La película más aterradora de John Carpenter 

Cuando se habla de horror cósmico, solemos pensar en tentáculos, megalofobia e incluso malinterpretar el concepto por ‘horror del espacio’. Lo cierto es que el subgénero va mucho más allá, implementando una oscura filosofía y recordándonos que el ser humano es una mancha insignificante comparado con la eterna e inmortal existencia misma.

Pues el maestro del horror cinéfilo, John Carpenter, supo plantear tan bien este estilo narrativo que le dio un giro inesperado, llevando las inquietudes más extremas del horror cósmico a un mundo lleno de paranoia y delirio colectivo. Estas ideas radicarían en la incomprendida ‘Trilogía del Apocalipsis’, conformada por ‘La cosa’, ‘En la boca del miedo’ y la más olvidada de todas, ‘El príncipe de las tinieblas’; una incomprendida joya de terror que vale la pena diseccionar.

‘El príncipe de las tinieblas’ nos narra como la religión y la ciencia deben unir fuerzas para evitar que un misterioso líquido verde resguardado en una iglesia escape después de estar emprisionado durante casi 2, 000 años. Esta entidad altera la atmósfera terrestre, causando desviaciones climáticas y comportamientos perturbadores en seres vivos. Estamos hablando de un demonio capaz de extinguir a la raza humana en cuestión de tiempo.

El concepto de por si mismo ya resulta irresistible, pero la ejecución es aún mejor, culminando en una pesadilla que se toma su tiempo para establecer una ambientación inquietante hasta llegar a un explosivo tercer acto. La mayoría de la cinta transcurriendo en una antigua iglesia cuyas desgastadas paredes parecen cada vez hacerse más pequeñas, arrinconando a nuestros personajes en un claustrofóbico laberinto de cemento; en el que cada vuelta de esquina podría significar la muerte o un destino incluso peor.

El verdadero miedo de los personajes se genera desde su incapacidad de creer. Científicos que sólo se guían por la razón y no por la fe, convirtiéndose en una presa fácil para un mal cuyo propósito es apoderarse de cada saco de carne hereje con tal de crear caos en su camino a la vida eterna y resurrección de su padre, el mismísimo Satán. Se trata de una deidad cuya existencia desafía cualquier creencia preestablecida, siendo un reto que no pudo ser estudiado propiamente ni siquiera en los miles de años que estuvo contenido.

Carpenter juega tanto con la mente de los personajes como con la del espectador, distorsionando la realidad y mezclando lo onírico con lo palpable. El tiempo y espacio como lo conocemos deja de tener relevancia alguna. Últimamente nuestra conclusión llega a ser la misma que la de los protagonistas, estamos solos en el vasto cosmos y nadie vendrá a ayudarnos. Nuestro destino se escribió cientos de años atrás y nuestras acciones solamente ralentizan el inquietante destino final que nos depara.

Tal vez creamos en algo por que nos aterra saber lo que depara más allá de las estrellas y después de nuestra muerte. Queremos sentir algo que nos acompañe con tal de no caminar solos por el valle del infinito, y eso es aterrador.

‘El príncipe de las tinieblas’ no solamente es una de las películas de horror más valientes de su respectivo siglo, sino que se aleja de los clichés del género para ofrecer una perspectiva fresca sobre la vida, la muerte y lo que no vemos más allá de nuestro pequeño rincón de nada. Mezclando horror corporal, posesión demoníaca y los sueños más perversos para recordarnos que nunca deberíamos dejar de temerle a la oscuridad.

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