Sonny Hayes es un antiguo piloto de Fórmula 1 a quien hace rato que se le pasó su mejor hora. Un accidente en la década del ‘90 irrumpió cualquier posibilidad de éxito máximo que podría haber tenido el susodicho. El hombre subsiste con una vida errante y campechana, sin importarle demasiado ni el mañana ni el que dirán. Un día, un antiguo colega de carreras le ofrece una posibilidad como conductor para una escudería de F1, acompañando a un prometedor joven valor. Tras ahogar unas risas socarronas en un vaso de cerveza, Hayes se ’mira al espejo' y acepta la propuesta, abriendo la puerta a una seguramente ansiada segunda oportunidad.
El último film de Joseph Kosinski, -el director detrás de Top Gun 2-, se reúne junto con uno de los guionistas de esa cinta, Ehren Kruger, para dar vida a esta historia, que si bien es ficticia, bebe de la inspiración del relato de vida del ex piloto irlandés Martin Donnelly. El propio Kosinski, junto con la estrella principal de la película, Brad Pitt, el experimentado Jerry Bruckeimer, y Lewis Hamilton, quien es apenas uno de los deportistas que aparecen, obran como productores.
Este largometraje está diseñado para ser visto en la pantalla grande. Esa frase, que debería ser una verdad de perogrullo, tiene su justificación en las secuencias de carreras, pulidas con una notoria adrenalina. Podrá discutirse el grado de realismo en los procedimientos, pero lo cierto es, que cuando los protagonistas toman el volante, la furia de la velocidad y el sentir de la competencia a todo o nada, están a la orden del día. No se pretenden dar ‘spoilers’, pero, en los compases de la largada final, hay una sensación de expectativa triunfal mezclada con miedo y frenetismo. que son una representación clara de todo lo mencionado.

El argumento es un sinfín de clichés ya conocidos: El sujeto activo que perdió su rumbo busca retomar el camino del héroe para darse esa chance de ser victorioso, aunque crea inconscientemente que lo merezca o no. La imposición y lucha de mascunalidad propia y con un otro más joven. La sensación de superioridad para ocultar los dramas internos. Todo ello ya fue retratado una y otra vez, pero al guión no parece importarle y en este caso, realmente no parece ser necesario que le importe. En un mundo lleno de falsas inclusiones y firmamentos ridículos, adentrarse de esta forma en la puja mayor del universo de los coches, es una opción bastante atinada.
La banda sonora compuesta por Hans Zimmer reluce en los momentos más notorios y también hay que destacar a la canción original del requerido Ed Sheeran: ‘Drive’ que le pone un punto decisivo al meollo.
Como fue dicho, Brad Pitt hace de Sonny Hayes. Sin temor a repetirse, hay que decirlo: Pitt hace de Pitt, un individuo con encanto de galán ya algo veterano a la que su perspicacia no llega a dejar afuera una cierta arrogancia. Por más que pugnemos por algo más ‘original’, es loable admitir que encaja bien en el rol. Una versión amable de Javier Bardem es Ruben Cervantes, el ex colega de Hayes y dueño de la escudería APXGP. Damson Idris es Joshua Pearce, el novel rival y compañero de Hayes, en tanto que Kerry Condon es Kate Mckenna, la directora de operaciones técnicas del grupo. Completan el elenco, entre otros, Shea Wigham y Tobias Menzies, este último nuevamente en un papel de dudosa moralidad.
A sus marcas, preparados, ¿listos? Corran sin miedo, así como debe ser la vida. Eso si, cuídense siempre de no chocar al doblar las siempre traicioneras curvas.
Puntaje: 7 de 10
Guillermo Bruno



¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.