Una Inglaterra Desolada
¿Qué harías si despiertas de un coma y estás completamente solo, en un mundo que ya no es como el que alguna vez conociste?
Así empieza el clásico de terror de Danny Boyle: “28 Days Later”.
La cinta de 2002 nos sitúa en una Londres abandonada, con espacios liminales y al inquietante ritmo de “East Hastings” que nos deja con una lograda sensación de vacío e incertidumbre. Jim acaba de despertar del hospital, pero todos se han ido. Algo parece fuera de lugar, y es inevitable sentirse abrumado mientras la banda sonora en perfecta sintonía con los movimientos de cámara componen esa memorable escena inicial. No sabemos qué le queda a la plaga por destruir, así que vemos a los personajes luchando por aferrarse a lo único que les queda: a sí mismos.
Este clásico del cine de zombies y de terror contemporáneo revolucionó el género para siempre. No solo por su original trama para el momento, sino también por su forma de hacer cine aventurándose a ser de los primeros en filmar con cámaras completamente digitales para la gran pantalla.
Sin embargo, el director británico no fue el primero en plantearse el comportamiento del hombre en un hipotético caso de supervivencia extrema y en un estado vulnerable al daño de otros.

“Homo homini lupus”: el hombre lobo del hombre.
A mediados del s. XVII Inglaterra se encontraba azotada por una Guerra Civil entre los partidarios del rey y los parlamentaristas. La tradición de la monarquía absoluta se estaba poniendo en tela de juicio y ante el desborde del orden civil, las disputas por el poder y los conflictos religiosos, el filósofo Thomas Hobbes escribirá “El Leviatán”. Sin saberlo, esta extensa obra cambiaría el rumbo de la teoría política (y la concepción del hombre en sociedad) para siempre.
Este libro será ampliamente estudiado por aquellos interesados en la materia de las repúblicas, pero lo que ha resonado con mayor impacto ha sido su particular visión antropológica, según la cual el hombre en sociedad necesita de un poder soberano, un absoluto, un Leviatán. Un grande que lo guíe, proteja y castigue para mantener la paz. ¿Lo más interesante? Ese gigante es igual al resto de sus súbditos, nada lo define más allá de su capacidad de discernir entre lo justo e injusto y una serie de pautas que le permitan ser un buen gobernante. Representa a sus pares, pero ganándose su respeto. Y cuando algo perturba la paz o el orden, posee el poder para imponer y condenar.
La verdadera preocupación de Hobbes es entender el comportamiento del hombre bajo un poder consensuado que le brinde seguridad y cómo la falta del mismo es sinónimo de muerte.
Aun así, uno de los conceptos sobresalientes de su teoría y renombrado por muchos en la actualidad es el famoso principio del “hombre lobo del hombre”, como una analogía al comportamiento salvaje y bárbaro del ser humano en una etapa caótica y sin control de las pertenencias, injusticias y protección de la vida y los derechos. Y es allí a donde quiero dirigirme.
“Del Estado de Naturaleza”
Al igual que aquellos caóticos tiempos sin un gobierno civil, el mundo de “28 Days Later” nos traslada a las facetas más primitivas del hombre.
Sin nadie que les garantice poder ver la luz de un nuevo día, en un intento de supervivencia y cruzando escenarios dignos de pesadillas que repercuten en el espectador con un profundo sentimiento de desrealización, Jim y aquellos extraños que conoció poco después de despertar seguirán las pocas huellas que pudieron encontrar sobre un posible asentamiento del ejército.
Bajo una falsa ilusión de protección; con un techo, comida y agua caliente que ocultarán la atrocidad de las reglas con las que se rigen puertas adentro, se darán cuenta de que el peligro no solo se encontraba afuera de los muros o en la naturaleza misma, sino más bien entre quienes más confiaban.
Esa sensación de “protección” y “tranquilidad” no era más que una fachada para no tener que usar la fuerza, un punto que no estaba mencionado en el contrato que ingenuamente firmaron.
Adentrados en la boca del lobo, se dan cuenta que quien tiene las armas es quien tiene el poder, pero en este caso no lo usarán como un último recurso o como corrector, sino como principal aparato de miedo y dominación.
La cinta nos transporta a un escenario tan realista como preocupante sobre el comportamiento humano. Nos obliga a preguntarnos cuánto daño podemos llegar a causar, no solo cuando la ley desaparece y los confines entre el “bien” y el “mal” parecen difuminarse cada vez más en el nihilismo y en la muerte de la moral, sino también cuando la ausencia de un orden pactado deriva en la dominación tiránica.
Los zombies, el “enemigo común”, ya no eran el problema principal, sino los de su misma especie. Sin siquiera cuestionar lo despiadado de sus actos, buscaron aprovecharse del sometimiento de los indefensos, y esos soldados que les brindaron un "refugio”, no dudaron en hacer uso de sus uniformes para traicionar la confianza de nuestros personajes.
En ese microcosmos fortificado, el uniforme y las armas no ocultan la realidad: los habitantes han vuelto al estado de naturaleza. La fuerza se impone sobre el derecho, y la supervivencia depende de la astucia y la violencia. El refugio se convierte en una réplica del mundo exterior, pero con un matiz aún más inquietante: las bestias ya no gruñen ni sangran por la boca; visten uniforme y dan órdenes. Y en un mundo donde te sientes fuera de tu propia realidad, en una incómoda desesperanza marginado por el terror y el peligro donde los límites del cielo te empujan contra el infierno en la tierra ¿Qué nos queda?


El Leviatán ¿Un espejo distorsionado de nuestra realidad?
"28 Days Later" no es solo una película apocalíptica con escenas tensas y una atmósfera perturbadora. Es una declaración sobre hasta dónde puede llegar el ser humano cuando se trata de sobrevivir mientras todo a su alrededor se desmorona.
El miedo a lo desconocido en espacios liminales, toda la raza humana en peligro por un virus imparable y sin nada que podamos hacer al respecto, sumado a las personas que quedan convirtiéndose en un peligro por sí mismas… es un asunto bastante serio y una combinación escandalosa.
Quizás su verdadero horror no resida en la pandemia ni en los infectados que acechan entre las sombras, sino en la certeza de que, incluso frente a un enemigo externo que amenaza nuestra supervivencia, el ser humano puede transformarse en su propia pesadilla. Hobbes advirtió que, sin un soberano legítimo que ponga fin al estado de naturaleza, la vida sería “solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta”. Y, sin embargo, la película nos confronta con un recordatorio aún más preocupante: un falso soberano —uno que se impone sin consentimiento y gobierna por el miedo— puede ser tan peligroso como la ausencia total de poder.
En ese cruce entre filosofía política y ficción apocalíptica, la obra de Boyle funciona como un espejo distorsionado pero inquietantemente verosímil: nos muestra que la delgada línea entre orden y barbarie no se rompe con el primer brote del virus, sino cuando los que quedan, en nombre de la supervivencia, olvidan por completo lo que significa ser humanos.



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