre: Quetzalcoatlus.

Descripción: Gigantes, envergadura aproximada de doce metros, altura de unos cuatro metros. Pico largo y sin dientes, cuadrúpedo.

Alimentación: Carnívoro, se alimenta peces y pequeños animales terrestres.

Peligro: Alto, territorial, no acercarse a sus nidos y/o crías.”

“Nombre: Estegosaurio.

Descripción: Criatura de hasta nueve metros de largo y cuatro de alto. Placas óseas verticales sobre su lomo y púas en su larga cola. Cabeza pequeña y cuerpo robusto, cuadrúpedo.

Alimentación: Herbívoro, se alimenta de vegetación de tierras bajas, como musgos y helechos.

Peligro: Nulo.”

Episodio III: Acercamiento

El niño salió corriendo como un rayo de su cama, se quedó parado a unos cuantos metros de la gran y pesada mesada principal de la casa, en la que ingerían todas las comidas del día, donde se encontraba su padre desayunando. Comenzó a acercarse lentamente dando pausados y pesados pasos, con sus dos brazos contraídos como si fueran muy cortos y mirando hacia todas las direcciones. Cada tanto emitía una especie de rugido.

—Jajajaja —El padre al verlo empezó a carcajear—. Excelente imitación de un Tiranosaurio Rex hijo.

El niño siguió haciendo su acto hasta que se acerco a su padre y fingió darle un mordico el cual se convirtió en abrazo.

—Buenos días Pa —Dijo el niño con una sonrisa tan grande como la de un dinosaurio—. Ese libro es increíble, tengo muchas preguntas.

—Está bien, sentate que te preparo algo para comer y me vas preguntando —El hombre se levanto y comenzó a prepararle algo a su hijo.

El niño se quedo inmóvil, con la mirada perdida pensando por donde comenzar, pues tenía muchas dudas que subsanar.

—¿Te cruzaste muchos T-Rex Pa?

—Claro hijo, por eso reconocí tu imitación —Dijo el hombre mientras cocinaba unos huevos revueltos.

—¿Son peligrosos? El libro decía que había que tener mucho cuidado­ y… —El niño hace un gesto de esconderse.

—Te diría que si hijo, afortunadamente siempre los vi de lejos, por lo que no me enfrente a uno —Paso los huevos revueltos a un plato.

—¿Son tan altos? ¿Puede hacer algunos tan altos como… —El niño trago saliva—. …nuestra montaña?

El hombre corto algo de fruta y la apoyo sobre el plato, se acerco a su hijo y le dejo la comida en frente de suyo.

—No hijo, no te preocupes. No hay tan altos, acá estamos seguros, por eso mismo nuestra gente construyo acá mismo —Le señala el plato—. Come, que se enfría.

El niño comenzó a comer enérgicamente, daba bocados fingiendo que su comida eran presas y él era un temible dinosaurio. Su padre lo miraba con una sonrisa en los la cara.

—Y Pa —Dijo el niño mientras masticaba y tragaba—. ¿Qué me decís del Braquiosaurio? El libro decía que tenían un cuello tan alto, con el que podía llegar a donde sea.

—Tampoco hijo, es cierto que su cuello es larguísimo, pero nada llega acá arriba.

—Y los voladores, como el Quetzalcoatlus ¿no podrían atacarnos?

—Es cierto que existen esa clase de dinosaurios, pero siéndote sincero nunca he visto uno por esta zona, ni nadie que yo conozco. Ni los sabios ancianos y ellos sí que están hace mucho tiempo acá.

El niño suspiro de alivio y siguió comiendo, su padre no hacía nada más que observarlo.

«Se parece tanto a mi cuando me enteré sobre estas fascinantes y temibles criaturas —reflexiono el hombre, mientras miraba como el niño se terminaba su comida—. A ver si le fascinan estos tanto como a mi»

El niño termino de comer, dejo el plato reluciente. El padre lo agarro y lo llevo hacia la mesada.

—¿Y qué opinas del Velociraptor? —Dijo mientras lavaba el plato.

El niño se paro y camino velozmente hacia su padre, parecía que algún tipo de demonio la había poseído, lo mira con una sonrisa enorme.

—¿En serio viste velociraptores? Contame todo ya

El padre dejo el plato limpio en su lugar y se agacho a la altura del niño.

—Si hijo, contra ellos me enfrento y lucho casi siempre que bajo. Muchos hay muerto a en sus garras…

—¿Las que tienen en…? —El niño se señala sus talones

—Exacto hijo, son muy peligrosos. Mira, la cosa es así…

Padre e hijo se quedaron por horas hablando de los velociraptores, criaturas que fascinaba a ambos, sin embargo, el pequeño niño no sabia que estaba por conocer una… de muy cerca.

