
Bitácora: Expedición al Monte Roraima 06 / 03 / 2001
— Un viaje a los más profundo del llamado pulmón del planeta tierra. Pensé que era buena idea para la investigación de mi tesis; la exploración de la Amazonas y el estudio de los crípticos de la zona, ya que muchos reportes alrededor del mundo han encontrado especímenes y muestras vivas de aquellas criaturas del pasado, “¿por qué yo no podría hacer lo mismo?”, me dije a mí mismo antes de embarcarme en esta travesía en búsqueda de ¿fama?, ¿o solo una excusa para salir del escritorio de mi casa, “tocar pasto"? Como dicen algunas personas. Pero la realidad es muy distinta a lo que puedes leer en libros o el internet; el olor a tierra húmeda junto al sonido de los zancudos ambienta la selva profunda en donde cada paso que doy con mis botas corro el peligro de hundirme o resbalar, alguien que ha vivido mayormente entre paredes de cemento y calles pavimentadas ¿cómo podría estar preparado para esto?
El trabajo de campo no es tan lindo como lo pintan algunos, aunque ya es tarde para retractarse; ahora solo me queda dar un paso firme y seguir adelante. Ya pronto llegaré a la zona donde vive la tribu y podré conocer a mis guías de la zona. La tribu está entre lo más profundo de la selva amazónica, no muy lejos del monte Roraima; se podría afirmar que están justo a los pies de aquella monumental estructura geo-local que guarda miles de misterios. Trataré sacárselos a los aborígenes. Mi único impedimento es el idioma que no comprendo o hablo, por lo cual tuve que contratar un traductor o, mejor dicho, mi salvación. Se llama Carlos; tiene gran carisma y labia para relacionarse con las personas, además de ser mi llave para entenderlos y obtener la información que busco, también será mi vocero entre estas personas.
—Mañana será el día de nuestra llegada, así que aprovecharé de dormir por última vez en algo que puedo llamar una cama de verdad; al menos este péndulo me recuerda a mi hogar y por qué estoy aquí…
Bitácora: Expedición al Monte Roraima 07 / 03 / 2001
— El alba fue la señal de nuestra llegada a esta tierra húmeda y desconcertante como los misterios que la rodean siendo nuestro objetivo primordial, escudriñarlos y desenterrarlos.
— A minutos de nuestra llegada ya estábamos rodeados por los aborígenes quienes nos recibieron con dudas y cautela como los desconocidos ajenos a sus tierras que éramos, era entendible su actitud ante nosotros, mayormente conmigo. Ya Carlos con la gracia de sus palabras rompería aquel silencio o tensión palpable para cada uno de los habitantes de nosotros, siendo sus palabras tan afiladas cual las lanzas de los cazadores y tan cálidas como el sol, capaz de cortar las barreras más gélidas. Aun así, podía escuchar el cuchicheo de los jóvenes o mujeres que nos veían a los lejos, parecían observar mi cámara y mochila llena de equipos, llamativa a la vista, sobre todo para los niños de la tribu, lo que me llevó a pensar en una cosa "¿no conocen lo que son las pertenencias personales?". Tenía un sentimiento como cuando caminaba por las calles oscuras de mi ciudad a altas horas de la noche, una alerta constante de que en cualquier momento mis pertenencias podían dejar de ser mías, ahora ese sentimiento fue invitado gracias a unos niños curiosos que no respetan mi espacio. Carlos podía jugar con ellos con tranquilidad, pero yo temía por mis equipos, no habían sido precisamente “baratos” …
— En aquella mesa de madera improvisada que no eran más que unos trozos de madera, nos sentamos alrededor de ésta, formando un círculo. Éramos Carlos y yo frente al líder la tribu junto a sus cazadores más experimentados según las propias palabras de él mismo, así que, impulsado por mi curiosidad y cierta emoción de tenerlos ya en frente de mí, le dije a Carlos para preguntarles qué sabían sobre las tres bestias del monte Roraima. Pregunta ya hecha por ambos con anterioridad como el propósito de nuestra expedición para explorar lo que ellos llaman hogar, aun así, se miraron entre ellos expresándose a través de muecas, gestos sutiles y murmullos que a Carlos les costaba comprender. Pasaron un par de minutos así los aborígenes mientras yo me encontraba en mi lucha contra los zancudos, pese a llevar pantalones largos. Carlos me daría un pequeño golpe en el hombro con gentileza para voltear mi mirada hacia ellos. Parecían haber tomado una decisión, por lo que nos quedamos callados observando sus rostros, embobados con expectativa, cayendo el sudor por nuestros rostros mientras agitaba el cuello de mi camisa al sentir el calor y el ruido de los zancudos se intensificaban, las pausas ellos realizadas por ellos eran demasiado dramáticas para mí, por lo que fue un alivio escuchar la primera palabra de ellos, sin siquiera poder entenderla, así que espere a Carlos empezar a traducir, escuchando la extensa historia y encuentros que han tenido los aborígenes con las susodichas bestias. Luego de la conversación con el líder y sus hombres de confianza, mi libreta quedó llena de información, desta ahora le redactare para tener solo lo más importante, aunque no sea una versión muy pulida me sirve de referencia para mí trabajo.
• Washoriwe: Criatura voladora, piel de lagarto con un pico, hileras de dientes tipo aguja, poseyendo también una cresta sobre su cabeza y alas con una envergadura de 5 metros, según descripciones dadas por los habitantes, siendo una bestia diurna que sale en días soleados para sobrevolar la selva en búsqueda de presas en ríos o llanuras donde tenga campo de visión para atrapar a sus presas, dicen que este hace el sonido de una gran flecha cuando cae en picada como un halcón, respectivamente, pero lo más increíble es su resistencia, aseguran que esta bestia ha sobrevivido a recibir un disparo de flecha en el pecho, se le incrustó, e incluso así pudo levantarse y escapar ágilmente por los aires. Por ello se ha ganado el apodo de "Demonio Inmortal". Aunque analizando puedo llegar a la conclusión que es un reptil volador o pterosaurio, lo que en conjunto con la información de su sistema dental nos lleva a su dieta piscivora, eso explica por qué suele rondar ríos o por qué atacó a un pescador según las historias de la tribu. Nos podría seguir para construir trampas para observarlo.

