Te pregunto: ¿quieres volver a ser joven?, pero, y acá está la trampa, con lo que sabes del presente. Si La Sustancia fuera real, habría escasez de viejos en las calles y sobradez de jóvenes en las cárceles, jajajajajajaja.
Vivir es anhelar profundamente ser siempre joven, por algo en mi país hay un dicho súper común cuando te dicen viej@: “viej@ la cédula”. Siempre el anhelo de tener tiempo de sobra le gana a cualquier racionalidad, porque queremos cometer estupideces sin preocuparnos por el tiempo en volver a tomar "el buen rumbo", y eso solo sucede cuando se es joven.
Las consecuencias de nuestros actos se ven tan lejanas y tan ajenas porque "hay tiempo para rectificar". Y no es que un joven piense sobre esto conscientemente, es que ve tantas vidas resueltas, a las buenas o malas, a su alrededor, que se proyecta en las buenas y se cree inmune a las malas. Con el tiempo la vida nos muestra que es al revés.
Si algo enseña La Sustancia es que cuando somos Elizabeth Sparki al final de sus años mozos, cuando la edad está suficientemente acumulada - y es visible- , que has visto nacer, crecer y formarse a tu reemplazo, pero se te hace el milagro de volver a ser joven… ¿Qué haces? Pues caes en la trampa de volver por el mismo sendero de los errores cometidos. Como si la sabiduría acumulada de tu vida se desvaneciera en un suspiro.
Harvey es la sociedad, en su forma más chocante y nauseabunda, diciéndonos: “quítate del camino, que viene sangre nueva”, y llega Sue.
Y Sue, te pregunto: ¿por qué volver a andar el camino de Elizabeth? ¿Por qué el mismo trabajo, la misma lujuria, la misma vanidad? No puedo evitar pensar que es el mismo camino que todos tomaríamos, o al menos la gran mayoría. Un puñado de privilegiados tomarían otro camino si pudieran empezar de nuevo, pero este estaría más allá de las 3 medias del punto Z. Los estadísticos saben de qué hablo.
Por eso digo que las cárceles estarían llenas de jóvenes que alguna vez fueron viejos; se desataría un mar de inconsciencia, empujando los límites más allá de lo permitido, porque la sola sensación de estar en este bucle vivencial los haría —o nos haría— pensar que no hemos vivido lo suficientemente ni lo desaforadamente necesario en este planeta.
Te pregunto, señor lector: ¿eso te llevaría a los excesos o a la mesura?
Y acá es donde pienso que quizás la película nos muestra su enseñanza más sutil: la vida te viste de una sabiduría año tras año, error tras error, y que llega precisamente porque no hay forma de desandar el camino. Sin segundas oportunidades temporales, nos queda la vida yéndose y nosotros queriéndola vivir más plenamente.
La clave de la vida entonces se nos muestra: la vida es el ahora con toda su intensidad, su brillo, su hermosura y sus tragedias grandes y pequeñas.
Si alguna vez La Sustancia es real, nuestro fin estará asegurado.


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