LA HISTORIA SIN FIN 

"La historia sin fin", mi película de la infancia, no es solo un recuerdo, es un tesoro de momentos que se quedaron conmigo. Como un viejo amigo, me transporta de vuelta a esos años donde la imaginación no tenía límites, donde un libro en el desván podía abrir las puertas de un mundo entero. No es solo la trama, es el sentimiento, la conexión que tengo con cada escena y cada personaje, una que me ha hecho la persona que soy hoy.

Mi relación con la película no fue casual, se convirtió en mi refugio. Recuerdo perfectamente sentirme como Bastian, un niño que buscaba escapar de la realidad y se escondía en un mundo de fantasía para sentirse seguro. En la vida real, me sentía un poco solo, un poco diferente, y esa película me mostró que no estaba solo, que había un lugar donde mis sueños y mi imaginación eran bienvenidos, y la historia de Fantasía, un mundo que se desvanecía porque la gente dejaba de creer en él, me tocó de una manera muy personal. Sentí que si Bastian no le ponía un alto a la Nada, mis propios sueños se desvanecerían.

Cada vez que veía a Atreyu, el valiente guerrero, sentía una conexión especial. Él era la encarnación del coraje que yo quería tener, y su viaje, tan lleno de peligros, me enseñó que la valentía no significa no tener miedo, sino enfrentarlo. Jamás olvidaré la escena del "Pantano de la Tristeza", donde el caballo de Atreyu, Artax, se hunde en la desesperación, esa escena me dejó destrozado, me hizo entender el dolor de la pérdida y la impotencia de ver a alguien que quieres sufrir sin poder ayudarlo. A pesar de eso, ver a Atreyu seguir adelante con su misión me dio esperanza.

Pero, si hay un momento que marcó mi vida, es la primera vez que vi a Falkor, el dragón de la suerte. Su aparición fue como una luz en la oscuridad, con su sonrisa y sus ojos brillantes, se convirtió en el amigo que todos los niños soñamos, un ser mágico que nos dice que, si queremos algo con suficiente fuerza, el destino nos lo concederá. La escena donde rescata a Atreyu y lo monta para volar sobre las nubes, me hacía sentir una euforia indescriptible, y yo quería volar con ellos, sentir el viento en mi cara y creer que la suerte estaba de mi lado.

Al reflexionar hoy, me doy cuenta de que "La historia sin fin" no es solo una película de mi infancia, es una lección de vida que sigue conmigo, me enseñó que la imaginación es un poder real y que debemos protegerla de la apatía y el cinismo de la vida. Me hizo comprender que los libros y las historias son un portal a otros mundos, un lugar donde podemos encontrar la fuerza para afrontar los desafíos de la vida real. Me enseñó a ser el héroe de mi propia historia, a no tener miedo de ser diferente y a nunca dejar de creer en la magia que nos rodea. Es un recordatorio constante de que, no importa cuán oscura se ponga la vida, siempre habrá un dragón de la suerte esperándome para llevarme a volar.

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