Los Roses (2025), dirigida por Jay Roach, llega a los cines como una reinterpretación de la novela The War of the Roses de Warren Adler, que dio origen a la icónica película de 1989 protagonizada por Michael Douglas y Kathleen Turner. Esta nueva versión, encabezada por los brillantes Olivia Colman y Benedict Cumberbatch, no busca replicar la ferocidad de su predecesora, sino que ofrece una comedia romántica con un toque de sátira contemporánea, envuelta en un humor ácido y una reflexión profunda sobre las dinámicas de pareja en el siglo XXI. ¿El resultado? Una película que, aunque no alcanza el filo cáustico de la original, brilla por su inteligencia, actuaciones estelares y un enfoque fresco que resuena con las sensibilidades actuales.

Una pareja perfecta, solo en la superficie
La trama sigue a Ivy (Colman) y Theo (Cumberbatch), una pareja británica que, a primera vista, lo tiene todo: carreras exitosas, hijos encantadores y una química que parece sacada de una postal. Pero, como en toda buena comedia negra, la fachada es solo eso: una ilusión. Cuando la carrera de Theo, un arquitecto meticuloso, colapsa tras el fracaso de un proyecto, y las ambiciones de Ivy, una chef talentosa, despegan, el equilibrio de su matrimonio se desmorona. Lo que comienza como una chispa de celos profesionales se convierte en una guerra dialéctica llena de ingenio, donde cada palabra es un dardo y cada gesto, una estrategia.
La película utiliza flashbacks para mostrar los días felices de la pareja, desde su primer encuentro —un momento de pura chispa romántica— hasta los pequeños resentimientos que se acumulan como polvo bajo la alfombra. Este enfoque narrativo, combinado con un guion ágil de Tony McNamara (La favorita, Poor Things), da a Los Roses un ritmo dinámico que alterna entre risas y momentos de incomodidad que golpean cerca del corazón.

Colman y Cumberbatch: Un duelo de titanes
El mayor atractivo de Los Roses es, sin duda, el talento de sus protagonistas. Olivia Colman, con su habilidad para transitar entre la vulnerabilidad y la ferocidad, dota a Ivy de una humanidad compleja: es una mujer que lucha por reconciliar su éxito con su papel de madre y esposa, pero que no teme sacar las garras cuando la provocan. Benedict Cumberbatch, por su parte, ofrece un Theo rígido y obsesionado con el control, cuya caída profesional desata una mezcla de patetismo y rabia que resulta tan divertida como conmovedora. Sus duelos verbales son el alma de la película, un combate de esgrima lingüística donde cada réplica es más afilada que la anterior.
El reparto secundario, con nombres como Andy Samberg y Kate McKinnon como los amigos Barry y Amy, aporta un contrapunto cómico más ligero, aunque a veces se siente desconectado del drama central. Allison Janney, como la abogada de Ivy, y Ncuti Gatwa, en un papel pequeño pero memorable, añaden capas de humor y tensión que enriquecen la narrativa.

Comparación con La guerra de los Rose (1989)
Es inevitable comparar Los Roses con La guerra de los Rose, la película de Danny DeVito que definió el género de la comedia negra matrimonial. La versión de 1989 era un torbellino de crueldad y humor visceral, con una puesta en escena que llevaba la batalla por la casa conyugal a extremos grotescos y memorables. Su tono era implacable, casi terrorífico, con momentos como la célebre frase de Kathleen Turner (“Cuando te veo comer, cuando te veo dormir, cuando te tengo delante, me dan ganas de partirte la cara”) que capturaban la intensidad de un matrimonio en descomposición.
En contraste, Los Roses opta por un enfoque más suave y contemporáneo. Mientras que la original abrazaba una violencia física y emocional que hoy podría sentirse excesiva, la versión de 2025 se inclina hacia una sátira más verbal y menos beligerante. Algunos críticos han señalado que esta suavidad le resta “espinas” a la historia, convirtiéndola en una comedia más convencional que no alcanza la ferocidad de su predecesora. Sin embargo, esta diferencia es también su fortaleza: Los Roses moderniza la narrativa al explorar temas como los roles de género, la presión de las redes sociales y la lucha por el poder en un matrimonio igualitario, temas que resuenan más con las audiencias actuales. No es un calco de la original, sino una reinterpretación que dialoga con el presente, sacrificando algo de la acidez por un tono más accesible y humano.

Un reflejo del matrimonio moderno
Lo que hace a Los Roses especial es su capacidad para equilibrar el humor negro con una reflexión honesta sobre el matrimonio. La película no solo se ríe de las miserias de Ivy y Theo, sino que invita al espectador a cuestionarse cómo el orgullo, los celos y las expectativas culturales pueden erosionar incluso las relaciones más sólidas. Hay momentos en los que la crueldad de sus enfrentamientos se siente como una forma retorcida de intimidad, una paradoja que la película explora con inteligencia: a veces, el amor y el odio son dos caras de la misma moneda.
Visualmente, Los Roses es un placer, con una cinematografía que captura tanto la opulencia de la vida de los protagonistas como los pequeños detalles que revelan sus fracturas emocionales. La banda sonora, con un toque de ironía británica, acompaña perfectamente el tono de la película, mientras que la dirección de Roach encuentra un equilibrio entre la comedia y el drama sin caer en el exceso.

¿Vale la pena verla?
Los Roses no es perfecta. Algunos espectadores pueden echar de menos la audacia desenfrenada de La guerra de los Rose, y el guion, aunque brillante, a veces se queda corto en profundizar la oscuridad que promete. Sin embargo, la química entre Colman y Cumberbatch, combinada con un humor inteligente y una mirada fresca sobre el matrimonio, hace que la película sea una experiencia redonda. Es una comedia que no teme mostrar las espinas del amor, pero que también recuerda que, incluso en la guerra, hay momentos de belleza.




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