James Gunn libera a Superman Spoilers

Hace rato que las pelis de superhéroes dejaron de ser divertidas.

Desde que salió The Dark Knight de Christopher Nolan y revolucionó el género, quedamos atrapados en un loop eterno de héroes traumados, orígenes pesados y ciudades tan apagadas que parece que alguien bajó el brillo al mínimo. Todos los estudios intentaron copiar ese tono “oscuro y serio” pensando que así ganaban prestigio. Pero lo único que lograron fue convertir el género en una tarea, más que en un placer.

Y de repente aparece James Gunn —un “caótico bueno” con forma humana—y básicamente dice: ¿Y si volvemos a hacer que Superman sea divertido?

Y Superman (2025), te juro, se siente como una bocanada de aire fresco en un género que hace años viene conteniendo la respiración.

No se trata de reiniciar franquicias, ni de lanzar planes a diez años, ni de construir el próximo universo cinematográfico de mil millones de dólares. Se trata de hacer una película viva. Una que recuerde por qué nos enamoramos de Superman en primer lugar: no porque sea un dios entre humanos, sino porque es un buen tipo en medio del quilombo.

El Superman de Gunn no está roto, ni deprimido. Es… esperanzado. Luminoso. Un poco torpe. Se preocupa demasiado. Es ese tipo que todavía cree que el mundo se puede salvar, incluso cuando el mundo ya no cree en él. Y eso, hoy en día, lo vuelve revolucionario.

Ver Superman (2025) es como hojear una historieta gigante donde cada viñeta estalla con alegría, acción, color y corazón. Es una peli pochoclera en el mejor sentido posible: una que te recuerda que evadirte un rato no tiene por qué ser cínico ni tonto. Puede ser sincero. Puede ser genuino. Y sí, puede ser ridículamente entretenido.

Hay algo casi rebelde en lo bien que la pasás viendo esta película. En una época donde cada historia con capas tiene que venir cargada de traumas y 12 capas de simbolismo, Gunn nos regala un Superman que sonríe. Que hace chistes. Que salva gatitos, le pega a aliens, y usa un traje azul y rojo sin pedir disculpas por eso. Y en vez de sentirse infantil, se siente valiente.

Porque, seamos honestos: hoy más que nunca necesitamos eso. Algo que no tenga miedo de ser bueno.

¿La peli es perfecta? No. Tiene algunos baches de ritmo, y uno de los villanos no deja mucha huella. Pero no me importó. Porque, por primera vez en mucho tiempo, me emocioné con una película de superhéroes. No por lo que se viene, sino por lo que estaba pasando en ese momento.

No sé qué nos espera en el futuro del Universo DC. Y sinceramente, no me interesa tanto. Si este es el tono que está marcando Gunn—honesto, valiente, juguetón, esperanzador—entonces estoy adentro. No porque quiera diez más, sino porque esta una lo hizo bien.

Superman no necesita ser “edgy”. No necesita ser deconstruido. Solo necesita ser. Y James Gunn, finalmente, lo deja.

Lo libera.

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