La emoción de ver como salen las balas hace parte del cine, es inevitable. Puede haber muchas historias, de muchos temas, pero nada supera el conflicto supremo que obliga a llevar los hechos al punto de ser obligatorio el uso de la fuerza. Puede parecer salvaje, pero nuestra esencia tiene ese apetito dentro de sí. Es algo inevitable, como el periodo o sentir hambre. Nuestros instintos siempre tendrán algo de sangre, y eso lleva a que esos héroes de nuestra infancia, esos valientes guerreros que defienden nuestro entorno de personas con pensamientos maniacos de posesión y poder, aunque no nos diéramos cuenta entonces, pero no importa; al fin y al cabo un mundo que valga la pena está hecho de libertad, y esta solo puede existir en un mundo en el que la seguridad nos protege de personas convenientes que se aprovechan de nobles ideales, que ya se han solucionado en muchos sentidos, pero que se esgriman inevitablemente para justificar nuevas guerras y dictaduras. Si, los ochenta se caracterizaron por republicanos que administraron bien el mundo y héroes forzudos a los que no les importaba disparar con tal de respetar los ideales. En la crisis actual del mundo extraño eso, y a esos héroes capaces de derrotar hasta al tiempo, como nuestro protagonista, símbolo de una época y arquetipo de la misma, capaz de llevar la crítica más atroz a la guerra al nivel de una gran película de acción, tanto que lleva cinco partes, o de protagonizar una salvaje historia de venganza disfrazada de justicia y quedarse con la modelo soñada del momento, aunque después su relación terminara. Quizás nadie entienda ahora su esfuerzo en el túnel o en la montaña, pero es indudable que sus actuaciones e historias marcaron a varias generaciones de infantes que siguieron sus historias en la tele, ya que debemos tener en cuenta que, por su contenido, no siempre eran accesibles en las salas de cine, pero sí en las salas de estar. Atrás quedó la estatua adonde llegaba corriendo, agotado, pero triunfante después de una madrugada de huevos con malta y una carrera de entrenamiento por el vecindario (tan atrás que ya no está allí, y no se sabe adonde se fue). También quedaron atrás esas películas de verano en donde era la estrella haciendo cosas tan diversas como pasar de niñera de su madre a super héroe de un futuro…en el que no hay papel higiénico. Muy, pero muy atrás quedó la sombra del semental y el tener que empeñar a su perro para salir adelante, en un mundo hecho de desesperación en el que, quien mas se arriesga puede ganar (y ese puede es el salto sobre el precipicio). De todo eso solo queda una resurrección (que se vuelve muerte en su primogénito, como si fuese egipcio perseguido por la maldición de Yahvé). Ya solo queda crear nuevas aventuras para disparar, como en sus más gloriosas épocas, logrando tan buenos impactos que cuatro veces dispara sin piedad, asegurando así un magnifico regreso a quien parecía destinado a un glorioso olvido y que, así hizo que otros héroes clásicos volvieran, a veces a regañadientes, pero de nuevo en la gran pantalla.
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