El concepto de cine cómico me hace recordar a muchos personajes de la industria que me sacaron una sonrisa. En este caso me tienta hablar de Charles Chaplin, que no fue un cómico cualquiera. Él es de los que te hacen reflexionar sobre la vida con sus filmografías en las cuales interpretó a Charlot, aquel querido vagabundo de comportamientos distinguidos y torpezas divertidas.
En una época en la cual la revolución del arte resplandecía por el cine mudo, el personaje Charlot protagonizó cortos y películas cuya actuación consiste en gestos exagerados, travesuras, caídas, persecuciones y otros métodos de comedia física. Sin olvidar también la personalidad del personaje como un ser tierno, vulnerable, ingenioso e indomable que hace que nos riamos de sus desgracias, pero también sintamos empatía por él. Todo con el propósito de satirizar las injusticias sociales, la desigualdad económica y las hipocresías. No está de más mencionar que en algunas de sus obras se utilizaron detalles no considerados divertidos que crean un componente emocional para hacer entender al público lo dura y angustiante que es la vida cuando el ciudadano pobre no la tiene fácil. Pero sobretodo nos enseñaron valores hermosos e importantes para que los tomemos y creemos un mundo mejor.

Charlot, Músico Ambulante (1916):

Sabemos que en este corto Charlot es un violinista callejero que utiliza la música no solo para sobrevivir, como vemos cuando le dan monedas, sino también para expresar su espíritu, como vemos cuando quiere impresionar a la joven gitana. Sin embargo, hay un contraste entre la belleza del arte y la dura realidad porque Charlot tiene talento con el violín, pero es víctima de maltratos y abusos por el hecho de ser pobre. En cambio, hay otro artista millonario que recibe interés y admiración por sus pinturas.
La joven gitana es la única que muestra fascinación por la música de Charlot cuando él la utiliza para hacerla sonreír al encontrarla llorando por el maltrato que recibe de parte de los otros gitanos. El amor que siente él por ella es un elemento importante para las escenas de comedia física ya que surgen de sus deseos de cuidarla, con excepción de la persecución inicial con los demás músicos ambulantes.
Ambos crean una relación dulce de acompañamiento que les sirve como refugio de la dura realidad que viven como pobres, pero parece que su fin se aproxima cuando la chica conoce al pintor en un momento en el que él no se sentía inspirado para pintar hasta que la ve a ella y hace un cuadro. Lo que se ve después de eso es que la gitana parece enamorarse del pintor, pero no es la razón por la que se despide de Charlot, sino porque ese cuadro ayuda a que se reencuentre con su verdadera madre que resulta ser una dama rica. Aún así, después de decirle adiós a Charlot, se da cuenta que su nueva vida no la complementa porque él la hace feliz de verdad, entiende finalmente que lo ama y regresa a buscarlo.
Lo que aprendemos de esto es que la verdadera felicidad no se basa en la fortuna o en la clase social, sino en el amor y el mérito. Todos cosechamos lo que sembramos, y sí accionamos con buenas intenciones y demostrando el buen corazón que poseemos nos llega nuestra recompensa. Y además es importante no dejar a un lado aquello y a quienes nos dan amor verdadero.
Charlot, en La Pista de Patinaje (1916):

En este corto Charlot protagoniza a un hombre con una doble vida. En el restaurante es un “don nadie” que trabaja como camarero juzgado por su humildad y en la pista de patinaje es Sir Cecil Seltzer, un patinador admirado por su destreza. Lo que hace Chaplin es criticar la hipocresía de una sociedad que valora más las apariencias y los roles que la esencia de las personas, así como también nos demuestra la búsqueda de la aceptación y el deseo de encajar nos obliga a ocultar nuestra autenticidad.
Lo cómico de este corto proviene de los movimientos de Charlot, tanto en su papel de camarero como de patinador, por sus caídas torpes, sus choques con los compañeros, sus desprolijidades atendiendo a los clientes, sus intentos de mantener el equilibrio en la pista, sus piruetas inesperadas, las persecuciones, y sus movimientos elegantes y a la vez accidentales. Un claro ejemplo es su rivalidad con el corpulento señor Stout, que da lugar a una serie de situaciones violentas y cómicas en el restaurante y, especialmente, en la pista.
Toda esta comedia de la imperfección nos provoca risa precisamente porque, de alguna forma, nos vemos reflejados en Charlot ya que, a pesar de sus torpezas y sus fracasos, su bondad y tenacidad brillan. Tomando en cuenta este detalle, la pista de patinaje podría verse como una metáfora de la vida porque en ella nos enfrentamos muy seguido a situaciones en la que tenemos que hacer esfuerzos para no caer, pero no podemos evitar las torpezas y la imprevisibilidad. Lo único que podemos controlar en esos momentos es la decisión de levantarse y seguir adelante. Lo que nos enseña Chaplin acá es que la mejor manera de enfrentar la realidad es aceptar el desequilibrio y reírnos de nuestras propias caídas, y también que la torpeza, lejos de ser un defecto, puede romper barreras y crear momentos divertidos.
Charlot, el Prestamista (1916):

