MI NUEVO SUEÑO COMO CINEASTA: HACER CINE CRISTIANO DESDE 2026
Un reto muy grande es realizar tareas que en principio no nos gustan. A veces ver a ese familiar que no la vamos tan bien, hacer el oficio de la casa, hacer tareas, pagar cosas que son hartas…en fin…pero hay que hacerlas, como el trabajo sucio, una frase típica que aprendí de niño de las películas americanas de acción, y que cuánta verdad trae en sus palabras.
Recientemente me he esmerado por la formación como cineasta, me he dado cuenta que muchos géneros en Colombia ya no están resagados ni por la falta de apoyo al cine nacional, ni por la falta de recursos -ambos escasos en décadas anteriores- ni porque en la sociedad sea mal visto el cine como profesión -concepción que ha ido cambiando en los últimos veinticinco años con los premios internacionales obtenidos por muchos directores-.
Y he pensado en que el cine cristiano en Colombia, no tiene calidad porque al igual que en el resto de América -y eso incluye a Paco del Toro en México- prioriza el mensaje sobre la calidad de la obra. Y eso, en un escenario donde los festivales independientes están cada vez más fortalecidos y que entre ellos, se encuentra el de cine cristiano, que además es un escenario de expresión fílmica que permite que comunidades que quieren tener una mente y estilo contrahegemónicos se manifiesten.
Por esa razón, he decidido desde 2026 unirme con otros cineastas locales para hacer mi primera “ópera prima” de cine nacional para el Festival. Esté o no en la Patria -mi país tiene la capacidad única de elegir un liderazgo peor que el anterior-.
MI RELACIÓN COMPLEJA CON LA OBRA
Soy de raigambre política conservadora por decisión después ver los horrores que es la hipocresía y mutismo intelectual de la izquierda manualera colombiana desde mi paso hace 17 años por la educación pública universitaria. Pero la vida, “a coñazos” me enseñaría que en todo lado hay gente así.
Siempre he respetado al Opus Dei por su tradición intelectual, sus principios morales, su amor al estudio, la quietud y soledad, y en estos tiempos tan hiperfeminizados, donde ser hombre es casi un delito, y no falta porque sea un acto que merezca la peor de las eugenesias cuando el lavado cerebral de las nuevas “masculinidades” no alcance, ver un poco de hegemonía masculina en un entorno real y de frente sin que sea castigada, o que haga parte de una ficción sexualizada, a veces es un remanso de paz -y creanme que la segregación de la mujer no se compara al papel estático reproductivo y de ama de casa que le dan en culturas indígenas o en el cada vez más de moda Islam-.
Pero, desconocer las realidades de la crueldad, del aislamiento, del fanatismo, de las frustraciones y deseos caducos que llamamos “dios”. La película “Camino” -que fue bastante polémica en su tiempo, dado que es un historia real de una pareja de hermanas que está en proceso de canonización, como muchos laicos de la Obra-, por su crudeza y tocar tan fuerte un tema polémico, intocables, sobre todo en un país donde no solamente nació, sino que ha tenido la expansión de poder académico, político y religioso por todo Iberoamérica.
“Camino” hay que verla y sentirla




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