
La metaficción no es un género nuevo, y hay múltiples casos que lo atestiguan, desde los más osados (El ladrón de orquídeas) hasta los más comerciales (las comedias de Mel Brooks rompían constantemente la cuarta pared para hablarle directamente al público y comentar sobre la misma película que estaban viendo). Sin embargo, no abundan los ejemplos en el cine uruguayo, lo que resulta aún más sorprendente cuando analizamos la evolución de las películas uruguayas y su lento pero seguro camino hacia la profesionalización completa que podemos disfrutar en el siglo 21. Desde ese costado, el estreno de Quemadura china, el nuevo film de la directora Verónica Perrotta, es un goce y una novedad llamativa, ya que pocos pueden hablar tan bien del mundo interno del cine como la multifacética artista. Directora, escritora y actriz, participó en varias de las producciones más importantes de la historia del cine uruguayo, siendo una de sus caras más reconocibles para el público general.
Eso ya podría ser un punto fuerte a la hora de vender la película, presentando a tres de los más importantes actores del cine nacional (la propia Perrotta, junto a Néstor Guzzini y César Troncoso) en una suerte de pequeña guerra fría durante un complicado rodaje en una locación a punto de derrumbarse, pero la película que filman tiene igual importancia: partiendo de una obra que la propia actriz montó en escena en 2006, conocemos la historia de dos hermanos siameses, unidos físicamente por un defecto al nacer, que recurren a un tercer hermano, cirujano, para practicar una operación que los separe. El procedimiento es un éxito, pero ambos se sienten perdidos en su día a día sin el otro, y la situación se vuelve más complicada cuando el tercer hermano pide unirse a uno de ellos, tratando de cumplir su oculto deseo de ser siamés. Es en esta línea narrativa en donde Quemadura china ofrece una veta dramática en pleno contraste con las situaciones en el rodaje, y en donde aflora una profunda honestidad emocional a la hora de retratar, sin prejuicios, la historia de unos personajes que deben enfrentar la soledad y la posibilidad de una nueva vida, con sus puntos positivos y negativos. Es una película de cuerpo extraño y cambiante, todo el tiempo sorprendente, que llega a buen puerto gracias al talento de un equipo actoral profundamente involucrado en la propuesta y la habilidad de la directora para llevar al público a través de diferentes emociones sin entregarse del todo a un único tono o forma. En esta oportunidad, pudimos charlar con Perrotta sobre el proceso de creación de la película, el trabajo con sus compañeros y si realmente alguna vez vivió un rodaje como el que se muestra en la película.
¿En qué momento se materializa la idea de llevar Quemadura china al cine?
Tengo imágenes de esta película desde que hice la obra en 2006. Quería poder filmar el detalle de esos cuerpos, que se escucharan las respiraciones del comienzo de una manera más íntima, a la vez me había quedado con ganas de actuarla… En ese momento ni se me ocurría pensar en dirigir cine.
En 2015, durante un rodaje en el que compartimos muuuchas horas con Néstor y César, encontré la motivación perfecta para mi trabajo final en la Maestría en Dramaturgia del UNA: transponer la obra a guion y que los tres fuéramos Annie, Dani y Willie. En 2017 me gané el FEFCA para creación y en 2021 ganamos un concurso del INAE para proyectos audiovisuales creados a partir de obras de la dramaturgia uruguaya. Ahí ya no hubo marcha atrás.
¿Cuáles son los principales cambios en esta adaptación? ¿Responden a cuestiones de cine o a tus cambios como autora en estos años?
Insisto en la transposición porque el concepto es más amplio que adaptación; no solo se intervino el argumento. En este caso, por ejemplo, también se incorporaron en la película elementos de la puesta en escena de la obra: elenco, escenografía, vestuario y ambientación sonora. Claro que a todo también se le encontró un nuevo uso o lugar.