En este corto es lógico morirse de la risa por todas las situaciones cómicas que suceden, como cuando Charlot lleva la escalera afuera de la casa de cambio sin darse cuenta que tiene a su compañero atorado en ella, cuando torpemente golpea a todos con ella al llevarla en los hombros, cuando “opera” un reloj despertador como si fuera un médico operando a un paciente, cuando su cabeza se atora en el chelo, etc. Pero si nos ponemos a analizar, lo que hace esta filmografía es reflejar tres realidades de la época que hoy en día siguen estando presentes.
La primera es que al ver a Charlot fracasando en sus tareas es una manera de representar la realidad de muchos trabajadores que, a pesar de sus intentos por integrarse en el sistema laboral, se enfrentan a la inestabilidad, la falta de capacitación y la competencia. En otras palabras, lo que Chaplin hace es utilizar el humor para demostrar la desesperación de las personas que necesitan trabajar para vivir, pero que se encuentran en un entorno que no les da segundas oportunidades a menos que las ruegues. Pero en el final, cuando Charlot noquea al ladrón que quiso llevarse la caja fuerte y es felicitado por su patrón, observamos que la honradez de un trabajador supera su falta de habilidad.
La segunda es que la casa de empeño es un escenario adecuado para mostrar la frialdad del capitalismo porque en ese lugar los objetos personales y los recuerdos de las personas se reducen a un valor monetario. Generalmente los prestamistas son insensibles a las historias detrás de los objetos y solo ven en ellos una oportunidad de negocio. La escena en la que Charlot desarma el reloj, además de ser una joya de la comedia física perfectamente bien estructurada, se podría ver como una metáfora de cómo el sistema descompone las cosas (y las vidas) para obtener un beneficio.
Y el tercero lo vemos en el jefe de Charlot, un tipo estricto y sin humor que podría ser una presentación de la rigidez social y de las convenciones. Efectivamente en la vida real los jefes suelen tener este carácter y es común que eso tenga choques con el espíritu libre y anárquico de los trabajadores. En este caso Chaplin nos hace reflexionar que, a pesar de que alguien parezca serio y profesional, no significa que sea bueno en lo que hace o que tenga las cualidades necesarias para un liderazgo efectivo. Es posible que sea simplemente una máscara para ocultar sus propias inseguridades, su incapacidad o, en lo que es más importante, su falta de empatía porque es más fácil ser “respetable” que ser verdaderamente comprensivo y humano.
Vida de Perro (1918):

Las características cómicas de este corto consisten en una serie de desventuras físicas: vemos a Charlot escapando de un policía que lo quiere arrestar por robar comida, tratando de conseguir trabajo que termina fracasando porque le quitan su lugar en la fila, bailando de forma incómoda con una chica porque el hombro de ella le pega en la pera y lo echan a patadas del cabaret por no tener dinero para pagar. También se ven situaciones ingeniosas muy divertidas como cuando Charlot ingresa al cabaret con su perrita Scraps escondida en sus pantalones o cuando noquea a un hombre para mover las manos fingiendo que son suyas. Su vida de pobre termina cuando Scraps encuentra una billetera enterrada con una buena fortuna que escondieron unos ladrones y, después de enfrentarse violentamente con ellos, comparte su fortuna con la chica del cabaret para vivir felices en una granja.
El elemento principal de este corto es la poderosa metáfora que establece la relación entre Charlot y la perrita que da origen al título. Ambos son marginados que luchan por sobrevivir porque la sociedad los ve como “perros callejeros” sin valor. A pesar de eso, Charlot protege y comparte lo poco que tiene con su nueva amiga, y ella es juguetona y leal con él, lo cual demuestra entre ellos una alianza muy importante en un mundo cruel. Una mejor vida les llega por un golpe de suerte que les brinda el destino, pero no es como la que tienen los millonarios que observamos en el cabaret, sino una cómoda y tranquila en una casa pequeña y cálida en la naturaleza, trabajando a gusto, y alegres porque Charlot está con la chica que ama y con su pequeña amiga Scraps, que tuvo perritos. Este final nos enseña que la verdadera riqueza no está en las posesiones materiales, sino en las conexiones emocionales y el amor incondicional.
¡Armas al Hombro! (1918):

