Solo quienes han visto la serie Better Call Saul y leído a Don Quijote de la Mancha de Cervantes comprenderán lo que intento expresar. Hoy quiero hablar de Don Quijote y de la serie Better Call Saul, una serie que se ha convertido en una de mis favoritas. Advertencia: este texto puede contener spoilers, así que si no has visto la serie ni leído el libro, te sugiero que NO leas. En este caso, me enfocaré en el concepto del nombre.
El nombre, en este contexto, no solo es una etiqueta, sino una construcción de identidad, un simbolismo profundo que define quiénes somos. Todos sabemos que Saúl, antes de convertirse en Saúl, era Jimmy. Sin embargo, después de cumplir una condena que le impuso su hermano, él decide romper con todo lo que pertenece a su vida anterior. Se despoja de su identidad previa y adopta el nombre de Saúl Goodman.
En un principio, Saúl me parecía un completo idiota, alguien que estaba destruyendo su vida con malas decisiones. Pero, a medida que avanza la serie, entendemos que el cambio de identidad no es una mera fachada, sino un mecanismo para transitar un duelo, un duelo que, aunque doloroso, se convierte en su condena final. Saúl se va alimentando de Jimmy, sumergido en el dolor y las malas elecciones, y aunque podría analizarlo desde un enfoque psicológico, lo cierto es que gran parte de su sufrimiento proviene de la falta de aceptación de su hermano y la ausencia de amor.
La serie nos ofrece un episodio que me dejó un nudo en el estómago, en el que se revela que entre esos dos hermanos podría haber existido una relación sana, pero no sucede. Aquí, el nombre de Saúl no es solo una nueva identidad, sino un corte simbólico con su vida anterior. Si no hubiera cambiado su nombre, ¿habría terminado de la misma manera?
Ahora, ¿qué tiene que ver todo esto con Don Quijote? Todos sabemos que antes de ser Quijote, el personaje era un hidalgo, un hombre común con una vida gris y ordinaria. Al igual que Saúl, Quijote decide modificar su identidad para creer en algo más grande que él mismo: ser un caballero andante. Pero la similitud entre sus historias radica en el final de ambas.
En el último capítulo de Better Call Saul, Saúl elige, en el tribunal, ser llamado Jimmy y no Saúl. En ese momento, Saúl muere simbólicamente para dar paso a Jimmy, quien finalmente enfrenta las consecuencias de sus actos. Lo mismo ocurre con el Quijote, que en el segundo libro, antes de morir, pide que lo llamen “Alonso Quijano” y no Don Quijote.
Ambos personajes parecen liberarse de su propia condena cuando dejan morir EL NOMBRE. En el caso de Saúl, el nombre le sirve para vivir fuera de la cárcel, mientras que Jimmy enfrenta la pena. En el caso de Don Quijote, es el Hidalgo quien, al morir, mantiene viva la figura de su anterior identidad. Quizás Saúl y Don Quijote sigan existiendo, pero de alguna manera, son sus otras identidades las que mueren, enfrentando el castigo de quienes decidieron condenarse: Jimmy y Alonso


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