Este artículo empieza nuevamente con el agradecimiento para Peliplat, por la consideración y la confianza. Gracias a este gran equipo he podido ver muy buenas películas del cine argentino, y he descubierto a grandes actores y directores del mismo. Hoy hablamos de una entrega reciente de esta industria: 'Los Días con Ella'. Vamos allá.
Esta es una película que, en parte es documental también, que narra las vivencias de una madre reclusa, Alejandra, y su hija, Aithana, esta última nacida en la cárcel, en el tiempo previo a ser separadas. De acuerdo a la legislación argentina (y muchas otras a nivel mundial), Aithana puede permanecer con su madre hasta que cumpla cuatro años, y en ese momento serán separadas. Su hija pasará a familiares o un hogar de acogida, dependiendo de la situación.

Y en el contexto es que encontramos el origen del título de la película: 'Los Días con Ella' trata de dos perspectivas, la de la madre, Alejandra, y la de la hija, Aithana. Desde el punto de vista de Alejandra, es cuestión de aprovechar cada momento con su hija, antes de su cuarto cumpleaños. Desde el punto de vista de Aithana, es todo lo que conoce desde que nació, el mismo entorno, la misma gente, las mismas cosas.
Volviendo al filme, este se presenta como inmersivo, ya que te traslada a la realidad del Pabellón de Madres de la Cárcel de Mujeres de Ezeiza. Percibes y comprendes la dinámica del día a día, recorres el mismo camino que ellas, el de lo inevitable, que bien queda plasmado en lo cercano, lo que se vive a diario, y en lo lejano, en lo que se sabe que va a pasar y todavía no llega.

A medida que vamos avanzando, conocemos más a nuestras protagonistas, pero también a las co-protagonistas. Distintas mujeres en condiciones similares: Cometieron un delito estando embarazadas, iniciaron sus condenas, dieron a luz en la cárcel y ahora están criando a sus hijos, en sus primeros cuatro años de vida, dentro de un pabellón. Acá vemos de primera mano el amor entre madre e hija, los hábitos de la relación.
También vemos otras situaciones, como las tareas diarias de cada una, a qué se dedican, la relación entre las reclusas y los funcionarios de la cárcel, algunas incluso nos hablan de su pasado, de qué hacían antes de cometer el delito por el cual están cumpliendo una condena. Asimismo, existe una relación cercana con la fe religiosa.
Y claro, estas mujeres buscan arrepentirse de las acciones delictivas que cometieron, buscan la redención, buscan el perdón. Si aún no lo tienen del sistema judicial, pueden empezar con el perdón de parte de Dios. Es un buen momento de la película, sin embargo, cuando llega el sacerdote, su charla y la comunión que le sigue.

A todas estas, tenemos que hablar de cómo la película logra llevar al espectador al sitio, al lugar donde se desarrollan los hechos, a los mismos hechos, a las protagonistas, a sus cuestiones personales, a sus hijos (los de las que tienen hijos). Y estos son un conjunto importante de elementos que hacen destacar la dirección del filme.
Porque no es solo una película, también es documental, pero no es el documental convencional con entrevistas, dramatizaciones y una edición que salta de un momento a otro. Este es un documental personal, no hay nadie haciendo preguntas, no hay narración, son las reclusas hablando de ellas, de sus situaciones, del inevitable momento en que serán separadas de sus hijos.

Asimismo, es importante resaltar el trabajo de cámara de este filme. Hay tomas estáticas, pero la cámara siempre está donde debe estar. Se mantiene cerca y se mantiene lejos, cuando debe. Eso nos da la sensación de estar ahí, a veces junto a las protagonistas, a veces viéndolas a lo lejos, pero compartiendo la realidad del pabellón.
Mediante esta gran dirección, es que Matías Scarvaci nos plantea una película-documental fuerte, triste, nostálgica de lo que aún no llega, desde cerca y desde lejos, pero sintiéndose en el lugar. Todo esto gracias a los testimonios de las protagonistas y los planos de sus rutinas. Por esto se lleva un suficiente 7/10.





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