En este mediometraje Charlot interpreta a un soldado en la Primera Guerra Mundial. Sabemos que en aquella época se promovía una propaganda que idealizaba al soldado como un héroe romántico y lo que hacen las situaciones graciosas de ¡Armas al Hombro! es criticar esa visión.
Utilizando escenas de comedia física, como cuando Charlot comete torpezas al seguir las instrucciones de sus superiores, y de humor negro, como cuando él cuenta cuantos enemigos elimina utilizando palitos, la intención de Chaplin es burlarse de la disciplina y jerarquía militar, y resaltar la vulnerabilidad del ser humano en un contexto de guerra.
En la escena final, cuando vemos a Charlot siendo despertado por sus compañeros y se da cuenta que sus hazañas fueron solo un sueño, se podría interpretar como una fuga de la difícil y terrible vida en las trincheras. Las grandes proezas y la gloria militar se reducen a la fantasía de un simple soldado porque la vida real es mucho más cruda y no hay lugar para el prestigio.
Evidentemente Chaplin entendía, como pocos, que el odio, la división y la violencia carecen de sentido y son una solución ridícula a los conflictos políticos. Por esta razón humaniza al combatiente demostrando que no es una máquina para matar, sino una persona asustada, hambrienta, triste por estar lejos de sus seres queridos y deseosa de volver a casa.
El Niño (1921):

Chaplin definió la esencia de esta obra como “una película con una sonrisa y, tal vez, una lágrima”. Es verdad, El Niño hace reír, por su comedia física, y llorar, por la carga emocional que muestran algunas escenas. Tanto las escenas de comedia (las persecuciones, la del hermano grandote, la del médico y la del dormitorio público) como las escenas conmovedoras (la madre abandonando a su hijo, cuando Charlot lo encuentra y se las ingenia para criarlo, cuando los intentan separar, y cuando madre e hijo se reencuentran) nos hacen ver con una sonrisa y una lágrima la dolorosa realidad de la época.
Indiscutiblemente la película es un retrato crudo de la vida de los barrios bajos, donde la pobreza y las dificultades son una realidad cotidiana. En el caso de la madre, el hecho de abandonar a su hijo con la esperanza de que una familia rica le de una vida mejor es una demostración de cómo la falta de recursos puede provocar la desesperación de una persona y tristemente la lleve a tomar decisiones dolorosas. En el caso de Charlot, él también es una persona sin recursos, pero le sobra dedicación y optimismo para decidir criar al pequeño con amor.
Cuando el niño crece observamos que su vínculo con Charlot es la viva imagen de supervivencia y de amor padre e hijo más allá de la sangre. Viviendo bajo la injusticia de un sistema que oprime a los más vulnerable, los dos se las arreglan para subsistir a pesar de que tengan que recurrir a pequeños engaños cómicos, como cuando el chico rompe los vidrios de las casas para que a Charlot le paguen por arreglarlos. Además, al verlos cuidarse entre ellos y siendo leales con el otro nos hace aprender que, a pesar de vivir en la miseria, el amor y el apoyo mutuo que nace sin importar que haya o no lazos sanguíneos hace que todo sea más tolerable y maravilloso.
La escena de los niños peleando como si fueran campeones de boxeo demuestra otra realidad de los barrios bajos. Siendo niños, se pelean porque uno le quitó el juguete al otro por envidia y esto se podría considerar como una especie de metáfora de la lucha por la existencia, donde cada uno debe defender lo poco que tiene. De esta forma Chaplin utiliza la inocencia de los niños para resaltar lo absurdo de la violencia y la injusticia social.
Cuando separan al niño de Charlot, observamos la desesperación del pequeño y la angustia del padre como un reflejo de la tragedia de los hijos separados de sus familias por no ser “aptas” para cuidar de ellos. También demuestra la insensibilidad de la burocracia porque las autoridades actúan según la ley, pero sin compasión. Ignoran el profundo lazo emocional entre Charlot y el niño, y se centran únicamente en el “bienestar” del menor, según sus propios criterios rígidos. Esto critica la deshumanización de las instituciones y la falta de empatía.
El sueño de Charlot expresa su deseo por un mundo mejor para él y para su hijo, un paraíso donde la pobreza, la violencia y la tristeza no existen. Sin embargo, a pesar de la apariencia angelical del sueño, la tentación reaparece bajo la imagen de un demonio que provoca infidelidad, celos y peleas. Esto sugiere que, incluso en un mundo perfecto, los defectos de la naturaleza humana persisten y que la maldad no es solo producto de la pobreza, sino una lucha constante del ser humano.
El Peregrino (1923):