Episodio IV: Encuentro

Era muy tarde en la noche, todos en la aldea dormían. No se escuchaba ni un ruido, solo el de la suave brisa del viento que revoleteaba por los arboles generando un lindo sonido que, según la gente que habitaba ese lugar, ayudaba conciliar el sueño de mejor forma. El baile de las hojas generado por el viento hacía que estas rozaran de una forma muy peculiar, lo que emitía un sonido relajante y reconfortante. Todos dormían, excepto el niño que seguía con la idea latente de conocer a un dinosaurio, a cualquiera, incrustada en su mente. Estaba en su cama dando vueltas de un lado para el otro, nada conseguía que se durmiera, ni siquiera concentrarse en el sonido de las hojas, cosa que hacia con regularidad y le funcionaba.

Cuando estaba por quedarse dormido comenzó a escuchar a lo lejos un sonido raro y fuera de lo común, algo que nunca había escuchado. Parecía que algo pesado caí, lo volvían a levantar y volvia a caer, pero cada vez mas cerca, era un sonido constante y que nunca variaba, parecía algo avanzando.

«¿Sera un dinosaurio enorme? —Pensó mientras permanecía acostada—. No, imposible, papá dijo que no había tan grandes como para llegar acá»

El niño se acomodó y siguió intentando dormir, los sonidos se escuchaban cada vez mas cerca y mas fuertes, trataba de ignorarlos, pero no podía.

—¿Y si papá se equivoca? —El niño se sentó sobre la cama y quedo con la mirada perdida en la oscuridad.

El sonido se volvía cada vez mas fuerte y mas cercano. Parecía que en cualquier momento la fuente de ese sonido tocaría la puerta de la casa. El niño salió de la cama, corriendo velozmente hacia la puerta. La abrió y recorrió toda la aldea en dirección hacia el sonido. Escalo el cráter hasta encontrarse en los mas alto y miro hacia el horizonte.

—¡Que carajos…! —El niño se quedó parada mirando hacia el horizonte, inmóvil, sin mover ni un solo musculo.

A lo lejos, iluminado por la luz de luna se veía una silueta, grande y alargada, que se acercaba a un paso lento, el sonido provenía de eso. El niño no sabía de qué se trataba, pero se quedo parado mirando y mirando. Pasaron segundos, minutos, horas, hasta que la criatura se acercó lo suficiente.

—Es un ¡Braquiosaurio! Y es colosal —El niño cayo de rodillas y se quedo mirando—. ¿Qué hago ahora?

La criatura seguía su paso, pasaron unos minutos mas y por fin la tenia a unos pocos metros. Era un Braquiosaurio enorme, media decenas y decenas de metros, el libro no los describía así. Su cuello se alzaba por varios metros sobre la montaña, era algo maravilloso de ver, lo aterraba un poco, pero estaba feliz. La criatura miro al niño, lo miro bastante por varios minutos, finalmente se inclina y acerca a él.

—¡Ayyy! —El niño grito y se apartó un poco hacia atrás.

La criatura se seguía acercando, lentamente, como diciéndole que no lo iba a lastimar.

«Espera, el libro decía que eran herbívoros —Se volvió a acercar y esta vez extendió el brazo, con la palma de la mano mirando hacia adelante—. No debería pasar nada»

El Braquiosaurio se acerco lentamente hacia la mano y apoyo su gran cabeza sobre la palma del niño. Ambos se quedaron en esa posición un largo rato, el niño estaba muy feliz, no podía creer lo que estaba viviendo. Hasta llego a sentir una conexión con la criatura. El colosal animal retiro su cabeza lentamente, la inclino aún más, y la apoyo sobre el suelo. Con la cabeza, ya apoyada en tierra, le hacía gestos al niño.

—¿Queres que me suba? —Dijo el niño con voz temblorosa.

El animal rugió tiernamente, el niño entendió que eso era un sí. Se acerco e intento escalar, detrás de él, de la oscuridad salió su padre, lo agarro y alejo de la criatura.

—¿Qué haces hijo? ¡Es peligroso! —Dijo mientras lo apartaba, llevaba una lanza en su mano y la estiro en dirección al dinosaurio.

—Pero papá no pas…

—Fuera criatura, fuera —Pincho al dinosaurio varias veces con su lanza.

La criatura levanto la cabeza, dio media vuelta y comenzó a alejarse.

—Pero papá, era mi amigo, estábamos conectados. Es herbívoro, no me iba a hacer nada

El hombre se quedo mirando como semejante criatura se alejaba lentamente del lugar, no podía creer lo que estaba viendo. El niño detrás de él le tironeaba del brazo mientras le repetía lo mismo una y otra vez. Una vez el gigante Branquiosaurio estuvo lo suficientemente lejos, el hombre se dio vuelta, se agacho y miro a los ojos al niño.

