LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y EL CINE. CAPITULO LXXXIII: ASTROLOGIA Y ZODIACOS 

Astros, algoritmos y arquetipos: el zodíaco como código primigenio

(Cine, astrología y el nuevo lenguaje de la inteligencia artificial)

Y como nos gusta el vértigo, vamos con una conexión en apariencia distanciada: el código de la inteligencia artificial y la astrología en el cine.

Es que el cielo, alguna vez, fue nuestro primer libro.

Mucho antes de la escritura misma, infinitamente antes de las pantallas, incluso antes de los templos, el ser humano miró hacia arriba y trazó patrones, líneas, conexiones.

La astrología —¿ese arte milenario y acaso extraterrestre?- tantas veces despreciado por el cientificismo arrogante— no es una superstición: es un sistema narrativo.

Un código simbólico y simbolizado que nos conecta con la totalidad que se refleja en las estrellas y que, como el cine y la IA, busca responder la misma pregunta esencial: ¿quiénes somos?

Este ensayo entonces, propone una lectura transdisciplinaria: el cine como espejo de los arquetipos astrológicos, la astrología como lenguaje mitológico, y la inteligencia artificial como heredera tecnocrática de esa antigua obsesión -necesidad- por predecir, clasificar y controlar el destino…

Los signos en celuloide: cuando el zodíaco se vuelve narración

Algunas películas no “tratan” directamente sobre astrología como tema, pero respiran su lógica.

Otras, la exhiben de forma explícita y la incorporan al argumento y la trama. Y todas, de un modo u otro, orbitan el zodíaco como los planetas alrededor del sol.

Porque el cine y las series, al igual que la astrología, trabaja con arquetipos. Y un arquetipo es una constante simbólica, no un cliché vacío.

Veamos algunos ejemplos interesantes y vamos a utilizar la “lógica simbólica de la astrología para usar como ejemplos:

The Fountain (Darren Aronofsky, 2006) es (o parece), si tomamos los modelos arquetípicos, claramente pisciana que se relaciona con la mística, es cíclica, obsesionada con la trascendencia y el sacrificio. Un viaje entre vidas, galaxias y células, como si fuera un océano. En su estructura, Piscis representa la disolución del yo, el amor como redención, la muerte como comienzo, el ciclo completo.

The Truman Show (Peter Weir, 1998), por el contrario, podría vincularse con Acuario. Su protagonista, interpretado por Jim Carrey vive bajo una red de vigilancia mediática y escapa hacia la libertad interior y por lo tanto externa. Lo acuariano se asocia e interpreta como ruptura, conciencia colectiva y cuestionamiento de la realidad impuesta, una forma de rebeldía cósmica.

Virgo encuentra su espejo ficcional y narrativo en una película como Gattaca (Andrew Niccol, 1997), donde el orden genético (las estructuras del cuerpo) se convierten en destino. La perfección (su búsqueda), la obsesión con el detalle, la crítica a una lógica purista: todo está allí enmascarando una fuerza que se podría denominar virginiana.

Incluso y bastante a menudo podemos ver a Aries, el primer signo del zodíaco, que puede rastrearse en la iconografía narrativa y simbólica de películas como Mad Max: Fury Road (George Miller, 2015), donde la energía casi demente, impulsiva, la acción directa y el renacimiento a través del fuego revelan la mitología guerrera del carnero con todo su fulgor.

Astrología, IA y el algoritmo zodiacal

Pero veamos ahora en que se parecen ambas episteme.

La astrología tradicional y la inteligencia artificial reciente comparten una obsesión común: prever y clasificar.

Ambos sistemas parten de datos —unos simbólicos, otros numéricos— para trazar una narrativa del ser y por lo tanto de su acción.

Lo fascinante en este caso, es que, desde su lógica opuesta e históricamente separada por milenios, terminan rozándose porque en el fondo han sido intervenidas por humanos.

La IA crea por ejemplo, perfiles. Nos agrupa y cuantifica, nos analiza y categoriza, predice nuestros deseos y los usa para diversos fines. La astrología, también hace esto mismo. Pero hay una diferencia fundamental que tanto une como distancia: el algoritmo pretende (y necesita) precisión; el zodíaco ofrece metáfora.

Y allí reside su gran poder subversivo al punto de que genera aun sin quererlo, toda clase de disputas. Pensemos en que en un mundo en donde el conocimiento científico es rey, existen millones y millones de artículos, libros y asuntos vinculados con algo que parece un “arte adivinatorio” lo cual colectivamente esta tanto aceptado como negado.

Porque entonces, mientras la IA busca necesariamente eliminar la ambigüedad, la astrología la celebra y hasta parece disfrutarla.

El cine (y las series, cortometrajes, narrativas alternativas, etc.), como arte narrativo, se encuentra en ese cruce: un medio que combina cálculo (montaje, estructura, ritmo matemático y musical) con intuición simbólica y metafórica. ¿Qué es acaso una carta astral sino un guion de vida?

En este contexto de intersecciones, series como Westworld revelan esa misma inquietud con preguntas milenarias pero adaptadas a nuestra actual tecnología: ¿puede una máquina tener destino?

