Es habitual que hoy en día nuestros ojos estén acostumbrados a ver el mundo que transcurre a nuestro alrededor con una naturalidad difícil de arrancarnos emociones. Hemos recorrido lugares, plazas, salones, aulas, parques y lugares que dibujan nuestro día día. Ya nada nos sorprende. Hemos perdido esa hermosa capacidad de apreciar los detalles de la vida. La tecnología ha reemplazado en gran medida toda garantía de felicidad real como cuando éramos niños…y es aquí donde comienza mi historia.
Dónde Viven los Monstruos, cuento infantil que fue adaptado por el director Spike Jonze, es hasta la fecha, una película que evito mirar con otras personas. Cuando alguien (que raramente lo hace) me pregunta cuál es mi file favorito, siempre e de mencionar está maravillosa adaptación. Pero corto la charla de inmediato. No puedo evitar pensar en las moralejas, las ideas que me vienen a la cabeza cuando termine de ver esta película y había llorado como cuando era niño.
La historia parece simple: un niño llamado Max vestido con un mameluco de conejo descubre un mundo que le rodea dándose cuenta de que no todo es lo que parece. Se comporta como un chiquillo que por momentos cae muy mal, y llega a ser insufrible. A esto se le une su madre, la proveedora del hogar que tiene una relación con un compañero de trabajo y Max, al darse cuenta de esto, decide irse para emprender una aventura de la cual no hay retorno. Se embarca en un recorrido que acabará por socavar muchas de sus ideas.
Al terminar de ver la película no deje de pensar en mi abuelo, en mi vida y en lo que ha sucedido a mi alrededor sin que yo lo noté. Dónde Viven Los Monstruos me lo recordó de forma abrupta.
Una vez que nuestro protagonista llega a una isla donde conoce monstruos de los que rápidamente se hace amigos, al comienzo notamos que podremos salir de la película sin una lección. Pero esto no es sencillo. Esto no es un cliche. Esto es una examen de introspección que le dio varios golpes a mi ego sin que yo pudiera evitar salir ileso.
Cada uno de los monstruos son hermosos a su manera y a su forma. El primero de ellos lleva por nombre Carol, un ser que parece un oso de peluche con grandes ojos y boca atestada de pequeños colmillos que es un mero reflejo del pequeño. Este fue un duro golpe al comienzo ya que al encontrarse con un “fragmento” de su ser, también está lleno de frustraciones, miedos y preguntas sin respuestas. Y es aquí donde comienzan a surgir los simbolismos y las metáforas que rápidamente se adhieren a cada sentido.
No pude evitar derramar una lágrima al ver la pequeña maqueta construida ya que allí estaban los monstruos hechos a mano y su reyno. Me pregunte si era un dardo a mi corazón ya que soy amante del coleccionismo de figuras. Un nudo se formó en mi garganta mientras Max admiraba la complejidad de esa obra. Pero surgió una pregunta en mi: por qué continuo con mi hobbie? Hay algún vacío que yo, al igual que Max, deba curar?
Quite la película y no deje de pensar en el filme. Bebí un vaso de agua y me quedé pensando en cada personaje. Al término del escrutinio descubrí con cierta tristeza que había visto una película de mi propia vida.
Analice sus personajes. Estaba Alexander, un monstruo de pelaje calizo que es tímido y casi de inmediato me transporte a mi propio pasado, cuando no tuve el valor para decirle a la niña que me gustaba lo que sentía por ella. Me vi en una orilla de mi salón de secundaria mirándola, justo como Alexander a Max cada que entraban en una conversación; esto me dio un golpe de realidad que me hizo sollozar.
Enseguida pensé en Bull, el monstruo solitario y nuevamente mis sentidos se vieron arrollados ya que en algún punto de mi vida no deseaba que nadie se acercara o que estuviera dirigiendo la palabra ya que antes de bajar de peso, prefería aislarme para evitar burlas.
Cómo balas yendo y viniendo pensé en Judith, la figura femenina que era brusca pero al mismo tiempo calida. Sonrei al darme cuenta de que una parte de mi cabeza veía a mi madre como ese ser que era cruel cuando debía serlo pero cálido cuando era menester. Y entonces volvió la tristeza al recordar una de las líneas de este personaje: “te quiero tanto que te comería”. Vaya, nunca me lo dijo mi madre pero hubiera sido lindo escucharlo de forma somera en algún punto de mi vida.
Al mirar a la ventana vi a los otros dos monstruos restantes siguiendo a Max y apoyándole en todo lo que decidiera. Y e aquí otro golpe al ego: quien quiera estar contigo, lo hará de forma desinteresada y en cada tesitura por muy buena o mala que está sea. Me quedé largo rato pensando en ello hasta que llegaron las preguntas que Spike plantea a un niño: el sol en algún momento se apagará. Todo desaparecerá incluyendo Max, los monstruos, yo y la vida entera. Eso de verdad era terrible. Pero al igual que esa problemática, también tenía yo mis propios reflejos y es que poco a poco me di cuenta de que cada monstruo era una parte de Max. Cada uno de esos seres constituia la esencia del niño. Un golpe más al ego: nadie está solo jamás.
De pronto me sentí como el monstruo Douglas, sin un brazo y mirando la extremidad que me hacía falta. Allí note que mi niñez se remontada a experiencias buenas y malas, a situaciones raras y otras un tanto más complejas.
Dónde viven los monstruos de inmediato me hizo embarcarme en mi propia aventuram deje el celular. Tome el transporte y como si algo me hubiese espoleado a llegar a un lugar tranquilo, mire el parque y me senté muy alejado del resto de personas. Pensé en cada monstruo que vivía en mi. Reflexione en las cosas que me habían construido como persona. Aún tenía vacíos emocionales y otros más materiales, pero por cinco minutos me pide sentir yo mismo olvidándome de mis problemas, del trabajo, de la necesidad de complacer a los demás y hable conmigo tratando de imaginar que era Max en esa embarcación. Y para mí suerte el barco logro zarpar. Pero no se fue con una persona adulta, sino como un niño que requería respuestas. Las olas también me llevaron por lugares ignotos de mi cabeza que había preferido olvidar. Di vueltas y decidí dejar atrás aquellas que ya no podía recuperar. Me propuse al igual que Max, dar ese vuelco hacia la madurez y por qué era necesario hacerlo. Una vez que logré llegar mi propio “puerto”. Me miraban por qué pensaron que algo me había pasado: me preguntaban el motivo de mis lágrimas, a una niña no pude evitar decirle que tenía miedo y me fui. No obstante me acerque a mi propio sitio de aventura, el colegio en qué yo había cursado. Entre pensando como Max y vi el atardecer nuevamente pero remontando a mi propia niñez.
Las cosas no se arreglan fáciles y menos dentro de la mente. Dónde viven los monstruos para mí represento un antes y un después en las películas ya que pese a no ver la película por miedo a que mi familia vea lo vulnerable que puedo ser, ahora prefiero pensar que voy en un velero donde va mi abuelo que falleció hace algunos meses, también veo la isla de la persona más hermosa del mundo y sonrío pensando que ella está bien, viviendo su propia aventura. Veo mi colección y sonrío pensando que cada pieza es parte de un trabajo que me ha llevado años conservar. Y continuo, continuo pensando que aventura vendrá después y si es necesario llamar a mis propios monstruos para que yo los guíe a una isla donde estarán a salvo y listos para la siguiente aventura.



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