«El Viaje de Chihiro», un cuento para no olvidar quién eres 

Imagina el momento más aterrador de tu infancia, aquel que te ha marcado al día de hoy. Para mí, ese momento fue cuando, en una salida al parque, perdí de vista a mi madre y, por una pequeña fracción de tiempo, sentí como si mi mundo fuera totalmente distinto, uno más sombrío. No exagero cuando digo que la escena de El Viaje de Chihiro en la cual los padres de Chihiro se convierten en cerdos me da exactamente la misma sensación que sentí esa tarde. Y es por eso que esta película ha marcado mi infancia, no solo por su belleza, sino también por su terror.

El Viaje de Chihiro no necesita carta de presentación; la icónica obra maestra de Miyazaki sigue enamorando a niños y adultos más de 20 años después de su estreno, y su atemporalidad consiste, cual cuento de hadas, en la exploración de la infancia desde su inocencia y, sobre todo, desde los temores que nos consumen en la niñez.

El viaje de Chihiro – Kirai – Un Geek en Japón

Chihiro es una niña que se ve envuelta en un mundo bizarro lleno de criaturas mitológicas, tanto aterradoras como algunas más adorables. Al igual que los humanos, estos seres presentan lo mejor y lo peor de nosotros: hay compañerismo, empatía y esperanza; pero también corrupción y codicia. Chihiro no atraviesa este mundo sola, pues tiene compañeros que están allí para apoyarla, pero sí es un viaje propio, porque decide salir adelante y afrontar las fuerzas que otros temen, porque el miedo no le devolverá a sus padres, ni salvará a Haku.

"Escucha, es la sexta parada, se llama Fondo del Pantano.

Procura no equivocarte, antes había un tren de regreso, pero ahora va en un solo sentido.

¿Aun quieres ir?"

La misma protagonista que vimos al inicio como una niña temerosa y apegada a sus padres ahora es una que aun tiene temor, pero que ahora encuentra su valentía en el amor que tiene hace otros. A pesar de abordar el crecimiento en la infancia, el temor a lo desconocido es atemporal y se encuentra en cada una de las etapas de nuestra vida, y en Chihiro me veo a mí mismo; cada que me toca afrontar un nuevo reto, muero de miedo, pero sé que quedarme quieto no me llevará a ninguna parte, y que tanto lo que quiero como a quienes amo necesitan de mí. Y eso hace tan especial a esta película, su capacidad de hablar a cada persona mediante su mensaje universal.

Además, el abordaje a otros temas como la amistad como motor principal para confrontar la maldad de Yubaba, la bruja antagonista de esta historia. La comunidad que se forma entre cada uno de los personajes con los que interactúa Chihiro, al punto en que al final, aquellos que empezaron viéndola sobre los hombros muestran genuino apoyo a la hora de enfrentar su reto final.

Cual cuento de hadas, este film perdura entre generaciones, con reestrenos que mantienen viva su magia, y que atrapa cada vez más adeptos a la belleza que nos ofrecen los mundos fantásticos de Ghibli, un estudio que ha demostrado que muchas veces, para encantar a las infancias, es necesario asustarlas.

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