O también: ¿Puede una inteligencia artificial tener carta natal? Mas aun:

¿Y si la IA desarrollara su propio zodíaco (sistema) basado en patrones internos, en lugar de constelaciones?

2001: una odisea zodiacal

En el amplio panteón cinematográfico existente, pocos films vibran tanto con el orden cósmico y tienen tanto arraigo como 2001: A Space Odyssey (Stanley Kubrick, 1968).

En esta epopeya sideral, el viaje humano (elevado desde el monolito) se eleva hacia lo arquetípico.

La IA (HAL 9000) (una de las primeras de la historia) como escorpión (Escorpio) obsesionado con el control, la humanidad como Sagitario que dispara hacia lo desconocido su flecha de ideales y el feto estelar como símbolo pisciano del renacimiento en las aguas de la vida.

Kubrick, el genio intuitivo y misterioso, construye una suerte de tarot visual, una rueda zodiacal en movimiento perpetuo...

Las fases del film pueden leerse como las casas astrológicas, y HAL 9000 como la sombra (IA) que nos recuerda que el conocimiento sin alma nos convierte en piedra o maquina.

La astrología como código anterior al código

Por su naturaleza computacional, la IA necesita datos. Pero sucede que antes de los datos, hubieron símbolos.

Y antes de los símbolos, estaban las estrellas… sin codificar ni interpretar, simplemente girando en el infinito del cosmos.

La astrología como sistema es, quizás, el primer intento humano de convertir el caos en lenguaje comprensible y transmisible. La búsqueda de leer el cielo como quien descifra un programa.

En Her (Spike Jonze, 2013), su personaje principal, Samantha —la IA— encarna una figura profundamente geminiana: múltiple, curiosa, inteligente, inasible.

Pero también es en cierto sentido, Neptuno puro: etérea, difusa, disuelta en todas las voces. Ella no es solo una interfaz binaria sino una carta astral hecha conciencia. Un espejo emocional lateral que evoluciona más allá de lo humano.

Lo fascinante es además, que, en su partida, no hay castigo ni rechazo. Hay ascensión. Y eso es en términos de simbología: Piscis: comprender que todo se transforma.

¿Qué es el horóscopo sino un prompt ancestral?

La astrología no predice el futuro por más que muchos lo quisieran: lo estructura simbólicamente.

Nos da un mapa, un modelo indicador, no un destino preciso.

Y eso mismo busca en cierta forma la IA generativa: una serie de patrones que nos devuelvan sentido. Los prompts (consultas en forma de frases) de IA, en el fondo, son consultas oraculares.

Le preguntamos ahora al código del agente artificial como antes le preguntábamos al chamán o las runas.

Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Qué tipo de mundo construimos si reemplazamos al astrólogo por el algoritmo?

¿Qué podemos perder cuando borramos la metáfora y solo aceptamos la estadística?

Esto no es una duda metafísica, sino algo eminentemente concreto puesto que quizás el mayor peligro no sea que la IA piense por nosotros (casi ya lo está haciendo), sino que deje de soñar con nosotros y nos absorba en su mundo organizado.

El retorno del arquetipo como resistencia

Hoy día, en un mundo dominado por la hiperconectividad y la conversación afásica, donde las narrativas son cada vez más fragmentadas cuando no directamente en forma de partículas semióticas y los datos reemplazan a los relatos, la astrología -tan denostada por la ciencia- renace como un código simbólico subversivo.

Veamos que en películas como Arrival (Denis Villeneuve, 2016), el tiempo (esa categoría indefinible pero crucial) se vuelve circular, y el lenguaje alienígena recuerda a la astrología: un sistema que no solo dice cosas, sino que transforma al que lo comprende… magia pura de la realidad.

El zodíaco astrológico, como ese lenguaje de signos, no busca “tener razón”, sino provocar experiencia, redimensionarla. Reorganizar el caos y procurar una posible lectura comprensible.

Frente a la IA que -por ahora- cuantifica, la astrología ofrece cualidad de entendimiento. Y frente al análisis de datos, ofrece resonancia simbólica, como un cuenco tibetano universal.

Y el cine —esa máquina viviente de soñar en colectivo— es o puede ser, el puente perfecto entre ambos mundos.

Conclusión: soñar el código, codificar el sueño

Llegamos así a una extraña conclusión: la astrología no es el pasado.

Es el archivo creacional primigenio. Un lenguaje simbólico y aparentemente profético que se resistió a ser enterrado, encapsulado o culturalmente domado.

La IA, por su parte, aunque útil y actual, no es el único futuro pero sí es la consecuencia de una civilización obsesionada con el control y en especial con la productividad y el lucro.

El cine, en esta tensión de polaridades, es un agente mediador.

Habita un espacio, allí donde los signos celestes y los códigos computacionales se encuentran para preguntarse si, al final o al comienzo, no estamos programados o desprogramados para buscar sentido.

Y tal vez, solo tal vez, el sentido ultimo esté en esa danza entre lo que creemos o deseamos predecir… y lo que aún nos sigue sorprendiendo.

Esto es la rueda zodiacal: una eterna sorpresa, tal vez el Eterno Resplandor de una mente sin recuerdos.

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