Esta película muestra a Charlot como un presidiario que escapa de la cárcel y se hace pasar por pastor para que no lo reconozcan. Esta característica es lo que da pie a la comedia de la película porque, debido a su inexperiencia con el papel, el personaje se ve envuelto en una serie de situaciones ridículas que lo llevan a accidentes torpes, como la escena en la que tiene que predicar. Lo que hace El Peregrino es criticar de manera sutil la hipocresía y la superficialidad de la sociedad, las instituciones religiosas y el sistema de justicia.
Charlot, al hacerse pasar por pastor, es respetado y admirado por la gente del pueblo que cree en su supuesta bondad, pero cuando es descubierta su verdadera identidad se lo vuelve a tratar como un criminal a pesar de que hizo un acto de bien recuperando el dinero que un colega suyo le robo a la familia que lo acogió. Al final de la película se le da la opción de ir a México, donde no hay extradición, o volver a la cárcel. Esta ambigüedad nos hace cuestionar si la justicia siempre es justa y si la moralidad es un concepto absoluto o relativo.
La gente del pueblo, aunque devota, se muestra a menudo ingenua y superficial. Se aferran a la figura del pastor, sin cuestionar su verdadera identidad. En otras palabras, la película satiriza la idea de que la religión es un refugio para los hipócritas y los que buscan una imagen de virtud sin tenerla realmente.
Se sabe que esta película es una de las más olvidadas de Charles Chaplin por haber sido eclipsada por obras posteriores, pero no debería ser así porque su objetivo es invitarnos a mirar más allá de las apariencias y a cuestionar las normas establecidas, sugiriendo que la bondad puede encontrarse en los lugares más inesperados y que la realidad es mucho más compleja de lo que parece.
La Quimera del Oro (1925):

En esta obra, Charlot interpreta a un buscador de oro solitario en las heladas montañas de Alaska, un lugar perfecto para vivir situaciones que matan de la risa. Por ejemplo, el viento cuya fuerza empuja a los personajes de un lado a otro, las alucinaciones de Big Jim por el hambre, la cabaña inclinándose hacia el precipicio, el trabajo que hace Charlot como quitanieves, sus movimientos locos que hace feliz porque cree que Georgia lo va a visitar en Año Nuevo, etc. Una buena película para divertirse, pero tampoco sobran las reflexiones.
Los personajes se aventuran a un viaje lleno de peligros con la esperanza de hacerse ricos, pero la realidad que enfrentan es de escasez, hambre y la constante amenaza de muerte. Para no morir de inanición recurren a comerse una vela o cocinarse un zapato, incluso Big Jim se dispone a cazar a nuestro protagonista para comérselo hasta que un oso se cruza en su camino y se lo sirven como festín. Cuando Charlot baja de las montañas descubre la verdadera riqueza y, por lo tanto, la más difícil de obtener: su amor por Georgia, en especial cuando ella no le corresponde y se burla de su cariño.
El personaje Black Larsen es el vivo ejemplo de que la ambición por el oro saca a relucir lo peor de la naturaleza humana. Un hombre dispuesto a engañar, robar e incluso matar con tal de volverse rico es la prueba de que la búsqueda desenfrenada de la riqueza material puede deshumanizarnos y destruir nuestros lazos sociales.
La historia de Charlot con Georgia es lo que le da el título a la película de forma metafórica. Ella se arrepiente de haber sido grosera con él, se da cuenta que su amor la hace sentir como nadie lo hizo nunca y él se va a buscar fortuna prometiendo que volverá con ella. Charlot se vuelve socio de Big Jim y juntos se vuelven millonarios famosos, pero él siente que su corazón está vacío porque su amor por Georgia sigue intacto y cree que no la volverá a ver. Pero los dos se reencuentran y su amor se vuelve realidad no porque él sea rico, sino por un malentendido que hace que paradójicamente se unan. Esto demuestra que la riqueza material puede cambiar la vida, pero no es un fin en sí mismo porque lo que realmente nos hace ricos y felices es vivir amando y ser amados por lo que somos por dentro.
El Circo (1928):