• Suwa: Un ser titánico, cuesta creer que se pueda esconder a la vista de la humanidad en el Amazonas, siendo un ser que se eleva por los mismos árboles con un cuello similar al de una serpiente, siendo bastante robusto, pero con una cola igual de larga, usada para atacar. Dicen que produce un estruendo como si fuera un trueno cada vez que es batida, recordándome el efecto creado por los látigos, esto habla de la fuerza la criatura. Mencionan más de una vez ser bastante territorial, tener cuidado no puede quedar simplemente de accesorio ante semejante. También es importante resaltar que es herbívoro, dicho dato me lleva a comparar su comportamiento con los de un hipopótamo moderno, bastante curioso al describirse como similar a un Sauropodo, o en otras palabras un herbívoro monumental de cuello largo como el Argentinosaurio que vivió en este mismo continente.

• Stoa : Cara de sapo, cuernos prominentes, dientes y cuerpo de cocodrilo. Bípedo (va sobre dos patas), es ciertamente desconcertante a la primera, más al tener las medidas aproximadas de su tamaño, 6-7 metros aproximadamente, ¿qué tipo de criatura podría ser? En mi mente no daba forma y por la descripción podrían ser mil y un cosas. Finalmente al dibujarlo en la libreta parte por parte pude visualizar algo, entre mis libros que había traído conmigo busqué dando con la respuesta, era similar a un dinosaurio del mismo continente sudamericano, y sí, me refiero a "Carnotaurus sastrei", por lo que puedo afirmar sobre tener variedad para mí investigación en cuanto a las criaturas que habitan esta zona, pero lidiar con un carnívoro de esas proporciones es de temer. No solo es del tamaño de un cocodrilo de agua salada, al mismo modo, tiene patas largas en relatos de los lugareños puede correr más rápido que una persona nativa, “¿qué quedaría de mi sí algo de esas proporciones me persiguiera para comerme?” Posiblemente me moriría de un infarto o me ahogaría con mi propia saliva al no poder regular mi respiración al correr. Solo puedo rezar para que Carlos me ayude en esa situación, ya que ni de los cazadores podemos fiarnos, las flechas no atraviesan su piel, o si hiciesen daño sería mínimo para la bestia, ojalá tener algún arma de fuego en estos momentos.

