
Todo comenzó con una cerveza artesanal... como toda tragedia. La marca HistoryBrew, obsesionada con recrear la bebida que Mozart tomaba entre sinfonía y sinfonía, financia un experimento de física cuántica y vibración frecuencial sonora. En un descuido de los científicos, un vaso de muestra del licor cae sobre la cuerda de piano utilizada como resonador. ¿Resultado? Un "SI bemol" que abre un portal espacio-temporal que absorbe a Mozart y lo transporta desde el siglo XVIII hasta el peor lugar posible: un Festival de Música Clásica Remix en Viena.
El mismísimo Wolfgang Amadeus Mozart despierta confundido, con hambre y en medio del caos. En ese momento, un DJ llamado Geniuz-Beatz (sí, con Z, porque la originalidad murió hace rato) sampleaba "Eine kleine Nachtmusik" con un drop de reggaetón mientras gritaba "¡Perrea! ¡Perrea! ¡Perrea como Mozart! ¡Perrea!". Escuchando esto, Wolfgang Amadeus, con su sentido del honor musical herido, vio cómo su obra maestra se convertía en soundtrack para bailes de torsos desnudos y birras. Algo dentro de él se rompe, no solo fue su dignidad, también su cordura. Ahora desea vengar no solo su obra, sino toda la música.
Con la batuta que traía (ahora afilada como un estilete), la peluca torcida, el rostro desencajado y una sonrisa malévola, se acercó al escenario. Geniuz-Beatz, en pleno éxtasis del "perrea, perrea", no vio venir al compositor enfurecido hasta que fue demasiado tarde. Mozart lo agarró del pelo, estrelló su cabeza contra la consola y en un movimiento digno de un director de orquesta poseso, le clavó la batuta en el oído mientras gritaba: "¡Si no usas estas orejas, no las necesitas!"
Mozart, tarareando su propia melodía y al ritmo de esta, descarga su ira contra Geniuz-Beatz. La multitud huye al ver este espectáculo sangriento y esta confusión permite a Wolfgang deslizarse entre las sombras como un fantasma con peluca empolvada y sed de venganza.
Refugiado en el teatro donde se reestrenó "Don Giovanni", la cosa se pone mejor o peor (según cómo se mire). Se topó con un grupo de YouTubers paranormales haciendo un directo titulado "¿El fantasma de Mozart nos visitará?". Con un violín desafinado de fondo, los influencers intentaban "comunicarse con el más allá". Mozart, el tipo con el humor negro como para escribir canciones tituladas "Bésame el trasero", ahora sumergido en la locura, divertido y macabro, decidió darles el espectáculo que querían. los ató a cada uno con cuerdas de violín, usando una flauta traversa como bate de béisbol los golpeó al ritmo de un minueto sangriento. "¡Esto es una sinfonía de un golpe!", gritaba entre risas.
La última superviviente del grupo intenta razonar con él diciéndole: "¡Maestro, he escuchado todas sus obras y su legado es la creación, no la destrucción". Mozart, con una mirada oscura y con la peluca goteando sangre, sonríe. "¿Acaso no has escuchado el Réquiem? ¡La muerte es el arte final!" y en un movimiento lento pero seguro sacó un diapasón de horquilla que vibró en La 432 (el tono de la paz cósmica, irónicamente) y al ritmo de allegro molto se lo clavó una y otra vez.
El directo se volvió viral... pero por las razones equivocadas. Los seguidores del directo quedan estupefactos al ver tal atrocidad, sin poder reaccionar ven como lo último que se transmite es la cara de Mozart mientras se agacha para levantar una de las cámaras.
La policía llega y quedan paralizados al ver al hombre extraño lleno de sangre, comportamiento obsesivo y errático escribiendo de forma desaforada una partitura que tocaba en el piano en medio de esta macabra escena. "Es un genio", comenta un oficial escuchando la música. Mozart ve a los policías absortos en incredulidad y aprovecha para escapar dejando atrás el manuscrito manchado titulado "Sinfonía de la venganza"
Nunca lo encontraron ni se supo nada sobre "El compositor de la muerte" como lo llamó la prensa, nombre, paradero...nada, solo la partitura que era la muestra de un talento musical extraordinario.
Tiempo después, en un hogar para personas en situación de calle, un asistente del refugio enciende una TV donde comienza a sonar un jingle publicitario que sobre la melodía del Réquiem una voz chillona canta "con amor y ternura / con amor a sus nalgas..." rematando con una voz en off diciendo "con la delicadeza de las manos de Mozart" "Papel higiénico caricias de ada"
A un hombre en un rincón con mirada vacía se le dilatan las pupilas, un tic nervioso recorre su rostro, comienza a tararear "Eine kleine Nachtmusik" cada vez más fuerte. Su mano se posa sobre una peluca despeinada y manchada... bajo de ella, una batuta afilada brilla.



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