Hasta ahora hemos visto que Chaplin puede lograr hacer reír en situaciones cotidianas y en lugares comunes. En este caso su humor se sitúa en un circo, un lugar donde todo el mundo va a divertirse y él otra vez logra hacernos reír con escenas como la persecución de la policía, la entrevista de Charlot para demostrar qué tan gracioso es, el acto de magia, la escena del león, cuando Charlot hace de equilibrista, entre otras situaciones. Pero después de tanta risa, al final observamos una realidad muy triste.
Charlot empieza con su papel de paria de la sociedad, pero su persecución con la policía, llena de torpezas cómicas y habilidades improvisadas, lo convierte automáticamente en estrella del circo. Solo que el dueño de este se ocupa de que él no sea consciente de eso porque Charlot no es gracioso a propósito, sino de forma involuntaria por su espontaneidad, y también para que pueda seguir explotando su talento sin tener que pagarle un sueldo de estrella.
Hablando del dueño del circo, en toda la película se muestra como un tirano explotador y avaro. Su interés no está en el arte circense ni en el bienestar de sus artistas, mucho menos el de su propia hija a quien golpea y mata de hambre por equivocarse en su actuación, sino únicamente en el beneficio económico. Él es la personificación de la pobreza, miseria y crueldad que esconde el circo detrás de toda la magia y espectáculo. Lo que hace Chaplin es recordarnos que la ilusión del espectáculo es una evasión, pero la realidad del trabajo y la supervivencia siempre está presente.
Charlot se enamora de la hija del dueño, Merna, pero a pesar de todos sus intentos para obtener su amor (como cuando se entero que es la estrella del show y se aprovecha de eso para obligar al padre a no volver a maltratarla o cuando finge tener habilidades en el equilibrio para impresionarla) ella se enamora de Rex, el nuevo equilibrista. Cuando Charlot es despedido del circo, Merna lo encuentra y le ruega llevarla con él, pero él se niega porque sabe que ella no sería feliz estando lejos del hombre que ama. Rex sigue trabajando en el circo y Charlot lo va a buscar a escondidas para ayudar a los dos amantes a estar juntos y casarse. Después de la boda, el padre de Merna los felicita y les pide continuar con el show, y ellos aceptan si Charlot va con ellos. El padre acepta a regañadientes y el Vagabundo parece aceptar ir con ellos, pero después lo vemos quedarse sentado viendo como el circo se aleja y desaparece en el horizonte. Esto es sorpresivo, pero lógico porque su vida en el circo estaba ligada a su amor por Merna, y sin ella y con el corazón roto el circo ya no tiene el mismo significado para él. A pesar de eso, su espíritu no está roto porque se levanta y, con su andar característico y un toque de melancolía, se aleja por su propio camino sin un destino definido. De esta forma reafirma su libertad y acepta su condición de vagabundo solitario que tiene como tarea hacer feliz a los demás.
En este final se esconde un mensaje mucho más profundo porque “El Circo” fue filmada en un momento de metamorfosis para el cine con la llegada cercana del cine sonoro. Al ver al querido Vagabundo sentado observando como el circo se aleja lo podríamos interpretar como una despedida simbólica de un mundo y una forma de arte que se estaban perdiendo. Al ser un personaje mudo e idealista, Charlot se enfrenta a un mundo que ya no tiene cabida para los soñadores como él. Hoy en día nos enfrentamos a la inteligencia artificial, un avance de la ciencia que amenaza con reemplazar profesiones que para muchos significan más que empleos con los que ganan para vivir. Algunos incluso renuncian a la idea de profesionalizarse en sus pasiones y se presionan para aprender a hacer trabajos que sí les den futuro, pero no podemos dejarnos convencer de olvidar nuestros sueños. Todavía podemos demostrar que el ser humano tiene mucho más talento y amor que una máquina para aportar algo bueno a la sociedad con sus laburos. No perdamos el espíritu nunca, no dejemos que otros nos quiten las oportunidades o escriban nuestro destino por nosotros y no nos demos por vencidos sin pelear por aquello que nos mueve en la vida.
Luces de La Ciudad (1931):

