Quizás Oddity no sea una gran película de terror ni tampoco destaque por tener un gran desarrollo narrativo. Sin embargo, incluso en lo imperfecto siempre se esconde algo fascinante. Esta película propone una idea diferente, una vuelta de tuerca a lo que solemos esperar del cine de terror: nos invita a confiar en el “malo”. Sí, esta vez la historia nos sugiere que, si alguien golpea nuestra puerta, tal vez no deberíamos negarle la entrada. Nos pide que lo miremos, que dudemos, que cuestionemos nuestra primera reacción. Y en ese gesto, siento que la película juega con nosotros, como si nos preguntara: ¿qué harías realmente si estuvieras en ese lugar?

En lo personal, me hizo dudar. Durante unos segundos pensé: ¿abriría la puerta? Lo cierto es que, en la vida real, todos sabemos que la mayoría no lo haría. Pero Oddity plantea que, esta vez, estamos equivocados. Ahí radica lo interesante: nos enfrenta al peso de nuestros prejuicios y del miedo que nos gobierna. Porque, ¿cuántas veces tomamos decisiones impulsadas más por el temor que por la razón? El cine, en este caso, nos confronta con esa parte primitiva que desconfía del otro por instinto, esa voz interna que nos dice “cuidate, no abras”. Sin embargo, la historia se atreve a invertir la lógica, ya que en este caso abrir la puerta habría salvado la vida de la protagonista.
Lo que más me llamó la atención es cómo la película introduce una reflexión sobre la empatía y la percepción del peligro. ¿Por qué asumimos que lo desconocido siempre es una amenaza? Oddity nos recuerda que etiquetar al otro como “el malo” es un mecanismo automático que rara vez cuestionamos. Y, sin embargo, en esta historia, el supuesto enemigo es quien tenía la respuesta, quien podía evitar la tragedia. Entonces, surge la pregunta: ¿cuántas veces en la vida real dejamos de escuchar voces que, aunque suenen extrañas, podrían guiarnos hacia algo mejor? No sé, lo pienso y no tengo la respuesta. Pero la película nos plantea esa pregunta.
En definitiva, la película deja flotando un dilema que trasciende la pantalla: si un desconocido golpea nuestra puerta, ¿deberíamos abrir? Quizás no tengamos la respuesta, pero Oddity nos invita a pensar que no todo lo que tememos merece ser rechazado. A veces, la salvación puede estar disfrazada de aquello que más nos asusta.


¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.