Balbuceo Errático 

La humanidad es un glosario en decadencia. Eso es, y será, materia de ciencia ficción. El ser humano tiene fecha de vencimiento. Los desarrollos tecnológicos, en el futuro, podrían ser la soga al cuello de la especie: ya sea porque la tecnología termine anulando a la raza humana o porque nos haga inmunes a la fantasía de una felicidad eterna.

El cine de ciencia ficción suele ser apocalíptico, transitando siempre por lugares comunes: la inteligencia artificial o los cyborgs adueñándose del planeta, las máquinas aniquilando a la humanidad en un abrir y cerrar de ojos. ¿Qué futuro puede haber cuando la visión siempre es oscura? En la pantalla grande, la trama es la misma: la odisea de un héroe librando batallas para salvarnos. Una liturgia fantástica, repetida en saga tras saga, donde el bien vence al mal en el último instante, sin matices ni grises.

La pregunta es: ¿por qué? ¿Y cuál podría ser la verdadera respuesta?

Si las mentes brillantes del planeta usaran los recursos de la mente y la tecnología para hacer el bien, tendríamos un final feliz. Ah… perdón, casi caigo en la trampa: la de soñar con un desenlace perfecto. Mi interpelación va más allá de la ciencia ficción: ¿por qué buscamos vivir fuera del sistema? ¿Por qué preferimos hoy una libertad mal entendida a las obligaciones? ¿Por qué necesitamos un Dios al que acudir cuando estamos en problemas?

No sé si Dios existe, o si es solo la proyección de nuestra necesidad de un padre al que volver cuando estamos en crisis. La salvación eterna está en uno mismo, y solo en uno. Pero bucear en el interior requiere esfuerzo, es tedioso y difícil; por eso resulta más cómodo sentarse a rezar y esperar que algo externo nos rescate. Idealizar de manera infantil parece más fácil. Quizás no estamos programados aún para hacerlo… o al menos no hoy. Tal vez en un futuro lejano sí.

Pero, ¿cómo es la “manzana” en la que vives hoy? ¿Cómo son las relaciones con las personas? ¿Por qué existen tantas desigualdades, falsedades, hipocresías? ¿Por qué crecen la desunión y la desconfianza? Y podría seguir enumerando. Quizás en el futuro logremos revertirlo, pero la gran pregunta es: ¿hasta dónde quiere llegar la humanidad? ¿Hasta dónde quieres llegar vos? ¿Hasta dónde te permiten ser vos mismo? ¿Por qué no arremeter con el corazón y la pasión, o es que eso está reservado solo para algunos?

Hoy muchos creen que su vecino es un “ganador” por el dinero que tiene en el banco, el auto que maneja o la apariencia que muestra, aunque puertas adentro sea lo contrario. Total, el día que muera, todos dirán que fue el mejor padre, hijo, jefe o amigo. Juzgar sin conocer parece más fácil que detenerse un instante en el camino para pensar. No escuchamos. Nos dejamos arrastrar por creencias heredadas, pero pocas veces nos detenemos a cuestionar si son verdaderas. Seguimos a la manada, como animales.

Este fue un balbuceo errático de ideas, que no hablan del futuro, sino del presente. Del día a día. Si queremos un mañana distinto, depende de lo que hagamos hoy.

Y quizá, entonces sí, la ciencia ficción pueda contar historias de otro tenor, alejadas del apocalipsis… pero solo si empezamos a cambiar ahora.

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