— Ya con la información anotada, luego de hablar con el líder de la tribu mañana partiremos junto a un grupo de sus hombres más confiables para salir en búsqueda de las criaturas, murmullan de mala fama que será una misión suicida, pero la vuelta atrás es cuestión de ayer. Mañana será el día en que atraviese a la boca del lobo, mis palabras se reducen a darle gracias a Carlos por acompañarme a este lugar y tratar de pasar la noche. Tengo como labor dormir un poco para no ser solo un costal de huesos mañana, más mi "nemesis" los mosquitos no la ponen fácil.
Bitácora: Expedición al Monte Roraima 08 / 03 / 2001
— Despertaría con gran pesar y pereza de la cama hecha de hojas la cual no me dejó dormir o recuperar mis energías con totalidad, a un punto donde Carlos vino a moverme como un muñeco de trapo para despertarme, lamentablemente la gracia no la disfruté, dado a que pocas horas del amanecer había logrado conciliar un sueño profundo, desafortunadamente fue lo poco que duró. No podía pasar más en la "cama", y tampoco quisiera convertirme en un tronco sobre las hojas. Una vez en el borde del río junto a las Yurubas o en palabras entendibles por otras personas además de Carlos, son canoas o pequeñas embarcaciones para el transporte y la pesca de la tribu, aunque de ser sincero temo que estos trozos de madera no soporten al Suwa arremetiendo contra nosotros, pero pese a todo me veían ahí a punto de subirme a las pequeñas embarcaciones, como acto de valentía cargado de temor. Teniendo el péndulo que siempre cargo alrededor de mi cuello tomado entre mis manos, apretando el cristal de rojo intenso que llevaba este mismo. El rojo de ese cristal no cargaba tanto carmesí como hasta ahora, esa percepción sabía que era de mal augurio. El tenerlo así; ¿era una forma de tranquilizarme o de cierta forma pidiendo ayuda a algún dios inexistente? Nunca lo sabré y por qué Carlos pondría su mano en mi hombro diciendo que me mantuviera tranquilo, por algo él estaba ahí presente. Realmente me sentí aliviado por aquellas palabras. Sin darme cuenta ya estábamos en el agua, surcando el rio siguiendo la corriente, yendo en camino hacia el monte Roraima con los ánimos en alto y gran tensión por encontrarnos con aquellas criaturas que despertaban aquel sentimiento explorador que estaba dentro de mí, el cual desde hace tiempo lo daba por muerto, pero este lugar de alguna u otra manera con su fervor de ser inhóspito, me llama con más fuerza entre más me sumerjo en esta densa selva, casi como si quisiese reclamarme.
— Habíamos descendido durante alrededor de una media hora por aquel río siendo más tranquilo de lo que esperaba, esa tranquilidad inicial solo me inquietaba mantenía alerta sobre si algo pudiese pasar en cualquier momento. Después de unos minutos de no poder con aquella sensación empecé a dibujar tratando de relajar la tensión reflejada en mis manos, temblaban ligeramente haciendo que mi trazo se volviera más irregular que de costumbre, incluso todo leve bamboleo de la canoa me generaba una sensación de náuseas que también trataba de calmar al dibujar y fijarme en otras cosas, por ejemplo, como los cazadores y habitantes de estas tierras trabajan en sus puntas de flechas y lanzas con tal cuidado, parecían cirujanos sin bata. Era intrigante ver el dominio que tenían sobre aquellas técnicas. Era así la expectativa que con el paso del tiempo Carlos se les unió tallando una punta de lanza de madera con la que posteriormente apuntaría hacia el monte Roraima cada vez más próximo a nosotros. El acto de Carlos hizo hablar a uno de nuestros guías los cuales le advirtieron bajar la lanza para proceder a explicar que una de las tres bestias formaba sus nidos en las cuevas de las paredes del monte Roraima aprovechando su altura y ese era el Washoriwe. Sería consecuente e inmediato luego de dar por dicho el nombre, el sonido atraería una sombra por encima de nosotros, una silueta alada surcaba el cielo a tal velocidad que el aire se rompa, tal cual una flecha atravesando el aire después de ser disparada.

— Era una vista increíble, por fin teníamos ante nuestros ojos una de las bestias la cual volaba en grupo sobre el río, siendo alrededor de unos 9 individuos, su tamaño correspondía al relato. Más grande que cualquiera ave voladora actual; con aquella piel escamosa tan resistente y sus picos que permitían sumergirse en el rio para atrapar peces que estuvieran cerca de la superficie, siendo una herramienta eficiente de cacería, un espectáculo sin igual, el poner aquellas criaturas en frente de nosotros, era totalmente surrealista, similar a si viese un dragón ante mí. Maravillaba al pensar como aquellas criaturas podrían volar con dicho tamaño, por lo tanto, sin perder más tiempo saque mi cámara destinada a registrar mi expedición, siendo mi ojos y pruebas para la ciencia de este grandioso espectáculo de la naturaleza.

