El poder de la lectura que te dejan recuerdos 

A mí me arrullaban con el cuento de El Gato con botas, para dormir o simplemente para entretener, y yo tenía cuentos del felino con capa, espada, sombrero y, por supuesto, sus botas, todo con vivos colores, llamativos para la vista de una niña.

En todos mis cuentos, incluyendo un libro grande de cuentos que mi mamá me compró en mi cumpleaños, estaba El Gato con Botas.

Para mí en mi mente era natural que un gato tuviera botas; siendo pequeña, no pensaba si era cierto que un gato pudiera tener botas o no.

Creo que en la mente de un niño hay preguntas, pero en el sótano del cerebro; para que estas preguntas salgan de su escondite, deben subir como dos peldaños; esto es en mi caso.

Fui creciendo y mis cuentos se fueron perdiendo; hoy serían mi reliquia, pero desaparecieron.

Lo más probable es que mi mamá los haya regalado en mi época de adolescente, donde uno pierde interés por lo que se tiene de infancia, pero un poco avanzado los 2000, me encuentro con Srhek y Srhek 2, y qué más grato recuerdos de ver a El Gato con Botas.

Fue lo más agradable y feliz; retorné a mi infancia, a mis recuerdos de niñez, a los cuentos de mi mamá, a mis libros empastados con hermosas y coloridas imágenes de letras negras y grandes, para desarrollar la lectura del niño.

Srhek no lo sabe, pero me hizo feliz. Mis recuerdos explotaron con todos sus detalles al ver El Gato con Botas. En esta de Shrek, era su adversario, contratado por el rey padre de la princesa Fiona para volverlo carnitas, tal cual dice Burro: "Todos quieren volverte carnitas", y todo por nacer guapo, le agregó yo.

La pelea traicionera de El Gato con Botas contra Srhek no se parecía en nada a los cuentos que mi mamá me leía; aquí lo habían vuelto un vendido por unas cuantas monedas, un traidor; el que mi mamá me leía era un héroe, un bienhechor, pero igual yo lo seguía viendo, toda confundida.

Con el tiempo las historias cambian, pensé; mil veces contada, mil veces cambiada. El Gato con Botas cambió en su accionar, se alió con Srhek y traicionó al Rey y ayudó a Srhek; ese sí era El Gato con Botas que yo conocía.

En mi mente y en mi corazón había una extraña felicidad, porque eran los recuerdos bonitos de mi niñez, de mi mamá leyendo mi cuento favorito; Srhek trajo a la vida El gato con botas, que era un cuento olvidado.

Una vez ese cuento tuve que recitarlo en la escuela; había una clase de literatura donde se debía hablar de los cuentos y las fábulas y lo recité. Me lo sabía de memoria y saqué buenas calificaciones.

A El Gato con Botas le dieron su solito, y por supuesto en este era un huérfano que iba creciendo junto a un huevo llamado Humpty Alexander Dumpty en su pueblo natal San Ricardo.

La directora del orfanato, llamada Imelda, lo acogió y no me gustó mucho hasta que vino la otra entrega, Las aventuras del Gato con Botas.

Estas me gustaron más y con la voz de Antonio Banderas que le da vida a la animación.

Las historias de los libros pasadas a la televisión a colores con un buen argumento o el mismo lineamiento atraen recuerdos que dan felicidad momentánea, porque recordar episodios bonitos de tu vida, así sean pocos, da felicidad y esa felicidad da salud.

Son mis humildes pensamientos; aunque hay personas que piensan que el pasado pasó y pisado quedó, creo que son personas frías y sin sentimientos.

El Gato con Botas me acompañará para el resto de mi vida como un hermoso cuento que alegraba mi infancia y me ayudaba a dormir.

En Netflix se puede ver su serie.

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