
¡¡Ay, compadre, qué recuerdos me trae esa película que me lleva pa’ la infancia! Me pongo a pensar en la niñez de Jesucristo, allá en esos días santos de Semana Santa, cuando toda la costa se llenaba de procesiones, velas y el olor a incienso mezclado con mar. Imagínate, yo era un cipote correteando por las calles de Ovejas, Sucre, con los pies descalzos y el sol pegando duro, cuando mi seño me sentaba frente al televisor pa’ ver esas historias bíblicas. Esa película, con el Niñito Jesús jugando en los campos de Judea, me transporta. Lo veo ahí, con su túnica sencilla, correteando con los cabros y aprendiendo de María, que con ese amor de madre le enseñaba la escritura dejada por Dios, como las mamás costeñas cantando en la iglesia de San Francisco los domingos de resurrección.
Pa’ mí, eso es como revivir las tardes de Cuaresma, cuando el barrio se ponía en silencio y solo se escuchaban los tambores y gaitas lejanos. Esa escena donde José le enseña a Jesús a tallar madera me hace recordar a los artesanos de los Montes de María, siempre con su machete haciendo figuras pa’ los niños. ¡Qué vaina tan bonita, primo! La película tiene ese toque sagrado, pero también esa calidez de familia que nos une en la costa. Me acuerdo de las procesiones, con las imágenes del Niño Dios pasando por las calles, y nosotros detrás, con velas encendidas y la cera caliente corriendo por las manos, cantando y rezando con el corazón bien puesto.

Lo que más me gusta es cómo muestra a Jesús creciendo, aprendiendo de la vida, como nosotros cuando éramos niños y nos enseñaban a respetar la tierra y a los demás. Esos momentos donde se sienta con los viejos del pueblo a escuchar historias me traen a la mente las noches en el patio, con los abuelos contando leyendas de nuestros ancestros y cómo era la vida en el monte. ¡Qué nostalgia, compadre! Esa película no es solo religiosa, es un viaje pa’ atrás, a cuando todo era más simple, con el sol, el mar y la fe guiándonos. Y en Semana Santa, eso se siente doble, con el aroma a pescado, mote costeño, los dulces caseros que nos repartíamos entre familia —mi preferido era el guandul, ñame con galleta saltín— y el sonar de las maracas en las esquinas.
Las imágenes del Niño Dios me hacen ver las alfombras de aserrín que hacíamos en el barrio, y el bullicio de la gente rezando. Es como si la película me diera un abrazo de esos que solo la infancia da. Así que, primo, esta historia es pa’ revivir esos días, con el corazón costeño bien puesto y la memoria llena de amor. ¡Qué chévere poder escribir esto y sentirme otra vez ese cipote feliz!
Tráiler: Jesús (1979) - El Niño en Belén
¡Ay, parce, este tráiler te lleva al cipote Jesús en su nacimiento en Belén y el templo a los 12 años, correteando con fe y familia! Filmado en Israel, muestra esa inocencia que me recuerda las procesiones costeñas de Semana Santa. ¡Pura nostalgia, con escenas tiernas pa' conectar con mi infancia en Ovejas!




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