Al final: ¿Muere o no muere Tony Soprano? 

¿Muere o no muere Tony Soprano? Hay distintas líneas de pensamiento con respecto a esta pregunta, sobre la que se han elaborado diversas teorías e interpretaciones, y advierto que antes del final de esta reseña voy a revelar algunos detalles de ese final. Aviso lo del spoiler por si te pasa lo mismo que a mí, que llegué “Los Sopranos” 26 años después de su estreno, el 10 de enero de 1999. Valió la pena, la serie de David Chase está sin dudas entre las más emblemáticas de la historia. De hecho, ocupa el número uno entre las 100 mejores de todos los tiempos según Rolling Stone. Igual, no se preocupen, les voy a avisar antes de entrar en detalle. No quisiera arruinar la experiencia de nadie.

Es una serie larga, a la antigua, que se codea con el cine en muchos sentidos: producción, guión, fotografía y millones de espectadores cada semana esperando un nuevo capítulo. Me llevó unos cuantos meses maratonear sus 86 episodios -de una hora en promedio- distribuidos en seis temporadas.

“Marcó un quiebre en la forma de filmar series e instaló para siempre la figura del antihéroe, con asesinos encantadores, estafadores y maleantes con los que uno se encariña de una forma difícil de descifrar ”

Lo primero que debo decir es que es adictivamente genial, que marcó un quiebre en la forma de filmar series e instaló para siempre la figura del antihéroe, con asesinos encantadores, estafadores y maleantes con los que uno se encariña de una forma difícil de descifrar y que parte del que quizás sea su primer gran acierto: el casting. Aunque mucho de lo que sucedió allí estuvo en manos del azar, por decirlo de alguna manera.

Personajes que no son tan distintos a las personas

Por la forma en que murió, James Gandolfini no parecía ser muy distinto a su personaje. Hijo de familia italo-estadounidense, de papá albañil y madre cocinera, antes de iniciar su carrera como actor, había sido patovica de boliche, manager de un club nocturno, camionero y mozo en un bar. Todo en New Jersey, donde se desarrolla la serie. Había formado parte de grupos de alcohólicos anónimos y según su ex esposa consumía cocaína. Nunca se adaptó al mundo de las celebridades y despreciaba la fama que lo sorprendió de grande: su primer protagónico fue a los 40 años, y cuando hizo el casting para hacer de Tony se retiró enojado consigo mismo, convencido de que no quedaría. Siempre en roles vinculados al mundo de la mafia. En su última cena comió como lo hubiera hecho Tony Soprano. Era 2013 y estaba de paseo por Roma con su hijo Michael, en aquel entonces con sólo 14 años. El mismo que, años más tarde, encarnó al personaje su padre en la juventud en “The Many Saints of Newark”, la precuela de la serie. Gandolfini se atragantó con un foie gras y unos langostinos fritos con mayonesa y salsa picante, que bajó con un par de cervezas, otro par de piñas coladas y cuatro medidas de ron. De regreso en la habitación, su hijo lo encontró tirado en el piso del baño. Un infarto de miocardio se lo llevó puesto con apenas 51 años.

Tony Sirico, que interpretaba a Peter Paul Gualtieri, uno de los leales consigliere de Tony, vivía con su mamá cuando grabó el piloto de Los Soprano. Tenía 55 años y había sido arrestado 28 veces, la primera a los siete años. Era pesado de verdad, un referente respetado en el mundo criminal. “Donde yo crecí cada tipo intentaba probarse a sí mismo. O tenías un tatuaje o una cicatriz por arma de fuego: yo tengo las dos. Siempre andaba armado. La primera vez que fui a prisión me encontraron tres pistolas. Les expliqué que en nuestro barrio si no cargabas un arma era como si fueras el conejo durante la temporada de caza”, contó en una entrevista sobre su vida en Brooklyn, donde era parte de la familia criminal Colombo bajo el mando de Jimmy ‘Green Eyes’ Clemenza.

Se convirtió en actor cuando vio una obra en la cárcel protagonizada por una compañía de ex convictos. “Los vi y pensé: yo puedo hacer eso. No era feo y tenía agallas. En prisión practicaba frente a asesinos y secuestradores y los tenía que hacer reír”, recordó el actor que alguna vez posó desnudo para la tapa de una revista porno. Debutó con unas líneas en “El Padrino II” y trabajó con Scorsese en “Buenos muchachos”, ya tenía la experiencia de disfrazarse para robar y no ser reconocido. Fue apenas un trámite pasar del mundo real a la ficción, donde nunca aceptó que sus personajes sean ni soplones ni abusadores.

Otro giro que podría haber cambiado radicalmente el estilo de la serie es si Steve Van Zandt, también conocido como “Little Steven” o “Miami Steve”, el guitarrista de la E Street Band de Bruce “The Boss” Springsteen, que en la serie interpreta a Silvio Dante, la mano derecha de Tony, se hubiese convertido en el mismísimo Tony, papel para el cual fue casteado. El suyo es un personaje histriónico, caricaturesco, imprescindible en la historia. “Miami Steve” creyó que Chase lo estaba convocando para hacerse cargo de la banda de sonido y se sorprendió cuando el director le dijo: “Sos actor, sólo que todavía no te diste cuenta”. No quedó con protagonista, pero su carisma frente a las cámaras fue tan poderoso que Chase inventó ese personaje para que fuera parte del elenco.