— Mi fantasía duraría poco al sentir un fuerte golpe en la canoa. Se inclinó a la dirección contraria de yo estar sentado por lo que levanté mi mirada rápidamente hacia esa dirección observando un Washoriwe se había posado sobre uno de los extremos de la pequeña embarcación de madera extendiendo lentamente sus alas formando una sombra que nos cubriría completamente, sintiéndome como un animalito de presa ante aquella criatura la cual empezaría a imitar un chirrido infernal que me ensordecería, a la vez que nos haría perder el equilibrio al batir sus alas con fuerza tambaleando más la barca y agitando el agua de nuestro alrededor. En ese instante solo podía sentir miedo. Antes de cualquier reacción por parte mía uno de los cazadores tomo una de las lanzas de madera para tratar de apuñalar a la bestia, pero esta misma de un barrido de su ala lo derribaría, cayendo el cazador al agua. Sin afán de solo le bastarle con aterrorizarnos, también nos saquearía al tomar entre su pico alguno de los peces que habían pescado, para así emprender vuelo generando corrientes de aire, casi volcando el barco como al cazador, pero gracias a maniobras con los remos logramos mantener el equilibrio evitando caer, lo que nos dio la oportunidad de ayudar al integrante que se había caído al agua.
— Pasado los minutos nos habíamos recompuesto, Carlos habiendo sacado una toalla de su mochila para dársela a quien se había caído al agua. Ciertamente Carlos es bastante atento con los demás, puede que él también tenga miedo, pero aún así, prioriza a los demás por delante de sí, mientras tanto yo, solo estoy sentado a un lado jugando con el cristal de mi péndulo mientras doy miradas sueltas al cielo observando que no se nos acerquen nuevamente. Por ahora lo único que podíamos hacer era seguir nuestro camino por el río aprovechando la luz del día, cuando se acabe sería momento de parar a un lado el Río y prepararnos para pasar la noche con incertidumbre de lo que podría pasar el día de mañana o siquiera llegaremos a estar vivos para observar un nuevo amanecer, simplemente no tenía la confianza de adivinar. Por eso no me quedó de otra que ir a dormir con bastante inquietud ante mi futuro en esta selva.
Bitácora: Expedición al Monte Roraima 09 / 03 / 2001
— Esa misma noche estaba siendo consumido por el calor y la humedad de la selva Amazónica. Tuve un sueño algo extraño, sobrevolaba por el cielo recorriendo la selva y el río hasta llegar a un tramo donde se encontraban unas embarcaciones. No pude controlar mis movimientos y descendí hasta posarme sobre la canoa, observando una imagen que me dejó perplejo, me estaba mirando a mí mismo cruzando miradas uno con otro, como si me viese un tercero usando mi cara. Esto me hizo despertar de golpe con la respiración agitada y el cuerpo bañado de sudor, incluso mis sentidos estaban fuera de sí. Me sentía en pánico hasta que fui despertado por Carlos quien me vio despertar de golpe, así ayudándome a calmarme notando como todos estaban tensos o temerosos sobre lo que me hizo reaccionar viendo hacia todas las direcciones de manera rápida. Mi mirada no dejaba de ver el entorno ininterrumpidamente, casi errático, aunque solo lograba ver la oscuridad que consumía todo a unos metros de donde estábamos, solo bañados por la luz de linternas y una hoguera que nos protegía. No pude evitar preguntarle a Carlos el acontecer, a lo cual el me respondió “escucharon pisadas”, pero no de cualquier animal del Amazonas, decían que podía ser el Stoa por el sonido y tamaño de las pisadas encontradas alrededor del campamento provisional, cada detalle nuevo con la situación de mi intranquilidad. Un lagarto gigante rondando nuestro campamento no sonaba bien, pero el destino o mejor dicho, El Amazonas nos tenías planes aún mayores para nosotros que solo pudimos escuchar como la madera se retorcía o las agua del río empezaban a tornarse inquietas, apartándose poco a poco para dejar ver una figura; parecía un gran tronco flotante que no tardaría en elevarse hasta la altura de los árboles, dejándonos atónitos con aquel titánico ser, listo para plantarse ante nosotros. El Suwa.

