EL OSCURO CASO DE TRINIDAD FORERO 

En el barrio la Candelaria de Bogotá, en el silencio de la noche, se escuchan golpes y lamentos. Calles empedradas, secretos guardados, faroles que alumbran historias olvidadas. En el barrio antiguo, donde el tiempo se detiene, los fantasmas del pasado aún se mantienen. Las casas coloniales, con balcones de madera, parecen escuchar, con oídos de piedra. La noche cae, y las sombras se alargan, en el barrio antiguo, donde los misterios se cargan. Un viento susurra, entre las calles estrechas.

Cuenta una leyenda, de algo sucedido en este barrio, por el año 1852, cuando Bogotá era una pequeña aldea, rodeada de cientos de ranchos habitados por mestizos, indígenas, y españoles caídos en desgracia. Caminos de herradura se encontraban sobre agrestes desfiladeros, que constituían los límites de la ciudad. Hasta este lugar llegó un soldado, que venía de camino, y se detuvo para descansar. Rodeó una vieja casona. De repente, un alarido diabólico invadió el aire. Lentamente, el soldado se acercó a un orificio de pocos centímetros, instalado en la pared exterior del caserón español. Del orificio se descolgaba una capa de musgo. Acercándose, se escuchaban aullidos en tono lúgubre, que le puso la piel de gallina. El soldado, quien había luchado en las más duras batallas, sintió miedo. Tembloroso se asomó por aquel hueco, y observó a una criatura de rostro desfigurado, que se revolcaba entre girones de tela y ropas mortecinas. Aterrorizado, fue en busca de las autoridades, y les informó sobre lo que acababa de presenciar. Los oficiales se dirigieron al lugar, miraron a través del orificio, y vieron al ser que les hacía señas con la mano. Un funcionario se acercó a la entrada de la residencia, llamando a la puerta.

-¿Quién es? (preguntó alguien desde adentro)

-La autoridad, tenga la bondad de abrir de inmediato.

A la puerta sale una mujer de mediana edad, que miraba en tono desafiante. El funcionario le pregunta:

-¿Quién vive aquí?

-Yo (contesta la mujer)

-¿Cómo se llama?

-Trinidad Forero.

Unos oficiales retuvieron a la mujer que se oponía al registro de su casa. Los demás se dirigieron hacia el lugar de donde provenían los lamentos, y encontraron una escena espantosa. En un lecho lleno de excremento y gusanos que reptaban por todas partes, yacía el cuerpo desnudo de una mujer, quien murmuraba débiles quejidos, implorando compasión. De sus ojos brotaban lágrimas y con sus gestos indicaba lo mucho que estaba sufriendo. Su aspecto era como un cadáver viviente. Entonces se ordenó sacarla del lugar y llevarla a un hospital. Allí fue identificada como la criada de Trinidad Forero. Los médicos encontraron múltiples señales de horribles torturas y un estado de desnutrición avanzado, por lo que declararon que estaba viva de milagro.

Trinidad Forero fue interrogada por las autoridades, a quienes confesó la motivación de su crimen. Ella era una mujer soltera, que deseaba hallar un hombre con el cual casarse y formar un hogar. Para eso, invitó a su casa a varios caballeros que la pretendían, pero cuando la visitaban, se quedaban admirados por la belleza de la empleada doméstica. Eso despertó en Trinidad los más profundos celos, y comenzó a tratar a su criada con hostilidad. El maltrato avanza hasta que la encierra en una habitación, donde la ata de manos y pies, a una cama, golpeándola constantemente, y privándola de alimentación. La mantenía con vida, haciéndole ingerir orina y materia fecal. Luego vino una tortura impresionante. Con un alicate sacó todas sus piezas dentales, cortó su rostro desde la comisura de la boca hasta las orejas, con el propósito de desfigurar su rostro. Enseguida le hala el cabello, arrancándolo completamente hasta dejarla calva. Con unas pinzas la despoja de las cejas, las pestañas y el vello púbico. Luego le quema la espalda, el pecho y el abdomen, con una plancha al rojo vivo. Después de aquella tortura física que le causó tan terrible dolor, viene la tortura sicológica. Para eso, coloca un espejo permanentemente frente a ella, el cual obliga a mirar, inmovilizando su posición, así aumentaba su sufrimiento, al ver su figura monstruosa. Le dice con tono irónico: “Mira que hermosa estás”. De esta manera la malvada mujer desahogaba toda su frustración y sus horribles celos.

Trinidad Forero fue llevada a prisión, lugar donde murió después de sufrir un gran padecimiento que le provocó una enfermedad neurológica, la cual le producía terribles jaquecas y fiebres que le quemaban la cabeza. Su víctima fue salvada, sin embargo, no pudieron devolverle la belleza que tenía antes. Se dice que pedía limosna en las calles.

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En la actualidad, el barrio La Candelaria, es considerado patrimonio cultural de la ciudad de Bogotá, pues conserva aquellas casas antiguas de arquitectura colonial, y sus calles empedradas, donde alguna vez aconteció esta impresionante historia, y en el cual, se escucha el eco de sus fantasmas.

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A los lectores: Si les ha gustado esta historia, y desean apoyarme con sus luces, les agradecería que lo hicieran en el artículo que está en portugués. Esta es la traducción que hice para vuestra comodidad.

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