Ballerina, el esperado spin-off de la saga John Wick, se ha estrenado hace pocos días en los cines españoles. Sin duda, es una cita obligada para los fans de la saga que ven cómo Lionsgate, su productora, intenta explotar el éxito del sicario más carismático de los últimos años ampliando su mundo. Desde luego, la apuesta era arriesgada y me atrevo a decir que, para los fans de John Wick –entre los que me incluyo–, había una mezcla de ilusión e incertidumbre a partes iguales antes del estreno.
Los spin-off tienen sus riesgos. Pueden lastrar la apuesta original, y aquí no vamos a dar nombres concretos porque seguro que los lectores tienen sus propios ejemplos de películas y series en la cabeza; o, por el contrario, pueden consolidarla y ampliar el universo.
Una película, con todo lo que ello supone. Sin duda, los riesgos son evidentemente mayores en el caso de una película. Y llegó Ballerina. Su director, Len Wiseman, tiene oficio y ha sabido combinar todo lo bueno que tenía a su disposición. La película cuenta con secundarios totalmente reconocibles en la saga como Winston (Ian McShane), Charon (Lance Reddick) o la Directora de la Ruska Roma (Anjelica Huston).
¿Ballerina a la altura de la saga John Wick? Me atrevo a decir que sí; quizás no en un plano de igualdad, pero sin duda está a un muy buen nivel.




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