En esta historia Chaplin nos saca una sonrisa con escenas como la de la estatua, el millonario que se quiere ahogar, las situaciones en el restaurante, la escena del auto, la del silbato, la pelea de boxeo y otras más, pero también nos invita nuevamente a cuestionar nuestra propia visión del mundo explotando temas como la indiferencia de la clase alta y la naturaleza del amor.
Charlot establece relación con un millonario suicida aficionado a la bebida y una joven florista ciega. Estos dos personajes son símbolos clave. El millonario representa la ceguedad de la élite porque cuando está ebrio ve a Charlot como un amigo, ofreciéndole dinero y un cariño sincero, pero cuando está sobrio no lo reconoce y lo trata con desprecio. Esta dinámica se repite a lo largo de la película, destacando cómo el millonario no es amigable con los humildes, y solo es capaz de sentir empatía y camaradería cuando su juicio está nublado por el alcohol.
La florista, en cambio, simboliza la visión espiritual porque el ser ciega la libera de los perjuicios sociales y las apariencias físicas. Charlot se enamora de ella y la chica, al no poder ver su traje remendado, lo percibe como un hombre bondadoso y rico, lo que él no desmiente para no decepcionarla. Esto muestra cómo nuestra percepción de la realidad puede estar distorsionada, ya sea por la falta de información, por los prejuicios o por el deseo de creer en algo que nos dé esperanza. A pesar de eso, ella es paradójicamente quien mejor “ve” la verdadera bondad del Vagabundo a través de sus acciones y sus esfuerzos por ayudarla. Estos esfuerzos requieren de sacrificios que demuestran un amor desinteresado, pero tienen un costo alto: ir a la cárcel. Tiempo después la florista recupera la vista y Charlot su libertad, y cuando se vuelven a ver ella no lo reconoce al instante por creer que era millonario y no un vagabundo. Este reencuentro es una forma de poner a prueba su amor que permanece intacto porque ella se da cuenta que es él por la conexión profunda y pura que los une. Esto nos enseña una vez más que no hay nada más poderoso que el amor y las buenas acciones para superar las barreras sociales y físicas.
Tiempos Modernos (1936):

Utilizando situaciones cómicas como las de la fábrica, las de la cárcel, el almacén, la casa humilde y el restaurante, Chaplin ofrece una crítica sobre la realidad de la industria y el capitalismo, pero también celebra la firmeza y la resistencia del espíritu humano ante un sistema que busca convertirlo en una simple pieza de una maquinaria.
Chaplin critica directamente la línea de producción y la mecanización del trabajo. El personaje Charlot se convierte en un engranaje más de la máquina, realizando una tarea repetitiva y monótona a un ritmo frenético. Esto le provoca un colapso nervioso, simbolizando cómo el sistema industrial despoja al trabajador de su individualidad, creatividad y humanidad. El ser humano es reducido a un simple apéndice de la máquina, con la única función de aumentar la productividad.
El Vagabundo y la chica huérfana representan a los marginados de la sociedad, víctimas de la Gran Depresión. La película es un testimonio de la lucha por encontrar trabajo, vivienda y comida en un mundo que parece diseñado para oprimirlos. Nos muestra que, a pesar de sus intentos por “ser modernos” y adaptarse al sistema, son constantemente expulsados y castigados por él. En la escena final la chica piensa que nada de lo que hagan valdrá la pena, pero Charlot la anima a sonreír y la convence de que no deben darse por vencidos. Esto demuestra que, a pesar de la opresión y la miseria, hay que permanecer dispuesto a enfrentar el mundo utilizando como herramientas la esperanza, la dignidad, la solidaridad y el amor.

Para finalizar, en lugar de poner más palabras mías, me gustaría hacer una cita del inolvidable artista que tanto nos ha dado: “Mirada de cerca, la vida parece una tragedia; vista de lejos, parece una comedia. Nunca te olvides de sonreír, porque el día en que no sonrías será un día perdido. La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive cada momento, antes de que baje el telón y la obra termine sin aplausos. Hay que tener fe en uno mismo. Aun cuando estaba en el orfanato o recorría las calles buscando qué comer, me consideraba el actor más grande del mundo. La vida es maravillosa… si no se le tiene miedo. Sin haber conocido la miseria, es imposible valorar el lujo. Más que maquinaria, necesitamos humanidad, y más que inteligencia, amabilidad y cortesía. Fui perseguido y desterrado, pero mi único credo político siempre fue la libertad”




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