Hace mucho tiempo, en un mundo donde el destino de los videojuegos dependía de un solo héroe, vivía un chico llamado Hiroshi. Hiroshi no era el héroe que todos esperaban. En lugar de espadas legendarias y armaduras brillantes, él solo tenía una sudadera con capucha y una obsesión por encontrar códigos de canje y objetos gratis en cada juego que jugaba.
Un día, el Gran Mago del Reino, con su barba más larga que un nivel de RPG interminable, lo convocó.
"¡Hiroshi! ¡El Rey Demonio ha robado la Espada del Destino! ¡Solo tú, el elegido, puedes recuperarla!" exclamó el Mago, esperando una reacción dramática.
Hiroshi bostezó. "¿La Espada del Destino? ¿Es un DLC gratuito o tengo que pagar por ella?"
El Mago casi se cae de espaldas. "¡Es una misión de vida o muerte! ¡El destino del mundo está en juego!"
"Ah, ok. ¿Y hay algún tipo de recompensa gratis por esto? No sé, ¿un skin épico o una montura rara?" preguntó Hiroshi, mientras revisaba su inventario mental de cupones de descuento.
El Mago, perdiendo la paciencia, le dio un mapa místico. "¡Toma! ¡Te llevará al Castillo del Rey Demonio!"
Hiroshi miró el mapa. "¿Seguro que no hay un atajo o un glitch que me permita teletransportarme?"
El viaje fue... peculiar. En lugar de pelear contra monstruos, Hiroshi se pasaba el tiempo buscando cofres que nadie había abierto y hablando con los personajes no jugables para ver si le daban ítems de bienvenida. A un duende gruñón le sacó un elixir de salud solo por decirle que le gustaba su gorro, y a un troll de puente, en lugar de luchar, le vendió unos calcetines sucios que había encontrado y le compró una poción de invisibilidad.
Cuando finalmente llegó al castillo, el Rey Demonio lo esperaba, majestuoso y amenazador en su trono. La Espada del Destino flotaba a su lado.
"¡Has llegado, héroe insignificante! ¿Estás listo para tu destino... ¡Y para la derrota!" bramó el Rey Demonio.
Hiroshi se rascó la cabeza. "Oye, ¿te molesta si hago una pregunta rápida?"
"¡Adelante! ¡Pregunta lo que quieras antes de tu inminente destrucción!"
"Mira, veo que tienes la Espada del Destino ahí... ¿pero no te ha salido una oferta especial para un pack de armas legendarias? Es que en el anuncio decía que venía con dos dagas y un hacha que se iluminan..."
El Rey Demonio se quedó en silencio, parpadeando. El ambiente épico se desvaneció.
"¿Qué? ¿De qué estás hablando?"
"Sí, es que he estado revisando un blog de juegos y parece que hay un código que te da un pack de armas... a menos que el tuyo sea un modelo anterior. Porque, la verdad, la Espada del Destino se ve bien, pero esos efectos especiales... no sé. Creo que el pack te conviene más, y seguro está en oferta."
El Rey Demonio, completamente desorientado, miró a su alrededor. "¡Guardias! ¡Deténganlo... digo, ¡encuentren el código!"
Mientras los guardias del Rey Demonio salían en estampida buscando un código de descuento que no existía, Hiroshi, con una sonrisa triunfante, recogió la Espada del Destino. No era porque tuviera poderes, sino porque seguramente venía con un par de skins extra que valdrían la pena. Al final, el mundo se salvó, no por una batalla épica, sino por la obsesión de un chico por conseguir cosas gratis.
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