” Tierra de Osos: El viaje que me enseñó a ver con el corazón” 

Hay películas que no solo se ven, se sienten. Algunas permanecen guardadas como un recuerdo vivo de la infancia, y Tierra de Osos es una de esas joyas que aún hoy me recuerda que crecer no significa olvidar cómo mirar con el corazón. Como la música, puede transportarte a lugares que nunca has conocido, hacerte sentir el olor de la brisa, las caricias del viento e incluso el dolor que no es tuyo.

Con el tiempo vamos desarrollando ciertos rasgos que nos alejan de la parte mágica de vivir: del respeto por la inocencia y de la empatía con el ser. Volver a verla me hizo recordar que aquel enojo que de niño sentí hacia Kenai por lo que hizo con el oso, ahora se transformaba en asombro. Descubrí cómo mi yo del presente, el hombre que soy ahora, se parecía demasiado a él: una persona fría, algo calculadora y con resentimientos que no siempre sabía soltar.

Reformular mi actitud frente a mis frustraciones y heridas del pasado me llevó a encontrarme cara a cara con ese niño que fui. Al mirarlo a los ojos comprendí que era mucho más humano entonces de lo que soy ahora. Con el tiempo nos volvemos más androides, más robots, más sistemáticos. Sin embargo, en esa mirada volví a sentir los recuerdos de lo feliz que era con tan poco, de cómo el mundo entero se convertía en un mapa gigante para una gran aventura.

Qué sensación tan grande descubrir que aún sigo creyendo en los tótems, que en realidad no ha pasado tanto tiempo; lo que ha cambiado son las experiencias que a veces nos opacan y a las que damos demasiada importancia en el resultado, olvidando que están hechas para enseñarnos, para hacernos más sabios, más preparados y más felices, y no para hundirnos ni consumirnos. Ver Tierra de Osos y comprender que pasé de haber sido Koda a ser Kenai en este presente me permitió mirar ambos lados de la moneda y encontrar un punto neutro, un lugar donde mi adulto pueda convivir en paz y aún reír con mi niño interior.

Hoy soy Koda, soy Kenai, soy agua, soy fuego, soy tierra, soy tótems, soy magia, soy vida. No tenemos porque perdernos en el vacio del tiempo, en la penumbra del crecer, debemos ser empaticos con nuestro yo interno, no ser tan crueles sin perder criterio, llevar de la mano a esapersona que fuimos y tratarnos como tratariamos a nuestro mejor amigo, darle prioridad a nuestras emociones y recapitular cada que tengamos la oportunidad los aspectos y experiencias de nuestra vida para no perdernos en el tiempo ni enfrascarnos en algo que somos ahora y que tal vez mas adelante ni recordemos. Volver a ver la película que me lleva a mi infancia es como abrir un cofre donde guardé mi inocencia. Me recuerda que, aunque el tiempo nos haga más grandes, siempre necesitamos mirar el mundo con ojos de niño: con compasión, ternura y asombro. Porque en el fondo, crecer no significa dejar de ser pequeños, sino aprender a amar de verdad.

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