Este film de 1997, interpretado por Roberto Benignni en el rol protagónico de Guido Orefice (un jóven italiano de origen judio) generó en su momento ríspidos debates en cuanto a como abordar un tema tan dificil como lo es el del Holocausto, y mucho mas desde un punto de partida de la comedia. Sin embargo, con el paso de los años se fueron descubriendo algunos aspectos del mismo que lo han revalorado, a pesar de que aun hoy, a casi treinta años de su estreno, pueden ser objeto de un debate crítico.
De acuerdo a mi punto de vista, estos últimos contenidos tan cuestionables no están, como podría pensarse en una aproximación inicial, en la segunda parte de la película, sino en la primera, aquella que se desarrolla en la Italia fascista dirigida con puño de hierro por un dictador casi tan brutal como Hitler, Benito Mussolini. De acuerdo a “La Vida es Bella”, el regimen autocrático italiano de entreguerras era casi una caricatura de una dictadura moderna, plagada de funcionarios y militantes ineptos a los que el personaje de Guido puede burlar mas de una vez sin muchas consecuencias para él. Como historiador, tengo que afirmar que estas escenas iniciales pecan de una ingenuidad bastante lastimosa, pues no solo conozco el verdadero rostro del fascismo a través de los textos académicos, sino también por el testimonio directo de muchas personas, entre los cuales estaba nada menos que mi propio abuelo materno, que tuvieron que huir de su Italia natal para salvar sus vidas.
Sin embargo, se puede argumentar que el regimen fue endureciendo su postura con el correr de los años, especialmente luego de la crisis de 1929, y que además nunca tuvo una política totalmente radical en cuanto a la aplicación de leyes de “pureza racial”, como si las tuvo el posterior nazismo alemán. Pero esto no es lo que se puede ver en la primera parte de “La Vida es Bella”, donde solo se suceden casi exclusivamente escenas donde el personaje de Guido se burla de los “camisas negras” sin que esto tenga consecuencias graves para él.
Otra cosa muy diferente es lo que pasa en la segunda mitad de la película, aquella que se desarrolla en una Italia ocupada por los alemanes entre 1943-45, y en la que Mussolini es solo una marioneta de los nazis para ejecutar todas sus políticas de persecución racial. Aquí es donde Guido, su tio Eliseo, su esposa Dora y su hijo Giosué son detenidos por las fuerzas de ocupación y llevados a un campo de concentración debido a su origen judio. Allí son separados por sexo, y en medio de la cruda lucha por la mera supervivencia, el personaje de Benigni tiene que ingeniarselas para hacerle creer a su vástago que todo aquel infierno montado por las temibles “SS” no es mas que un concurso de juegos, donde ellos deben cumplir ciertas reglas para ganar un fantástico premio, que no es otro que un tanque de guerra. Y es en esta simulación donde “La Vida es Bella” muestra todo su valor, puesto que nadie puede negar a lo que están dispuestos los padres para proteger a sus hijos, aún al precio de montarles una ilusión que trata de cubrir las grandes tragedias que pueden sobrevenirles en sus vidas.
Así, el sacrifico final de Guido permite que Giosue pueda no solo salvarse de una espantosa muerte sino también que en el futuro cuente esta historia, la cual resume en todo su desarrollo el paso de una comedia a una tragedia, como una versión amplificada y totalmente extrema de lo que es la vida del común de las personas.




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