
Los científicos un día empezaron a pensar: ¿cómo hacer para obtener obra de trabajo barata? Y qué mejor idea que robots, máquinas que harían cada uno los trabajos humanos que no queremos hacer. Pasan los años y los robots han estado trabajando, ya sea como obreros, de limpieza, de cualquier cosa que requiera esfuerzo físico o simplemente haciendo mandados.
Pero se dañan, requieren reparación, como los carros, como cualquier aparato doméstico, solo que la reparación es costosa, dependiendo de la marca, y empieza el cerebro a idear cómo tener esa mano de obra barata, autosustentable, y los científicos se recuerdan de una historia que aún no se sabe si es cierta o no, de los Anunnakis, donde ellos supuestamente mezclaron su ADN con unos animales y salió la especie humana.

Sea cierto o no, seguirían la misma idea y tomaron unos monos y mezclaron ADN en su secuencia genética y lograron obtener el primer bebé mono que lloraba con sonidos humanos y mostraba inteligencia humana y se notaba la diferencia entre él y los otros monos.
Así fueron haciendo y logrando más nacimientos y logrando crear con perfección lo que se buscaba: mano de obra autosustentable bajo control científico para que la nueva especie de monos se mantuviera primitiva, pero obediente.
Genéticamente bloqueados para evitar que evolucionen, ya que tenían que mantenerse como raza intermedia entre los animales y entre los humanos. Así nació una especie de raza de monos híbridos genéticamente controlados, para evitar problemas futuros.
Desde pequeños se les entrenaba en sus respectivos deberes y de grandes eran vendidos como esclavos, con derecho a protección. Una nueva ley animal de híbridos para la esclavitud nació, para proteger sus derechos de vida y a no ser forzados a trabajos extremos. Vieron el éxito obtenido y cómo la vida humana se hacía más ligera y placentera; ahora, con ayudantes autosustentables, no tenían que preocuparse por la reparación ni el mantenimiento de los robots.
Todos cayeron en chiveras, chatarreras y pocos se veían aún funcionando; sus dueños no querían deshacerse de ellos, les había costado plata y, por otra parte, podían repararlos, era su trabajo. Ahora le tocaba el turno a los gorilas con su fuerza podrían servir de mecánicos, de obreros de trabajos pesados, todo lo que un simio no podía hacer.

Empezaron con la hibridación y el primer gorila nació siendo cuidado y criado por humanos, arrebatado de su madre igual que a los monos. A este gorila se le oyen sus primeros sonidos de bebé: agu, agu. Era sorprendente y hasta gracioso ver en esa carita de bebé gorila oír los primeros balbuceos: ba ba, ma ma, agu agu.
Los científicos estaban felices con su creación. Cada gorila fue criado igual que a los monos y entrenado para sus futuros trabajos; ellos eran poderosos, fuertes y más altos, pero el humano era inteligente y usaba armas por si se les ocurría sublevarse.
Los científicos estaban confiados en el control genético y en el tener buenos sirvientes. El tiempo pasó y a los esclavos modernos con derechos de la nueva ley animal se les empezaba a notar raros, a desobedecer, a hacer lo que quisieran, y nada, ni las armas eléctricas creadas para infringir dolor a estas criaturas hechas por el hombre, sirvió para mantener bajo control a estos híbridos (a estas abominaciones), dichas por los activistas que estaban en contra de modificar la naturaleza porque temían las futuras consecuencias graves contra la humanidad.
Los científicos y las aldeas de creación de esclavos modernos prosiguen sin ningún problema; la demanda era alta, había que cubrirla. Los activistas nunca fueron oídos y el tiempo era latente, se les notaba en reuniones secretas a los monos y gorilas hablando entre ellos en voz baja para que ningún humano los oyera.
En esas reuniones había estallidos de bombas lacrimógenas, la policía intervenía, tenían órdenes de impedir reuniones extrañas y estos rápidamente se iban para entrar a sus labores de siempre, hasta que estalló algo extraño: se alzaron destruyendo todo a su paso y los gorilas matando humanos y simios que se atravesaran y estuvieran en contra de ellos.
En todas las ciudades de todos los países el levantamiento se dio; el humano con todas sus armas de última generación luchaba contra aquella masa enardecida y feroz de monos y los poderosos gorilas que usaban las herramientas de construcción.

Las usaron esta vez no para trabajar, sino contra los humanos, lanzando cada cosa horriblemente pesada contra los militares y el que estuviera en contra de aquel alzamiento. Las explosiones por dondequiera se veían y se oían: las bombas lacrimógenas, las ballenas echando agua, pero no se pudo contener esa masa de salvajes simios que parecían que habían sufrido una retro evolución.
No fue así; era un plan orquestado por un simio al que se le había roto el control genético; él ahora pensaba por sí solo y no obedecía órdenes de nadie. Se cansó, su cuerpo se lo exigía y quiso ser libre. Pudo haber huido solo y vivir en el anonimato en alguna montaña, pero no; él eligió liberar a su especie.

Descubrió que el bloqueo genético no era exactamente a nivel celular, sino por ciertas vacunas de control que mensualmente les ponían, y se podían destruir por dentro comiendo ciertos frutos que se les tenía prohibido ingerir. La vacuna era un inhibidor de una proteína que permite la evolución a su ritmo normal y, por supuesto, afectaba también la mente, haciendo que sean dóciles sin necesidad de drogas.

La banana de la Blue Java es una fruta traída del sudeste asiático y es un híbrido de dos bananas que se encuentran allí. La gente dice que saben a vainilla con una textura tipo helado, prohibidos en Norteamérica por obvias razones, pero su dueño era uno de los científicos que trabajó en el proyecto Simio azul (azul por el color de la fruta) y se quedó con uno que él crió y cuidó desde pequeño y, por supuesto, tenía acceso a información clasificada que leía cuando hacía la limpieza y nadie lo veía.
Para él le era fácil leer; le enseñaron, mientras los otros dueños preferían tenerlos ignorantes porque era más fácil controlar a un ignorante que a un inteligente. Fue descubriendo secretos, como por ejemplo por qué su existencia es diferente a la de los simios que no hablan y se mantienen en zoológicos.
Su cerebro, sin el inhibidor, fue elaborando un plan y las frutas eran exportadas y traídas, siendo ordenadas por él en nombre del científico jubilado y repartidas por los simios cercanos y ahí se destapó la inteligencia, no a nivel humano, pero sí una inteligencia peligrosa y una necesidad de ser libres.

La rebelión duró días, meses, años; las ciudades estaban en ruinas, parecía que había pasado un holocausto; el planeta fue tomado más por la fuerza bruta que por la inteligencia. Los humanos estaban viviendo escondidos porque sabían que estas bestias con pantalones, si veían un humano, los mataban; ya usaban armas, pero con su sola fuerza era suficiente, y lo irónico es que el que liberó este desastre para la humanidad era un simple mono raquítico, que cuando nació parecía que no iba a vivir muchos días, pero se aferró a la vida y con los cuidados que recibió de los humanos logró llegar a la edad madura.
Su gemelo Remo murió; algo salió mal en la concepción o en la gestación y Rómulo sobrevivió. La humanidad perdió lamentablemente el gobierno sobre el planeta; una nueva especie ahora la domina.
La idea de los Anunnakis que los científicos siguieron fue buena aparentemente en su momento, pero siempre fue un grave error; los activistas contra la ingeniería genética y sus acciones siempre tuvieron la razón y ahora muchos se arrepienten.





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