—Hijo, es muy peligroso esto que hiciste ¿viste el tamaño de esa cosa?

—Lo se Pa, pero no me hizo nada, se acercó lentamente y apoyo su cabeza sobre mi palma —Estiro la mano y le mostro su palma—. Deberías haberlo visto, fue…

—Hijo escúchame —Lo interrumpió abruptamente—. Nunca había visto uno tan gigante, no importa lo bueno que parezca, algo de ese tamaño podría acabar con nosotros. Tengo que alertar a la aldea.

El niño comenzó a llorar.

—No Pa, no les avises. Si les decís lo van a matar, por favor —Dijo el niño mientras se secaba las lágrimas de los ojos.

El padre se quedó mirándolo con cara de enojado, sin embargo, ver a su hijo así le ablando su corazón.

—Esta bien hijo, no diré nada. A menos que vuelva a acercarse tanto a la aldea, ahí no me queda más opción.

Episodio V: Confrontación

Pasaron días y semanas, el niño no volvió a ver al Braquiosaurio, cosa que lo entristeció profundamente. Cada noche, a la hora de ir a dormir esperaba escuchar nuevamente esos pesados pasos y reencontrarse con su amigo, claro está, sin que su padre se enterara ¿Cómo iba a hacerlo? No sabía, pero poco le importaba, él quería ver a su amigo.

La plaza de la aldea rebozaba de energía, era una bella tarde, estaba repleta de gente. Niños jugando, ancianos charlando y adultos metidos en sus tareas cotidianas: comerciando, construyendo nuevas instalaciones, entrenando a grupo de nuevos exploradores, etc. El niño se encontraba en lo mas alto del cráter, donde vio al colosal dinosaurio, estaba soñando despierto imaginando un nuevo encuentro, sin embargo, sabía que era imposible que ocurriera durante el día. Permaneció parado ahí durante horas, mirando al horizonte.

El sol comenzó a caer, el cielo empezaba a tornarse naranja y el niño podía ver como en el horizonte el astro se ocultaba. Dio media vuelta y comenzó a bajar hacia el interior del cráter.

—¡KRAAAAK!

—¡HISSSSS!

Rugidos fuertes se escucharon a la espalda del niño, al darse vuelta y mirar para arriba vio a un grupo de Quetzalcoatlus los cuales llevaban, agarrados con sus fuertes patas, a unos Velociraptores. El niño miro la escena horrorizado y salió corriendo en dirección a la aldea.

—¡Mierda! ¡Mierda! ¡Van a atacar la aldea! —Dijo el niño mientras corría lo más rápido que podía.

La gente seguía reunida en la plaza, sin saber que un inminente ataque se acercaba a ellos.

—¡Corran! ¡Nos atacan!

La gente se volteo en dirección de donde provenían los gritos, se quedaron inmóviles mirando hacia los árboles, pues no veían a nadie. De entre los arbustos salió el niño, agitado y transpirado.

—¡Dinosaurios! —Grito señalándole al cielo.

Un pequeño niño, incluso mas joven que él miro para arriba, al alzar la cabeza cayo un Velociraptor encima de él, el animal le arranco la cara de un bocado. El pánico invadió el ambiente, la gente empezó a correr por todos lados, presas del terror. Cinco Velociraptores más cayeron del cielo y empezaron a cazar. Mientras tantos los Quetzalcoatlus se dedican a bajar en punta, cogiendo la mayor velocidad posible y encertando a sus presas con sus afilados picos. La muerte había llegado a la aldea, el niño se encontraba de rodillas en el suelo, sin poder moverse y viendo como todos sus conocidos iban muriendo poco a poco. Un Velociraptor se paró en frente de él a tan solo unos metros, ambos se miraron a los ojos.

—¡HISSSSS! —Gruño la criatura

El dinosaurio salto en dirección al niño, él cerro lo ojos esperando el fin. Escucho un leve gruñido y al abrir los ojos vio como una lanza, llena de sangre, atravesaba el pecho del dinosaurio, el arma la sostenía su padre, había llegado a ayudarlo.

—¡Arriba hijo, tenemos que correr! —Le tendió la mano, el niño la agarro y se puso de pie.

Padre e hijo corrían hacia su hogar, esquivando a todas las criaturas hostiles que querían atacarlo. Llegaron a la puerta de la casa, el padre la abrió y empujo al niño a su interior.

—¡Quédate acá! ¡Tengo que ir a salvar a más personas! —Dijo mientras corría en dirección a la gente.