— En ese instante no era el único con miedo en su rostro o con sus piernas temblando, el ver a los aborígenes en su propia casa tan asustados me hizo ver la gravedad de la situación, por lo que rápidamente buscamos ocultarnos entre el bosque para evitar ser vistos por el coloso, el azul extendió su largo cuello para ver al cielo soltando un fuerte rugido haciendo temblar hasta nuestros huesos. Una señal de advertencia para las demás amenazas o esa es la conclusión recién sacada teniendo en cuenta posible presencia del Stoa en las cercanías de la zona. Básicamente en ese momento teníamos la espada contra la pared; con el Suwa rondando el río a la vez que el Stoa nos bloqueaba desde el bosque. Ambas criaturas parecían estar alerta una por la otra, pero..."¿El Stoa arriesgaría tanto para cazar a algo de semejante tamaño?", fue un pensamiento breve en aquel instante, recordando la relación de los leones con los elefantes, ¿o acaso las criaturas del pasado no eran tan distintas a los animales del presente?, cuál fuera la respuesta la descubriríamos nosotros mismos. Carlos descubrió algo, estando cerca de mi dio unos leves toques en el hombro para luego apuntar hacia el Suwa, notando que detrás de este sumergidos bajo el agua parecían estar las crías de la misma criatura, aclarando su notable actitud tan protectora y territorial, aún más sabiendo que había la presencia de un depredador en la zona. Realmente no eran tan diferentes de los animales, solo actúan por supervivencia, alimentar o proteger sus crías forma parte de ello, asegurar el futuro de la especie como cualquier otro ser del mundo. Solo que el miedo a lo desconocido nos puede llevar a observar a los animales como monstruos ajenos a nosotros.
— Había quedado asombrado al presenciar al Suwa y sus crías, seres enormes, más largos que un autobús e incluso más alto que los mismos árboles del Amazonas, con una piel gris oscuro, les ayudaba a camuflajear su cuerpo en su ambiente contando con adaptaciones, entre patas robustas como de elefante y una larga cola que funciona como contrapeso para su largo cuello, aunque por declaraciones de nuestros guías declaran posibles ataques de ella, dándole categoría de arma a dicha cola, una arma devastadora. Quisiera estar más cerca de aquellos seres para estudiarlos, eso quería en ese momento, más yo sabía que eso atentaba contra mí mismo, y pensaba capaz a la naturaleza de cumplir mi capricho.

— Sin siquiera dejar tiempo a reaccionar, Carlos me empujó con gran fuerza sacándome de mi fantasía mental de observar aquellos animales, para posteriormente gritarme que corra con todas mis fuerzas junto a los demás, los cuales se alertaron por el grito de Carlos, resonó por todo el bosque, pero rápidamente fue silenciado por unas feroces pisadas que tal como un rayo llegaron en un instante junto a Carlos quien encontraría desafortunadamente su final. Moriría entre las fauces del Stoa, un ser acorazado de alrededor de tres metros de altura, que viéndolo desde la altura del suelo parecía aún más imponente y atemorizante.

— El hecho de ver caer la sangre de Carlos ante mí, dejó un shock al punto de que mi cuerpo no respondía, aunque quisiera correr o gritar en el momento, solo pude mantenerme quieto y observar como el Stoa empezaba a ser atacado por lanzas y flechas que rebotaban en su piel escamosa como si no fuesen nada para él. Aquellas herramientas básicas solo llegaban a ser una leve molestia, por lo que este se retiraría con serenidad con el cuerpo de Carlos en sus fauces dejando un rastro de sangre mientras yo era auxiliado por nuestros guías, quienes me cargaron y llevaron al barco sin perder tiempo para volver al pueblo.
— Después de la larga travesía por el Amazonas había vuelto al pueblo donde inicio mi aventura ya siendo de día. Estando yo entre una mezcla de tristeza y culpa con lo sucedido con mi traductor Carlos, todo lo que había vivido hasta ese momento había sido surrealista... pero nada me habría preparado para esta despedida, al voltear hacia un lado solo escucharía un susurro tan leve como el sonido de un riachuelo a la lejanía notando que Carlos ya no estaba, pregunté naturalmente por él y solo recibí un silencio como respuesta a mi pregunta, Carlos... Carlos ya no estaba y aun así, podía escucharlo alrededor. Su voz se volvía más difusa con cada murmullo de su ausencia, siendo un silencio frío y solitario, mi compañero tan fiel como corcel de Don Quijote "¿realmente había existido?" Exclamé entre dudas hacia los habitantes sin éxito, no entendía sus palabras o susurros, solo sus señas las cuales marcaban el cielo, por lo que levanté mi mirada hacia el sol intenso del medio día tapando la luz con mi mano con la esperanza de ver algo más allá en búsqueda de respuesta a mis ahora interminables dudas.
FIN
Espero les haya gustado está historia basada en la historia de criptidos de la región del Monte Roraima que fue una de las inspiraciones para el “Mundo perdido”,si llegaron haya aquí solo me queda darles las gracias por su atención y paciencia en esta lectura de un escritor novato. Estaré leyendo consejos para mejorar en la escritura,todo es bienvenido.//



¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.