Por último, la que finalmente se convirtió en la psicóloga de Tony, la doctora Melfi, en un principio fue convocada para el papel de Carmela Soprano, la esposa del capo mafia. Hablamos de la actriz Lorraine Bracco, que venía con grandes antecedentes en historias del hampa por su participación en “Buenos muchachos”. Fue ella quien prefirió no ocupar el lugar de Carmela, ya que no quería quedar encasillada en ese rol. La película de Martin Scorsese fue una clara influencia cinematográfica para Chase, que incluyó a 27 actores y actrices que integraron el elenco del filme, incluyendo a Frank Vincent, el eterno enemigo de Tony, Phil Leotardo, y a Michael Imperioli, que interpretaba a Christopher Moltisanti, sobrino y protegido de Tony.

El origen de la serie y un final oscuro

Muchas de estas revelaciones pueden verse en “Uno de los nuestros: David Chase y Los Soprano”, el documental en dos partes que puede verse en Max. Allí, el director cuenta que el origen de la historia tiene que ver con su propia historia personal y la traumática relación con su propia madre, sobreprotectora y manipuladora. La psicóloga del director en la vida real también fue parte de la inspiración proyectada en la serie, sólo que Chase decidió que el tipo que debía resolver en terapia el vínculo materno fuera un personaje violento, peligroso y mal llevado. Así nació Tony, que en el fondo tiene mucho de Chase en su ADN. La terapeuta de Chase se convirtió así en una asistente más al servicio de la serie, ofreciendo su conocimiento al servicio del perfil psicológico de los personajes. Otro hallazgo en el reparto es la actriz Nancy Marchand (Livia Soprano, la mamá de Tony), que supuestamente iba a ser asesinada por su hijo en la primera temporada. Pero fue la actriz quien convenció al director que la dejara vivir, ya que estaba enferma de cáncer y su papel la ayudaba a sobrellevar la enfermedad.

El director era consciente de que cada vez que un personaje moría debía abandonar definitivamente el rodaje, y solía tener un gesto de cortesía que se parecía un poco al beso de Judas. Cada vez que estaba por rodar un capítulo donde uno de los protagonistas iba a morir, tenía la costumbre de invitarlo a cenar a su casa. Un grato convite, que acarreaba el sabor amargo de saber que ya no sería parte del elenco en el futuro. Morir en “Los Soprano” no era un tema menor. Fue tal el impacto que la serie provocó en aquel entonces, que hasta los verdaderos mafiosos comenzaron a sospechar si no había filtraciones en sus filas. De hecho, una anécdota cuenta que Gandolfini recibió una noche un sospechoso llamado anónimo de un supuesto capo de la mafia, en el que le reprochaba detalles de su personaje: “Ningún Don usaría jamás unas bermudas”.

Entonces, vayamos al grano: ¿muere o no muere Tony? Al respecto, el director siempre repitió una misma frase como mantra: "No tengo interés en explicar, defender, reinterpretar o agregar nada a lo que está ahí". En la previa de la escena final, el nervio del espectador viene amasado con un flashback donde Tony y su cuñado de Bobby Bacala charlan sobre un bote pescando en un lago hablando de la muerte: “Lo más habitual es que no lo oigas cuando ocurre”, le advierte. La muerte no avisa, simplemente sucede, y luego de eso ya no habrá más nada. Un fundido a negro.

Así llegamos a la escena del final con mucha cámara subjetiva mostrando la mirada del protagonista. Desde la puerta de un restaurante, elige una mesa que le brinde seguridad. Luego ojea el menú mientras espera a su familia en una secuencia cargada de intriga. Van llegando uno por uno. Primero Carmela, luego Antonio Jr., y también algunos personajes sospechosos que la cámara sigue generando tensión. Todo indica que algo va a suceder. Incluso la ansiedad va in crescendo con los intentos malogrados de su hija Meadow por estacionar su auto. Tony pone a sonar en una pequeña rockola el tema de “Don’t Stop Believin’”, de Journey. “Some'll win, some will lose, Some are born to sing the blues.The movie never ends. It goes on and on and on and on. Strangers waitin'. Up and down the boulevard. Their shadows searchin' in the night”, dice la letra. Su hijo le recuerda un consejo que alguna vez le dio: “Quédate con los buenos momentos”. De pronto Meadow entra al restaurante con cara de preocupación y Tony mira hacia la puerta. Es el climax de la escena y, súbitamente, la pantalla se funde a negro. Pasan unos segundos de silencio donde todos sentimos que se cortó el final por error, hasta que aparecen los títulos. Un cierre que para muchos fue una genialidad, y otros tantos odiaron. Tácito, sugerente, abierto, inesperado como la propia muerte que no avisa cuando llega, y luego todo es oscuridad.

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