El niño yacio dentro de la casa, con la puerta abierta viendo lo que sucedía. El padre corrió en dirección a un anciano que estaba siendo atacado por un Quetzalcoatlus, él se abalanzó sobre la criatura lanza en punta, sin embargo, el ave lo esquivo y con su fuerte pico agarro la lanza y la partió en mil pedazos. El hombre se quedo parado observando a la criatura, atrás de él, en el suelo, estaba el anciano contemplando todo.

—¿Está bien señor? ¿Puede correr? —Dijo el hombre mientras habría sus brazos en gesto de protección.

—Si, si, gracias —Dijo el señor mientras se levantaba y corría lejos—. ¡Por favor, póngase a salvo usted también!

El hombre permaneció parado, sin apartar la vista de la criatura. El Quetzalcoatlus arremetió contra él, si no fuera por la gran destreza y velocidad del hombre que se aparto a ultimo momento, el pico le hubiera atravesado el pecho matándolo en el acto. El impacto dio, pero el afilado apéndice del animal le atravesó el hombro. El niño observaba todo esto de lejos, lo invadía la bronca por no poder hacer nada, no sabia como actuar. El ave emprendió vuelo, con su pico atravesando todavía al hombre, se empezó a elevar del suelo con dificultad, pero finalmente lo logro. Tenía toda la intensión de llevarse lejos a su presa. El niño salió corriendo de la casa y corrió justo hacia la dirección de su padre, llego justo debajo de él, quedo inmóvil mirando como el ave elevaba lentamente al hombre.

—¡Papáááááááááá! —Grito el niño desaforadamente.

Como si se tratara de un látigo, un enorme cuello emergió de la nada, impacto contra el Quetzalcoatlus y ambos, hombre y ave cayeron al suelo, separados por varios metros. Cuando el ave intento levantarse una enorme cabeza bajo del cielo aplastándolo y acabándolo en el momento.

—¡El Braquiosaurio! —Grito el niño mientras ayudaba a su padre a ponerse de pie—. ¡Por favor, ayúdanos!

El colosal animal se quedó mirándolos un largo rato, levanto su enorme cabeza y derribo a un Velociraptor que se acercaba velozmente a padre e hijo.

—¡Siiiiiii!

El niño gritaba de felicidad, viendo como su amigo los defendía.

—Hijo, tenias razón. Esta criatura es una bendición —Dijo el hombre mientras termina de recomponerse del golpe.

Su hombro le sangraba todavía, pero no perdía mucha sangre, por lo que no se debía preocupar. El Braquiosaurio peleaba contra un Quetzalcoatlus que esquivaba todos sus ataques, esta ave era ágil y no se dejaba golpear. Mientras tanto, en tierra, un Velociraptor apareció corriendo a gran velocidad y de un golpe tiro al suelo al niño dejándolo inconsciente.

Episodio VI: Reunión

El cielo se había tornado negro en su totalidad, la luna llena alumbraba todo y en su cama se encontraba acostado el niño.

—¡Papá! —Grito el niño incorporándose en su cama.

—Acá estoy hijo, tranquilo —Dijo el hombre, quien se encontraba sentado a su lado.

—¿Qué paso? ¿Están todos a salvo?

—Si, te podes quedar tranquilo. Pero antes necesito que veas algo.

El padre ayudo a levantarse de la cama a su hijo, le pidió que se subiera a su espalda y así lo saco afuera de la casa.

—Hijo ¿podes cerrar los ojos? Es una sorpresa.

El niño obedeció y cerró los ojos. Escuchaba los pasos de su padre avanzar y avanzar. Al igual que escuchaba el ruido emitido por los roces de las hojas, esa danza que ayudaba a dormir, en todo momento mantuvo lo ojos cerrados.

El padre siguió caminando por varios y varios metros, hasta en un momento el niño sintió que avanzaban verticalmente.

—Llegamos hijo, todavía no abras los ojos —Dijo mientras se quitaba al niño de su espalda y lo paraba a su lado

—¿Qué pasa Pa? —Dijo el niño que todavía permanecía con los ojos cerrados.

—Ya vas a ver.

El hombre agarro la mano de su hijo, le levanto el brazo irguiéndole totalmente hacia delante y le hizo poner su palma en la misma dirección. El niño sintió como algo gigante se posaba en su mano, sonrió.

—¿Puedo ahora? —Dijo con la voz algo entrecortada

—Si hijo.

Al abrir los ojos tenia la cabeza del colosal dinosaurio en frente de él, la pobre criatura había perdido un ojo en su batalla, pero se encontraba bien. Respiraba tranquilo y le transmitía paz.

—Tenías razón hijo.

El niño miro a su padre y nuevamente poso la mirada en el ojo sano del Braquiosaurio, quien lo miraba con ternura.

—¡HHHROOOAAAH! —El colosal cuello largo bramó gentilmente.

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