En el panteón del cine de adolescentes estadounidense de fines de los años ochenta, Heathers ocupa un lugar particular. Estrenada en 1989, dirigida por Michael Lehmann y escrita por Dan Waters, la película se ubicó en una abierta contraposición a las producciones contemporáneas de John Hughes, cuyas historias —The Breakfast Club o Pretty in Pink— proponían una visión poco realista de la adolescencia estadounidense. Así, su director explica que “tenía sentimientos encontrados respecto a las películas de John Hughes. Pensaba que estaban bien hechas y eran divertidas, especialmente Sixteen Candles (1984), y que había hecho un trabajo brillante al crear una especie de experiencia feliz, casi mítica. Pero en ese momento sentía que básicamente había blanqueado toda la experiencia de la secundaria. En realidad, ahora pienso distinto y creo que sus películas son bastante buenas, pero en ese momento Dan y yo queríamos hacer la película anti-Hughes (...) También quería evitar volver todo sentimental, con resoluciones lindas y prolijas a los problemas por los que atraviesa la gente como estudiante. Sentía que esa era una visión falsa.”
Con eso en mente, la propuesta de Lehmann y Waters no intentó recrear la secundaria como un lugar de iniciación feliz o de integración social, sino todo lo contrario, como un espacio de violencia simbólica y física, lleno de vínculos que se mueven entre la manipulación, el poder y la exclusión. Convierten entonces a la secundaria Westerburg High, en Ohio, en el escenario de una sátira en la que el humor negro es el recurso principal para exponer jerarquías y tensiones que son una imagen en espejo del funcionamiento de la sociedad.
La trama gira en torno a Veronica (Winona Ryder), integrante díscola del grupo más popular de la escuela: las tres Heathers, lideradas por Heather Chandler (Kim Walker). Desde el inicio se plantea un dilema central: Veronica no es una outsider que busca integrarse sino una de las chicas populares que quiere escapar de ese sistema. Como observó la historiadora del arte Catherine Grant, “reproduce la película de delincuentes juveniles con una protagonista femenina, algo que no se ve muy a menudo” (The Guardian, 2009).
La irrupción del nuevo chico, J.D. (Christian Slater), desencadena la espiral que lleva a Veronica de sus fantasías de rebelión que escribe en su diario a asesinatos encubiertos como suicidios. El primer giro lo marca la muerte de Heather Chandler, que paradójicamente multiplica su popularidad. Pero las muertes no desarticulan el sistema, sino que lo refuerzan, abriendo espacio para nuevas figuras de poder; así, Heather Duke (Shannen Doherty) se planta como sucesora en ese juego de jerarquías.
El guión empuja permanentemente la sátira hacia terrenos más que incómodos. La parodia del suicidio adolescente, la escena del supuesto pacto gay para encubrir un asesinato, la frase del padre “¡Amo a mi hijo gay muerto!”, o la naturalización de la violencia sexual como trasfondo –con tres intentos de violación a Veronica y otro a Heather McNamara (Lisanne Falk)– son ejemplos de cómo la película tensiona los límites de lo representable. Lehmann reconoció años más tarde que “Sería más difícil hacer Heathers hoy después de todos estos casos de violencia en escuelas secundarias y todos estos tiroteos demenciales. Eso no había ocurrido en aquel entonces” (Money Into Light, 2016). Es central esa distancia histórica: en 1989, las imágenes de un adolescente revoleando un arma en la cafetería resultaban todavía “fantasiosas”. Diez años más tarde, tras Columbine, adquirieron otro sentido. Lehmann lo explicó en retrospectiva: “En un sentido era un tiempo más inocente, entonces era más fácil hacer una película más inocente” (Money Into Light, 2016).
La película fue producida por New World Pictures, un estudio independiente en su fase final, que fue clave para poder llevar adelante un proyecto atípico. No fue un éxito de taquilla, pero sí se fue convirtiendo con los años en un título de culto.
Otro dato no menor es que la película escapó a la tendencia aún vigente, y bastante exasperante, de usar treintañeros para representar a adolescentes: “Una de las cosas de las que era muy consciente era que las películas de John Hughes no tenían adolescentes en ellas. Había actores de 25 años interpretando esos papeles. Yo quería contratar adolescentes reales.” (Money Into Light, 2016). Así llegaron Winona Ryder, con 16 años, y Shannen Doherty, de 15.
El final del film fue un punto de disputa con la productora. El guión original de Dan Waters cerraba volando por los aires a la escuela, seguida de un baile de graduación en el cielo. El productor Steve Tisch lo rechazó; dijo ‘eé que suena ridículo, pero si hiciéramos esa versión de la película y un adolescente se suicidara, no querría cargar con eso sobre mi conciencia” (Money Into Light, 2016). Finalmente, la película cierra con Veronica mirando a J.D. suicidarse, encendiendo un cigarrillo en su cuerpo en llamas y reclamando su lugar de líder bondadosa haciéndose amiga de Martha, la alumna marginada.
Como decíamos más arriba, la película marca un paralelismo entre el micromundo del secundario con la sociedad toda, y la frase de J.D. hacia el final lo sintetiza bien: el colegio no se autodestruye porque la sociedad no se ocupe de él, sino porque “la escuela es la sociedad”. A más de 35 años de su estreno, el tiempo convirtió a Heathers una película tan problemática como fascinante. Sus maneras de representar la violencia escolar, el suicidio adolescente y la violencia sexual hoy resultan difíciles de encuadrar en un discurso aceptable. El propio director lo reconoce: “No todas las transgresiones de Heathers han envejecido bien” (The Guardian, 2009). Sin embargo, la película mantiene su capacidad para revelar las tensiones de un periodo caracterizado por representaciones ingenuas de problemáticas sociales que hoy en día siguen vigentes, e incluso más profundizadas.
Heathers (1989, Estados Unidos), dirigida por Michael Lehmann y con guion de Daniel Waters, fue producida por Denise Di Novi para el estudio independiente New World Pictures. La fotografía estuvo a cargo de Francis Kenny, la música fue compuesta por David Newman y el montaje realizado por Norman Hollyn, con diseño de producción de John Hutman. El elenco principal incluye a Winona Ryder como Veronica Sawyer, Christian Slater como J.D., Kim Walker como Heather Chandler, Shannen Doherty como Heather Duke y Lisanne Falk como Heather McNamara. Desde Argentina está disponible en Mubi.



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