Entre los cambios principales a nivel argumental, varios personajes dejan de ser referidos para formar parte del presente de la acción: Willie, Carola y la Asociación de Hermanos Siameses, fundamental. A Willie no solo lo vemos a través del recuerdo de Annie y Dani, sino que aparece y los modifica tanto que termina provocando un nuevo final. Se amplía el punto de vista, se flexibiliza la temporalidad... La incorporación del Neptuno, como una espacialidad inmensa y hostil, también generó modificaciones a nivel simbólico, en la reescritura. Y a nivel temático, el nuevo final responde a cosas de la edad, ja, a comprender que hay heridas que un día cierran.
En un mundo que cada vez se anima más a hablar de la codependencia y los vínculos tóxicos, ¿sentis que el texto cobra una especial relevancia en la actualidad?
Yo entiendo que en los vínculos de esta película hay más torpeza que toxicidad. Los personajes equivocan las estrategias para vincularse todo el tiempo, en ambas líneas: la de los siameses y la del elenco.
¿Cómo tomaron los actores inicialmente la idea de la metaficción y sus "peleas" en la parte real?
Al principio no teníamos muy claro cuánto podía aparecer esa línea, pero fue tan divertido cuando empezamos a improvisar, que también nos fuimos animando a que dejar que sucediera y a ir más lejos. Y no es solo que el elenco se pelee, que se pelea jajaja, se idolatra, se ningunea, se confunde, se cela, se muestra vulnerable…
Usualmente, en la metaficción en cine, la película filmada suele ser irrelevante para el libreto, pero aquí ambas partes se abordan con la misma importancia. ¿Cómo se llega a ese equilibrio?
En en el caso de Quemadura china, ingresar la línea del cine dentro del cine fue una decisión que hizo que el proyecto se volviera viable. Y una vez que un elemento ingresa a un sistema, el sistema se transforma y es otro. En ningún momento fue algo con lo que hubiera que lidiar, al contrario, lo tomamos como un gran permiso para ingresar otros materiales, pero la película filmada era todo.
También creo que muchas veces en un ensayo se llega a momentos más interesantes que en un escenario o un set, hay cosas que se logran en esa búsqueda, que son irrepetibles, incapturables… Y fui al rodaje convencida de que iba a usar mucho de eso en la película, porque a mí me conmueve verlo y que forme parte.
Después el material va pidiendo lo que necesita y no se puede forzar y a la vez te va permitiendo cosas… Por ejemplo, nosotros ficcionamos varios backs, que fueron guionados y ensayados, pero también se terminaron incorporando otros momentos no guionados, por ejemplo: momentos previos al “acción”, que para mí son momentos de gran belleza, siempre. A mí me encanta ver lo que pasa en los cuerpos del elenco, en la respiración y en la mirada en ese momento previo. Son momentos muy sutiles, de gran intimidad... no existe nada más en ese momento. Y quisimos que formen parte porque construyen tanto como los otros.

¿Te has encontrado alguna vez en medio de un rodaje tan caótico como el que se ve en la película?
Jajaja. No tan caótico, pero sí compartí rodajes con gente muy mezquina. Los rodajes son momentos únicos, de una convivencia extrema, en los que la gente habla mucho. Son días plagados de gestos... lindos y no tan lindos. ¿En la película aparecen muchas cosas que viví? Sí, transformadas, pero sí.
Creo que por eso repito tanto que en Quemadura china trabajé con amigas y amigos, porque íbamos juntos hacia un lugar; había un bien común. Obvio que hubo algún momento que no fue amoroso, pero siempre estuvimos haciendo la misma película. Y por eso, también, siento un gran agradecimiento por todo el equipo. Todo el mundo dio lo mejor que tenía para dar. Sin un gran equipo no hacés nada.
¿Cómo ves hoy al cine uruguayo?
Desde la creación, me interesa lo que está pasando por la diversidad de propuestas. Me alegra ver cine uruguayo y me alegra ver actrices y actores uruguayos. Y, sobre todo, me alegra percibir cómo fue mejorando la valoración sobre la actuación en nuestro cine.
Después, hay algunas cosas de la industria con las que no estoy de acuerdo. Se repite mucho “es así” y la verdad… no las entiendo. Me gustaría poder hablar con más propiedad de algunas cosas, pero supongo que lo haré un poco más adelante, avanzado el camino de la película.



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