Cine argentino: ¿por qué HAY QUE VER "Belén"? 

En “Blondi” (2023), la ópera primera como directora de Dolores Fonzi, se desarrolla la siguiente escena: Blondi (Fonzi) y su hijo veinteañero, Mirko (Toto Rovito) esperan a que deje de llover debajo de un toldo. Surge un diálogo natural, aparéntemente trivial, de los muchos que tienen esta madre e hijo, que también son excelentes amigos:

- Un día así naciste vos.

- ¿Así?

- Así tal cual.

- ¿Duele mucho parir?

- Horrores.

- ¿Para qué hacerlo entonces, no?

- Sí, tal cual.

- No entiendo por qué me tuviste. Tenías quince años nada más.

- O sea, la idea de parir a esa edad me parecía una locura, imaginate.

- ¿Y por qué no abortaste?

- Quise, pero me estafaron.

- ¿Cómo que te estafaron?

- O sea, me pasaron el contacto de un tipo. Un tal Fernández Palazos, no me lo olvido más. Me llevó Pepa, me acompañó, me esperó afuera. El tipo me durmió, me desperté, me mandó a hacer reposo a casa. A los días me sentía mejor. Empecé a hacer mi vida. Pero a los dos meses me di cuenta que seguía embarazada. Era tardísimo. O sea, el tipo me durmió, no me hizo nada, se quedó con la guita y yo seguía embarazada.

- ¿Es verdad todo lo que me estás contando?

- Sí.

- ¿Cómo no me lo contaste antes?

- No sé, no… no sé, me parece fuerte, ¿no?

- Claro. Sería como una especie de aborto mal hecho.

- Sí.

- “Abortos mal hechos” es un buen nombre para banda punk.

Ambos ríen y se abrazan. Fin de la escena.

Este es uno de los tantos brillantes y agridulces momentos que tiene el debut de la actriz argentina tras las cámaras, pero lo destaco especialmente por su tierna pero brutal sinceridad y las resonancias que se desprenden de este breve intercambio.

¿Alguien se sintió conmovido al leer estas líneas? ¿Les parece divertido? ¿Rechazo capaz? ¿O todas las cosas juntas?

Pienso que es un excelente ejemplo para discutir varios temas: el aborto, principalmente, pero también la situación de la madre joven, inexperta; el abuso de poder de ciertos profesionales de la salud (si es que lo era); el dilema personal en tener un hijo a esa edad y la decisión sobre el cuerpo de una mujer donde otros interceden por ella.

En unos minutos, Fonzi plantea un interrogante que excede la ficción, con tanta madurez como responsabilidad que, ahora y viendo en retrospectiva, es evidente que su siguiente película haya sido “Belén”.

La película es la recreación de una historial real. Soledad Deza (Fonzi) es una abogada que toma el caso de Julieta (Camila Plaate), una joven de 25 años, presa desde hace dos, acusada de practicarse un aborto en un hospital de Tucumán. Si han escuchado de oído el tema en los medios o lo siguieron de cerca, no es fundamental porque Fonzi toma el hecho real y hace una ficción.

Es decir, estamos ante una obra cinematográfica, con sus mecanismos narrativos y recursos visuales, que difícilmente se desprenda del contexto verídico en su totalidad. A veces, es posible (dependiendo de cuán consciente esté el espectador de lo que pase a su alrededor), y otras veces, inevitable. ¿"Belén" sale perjudicada o beneficiada por esto?

Es un planteo que no me interesa, porque estamos ante una obra de ficción y es a lo que apunto con este artículo. Después de todo, tales discusiones se deben dar con gente dispuesta al diálogo, y esto puede suceder al analizar una película como debatir los temas más complejos de la realidad.

Soledad y Julieta.

Dolores Fonzi, como ya mostraba en “Blondi”, es una realizadora inteligente y más que capaz. Estoy seguro que sus experiencias personales, pero sobre todo su amplia trayectoria como actriz, le dan pericia suficiente para saber trabajar con puntos de vista y posiciones morales. Ella entiende sobre tomar postura ante la realidad de un personaje que le es ajeno, al menos en lo que dura la ilusión. En pocas palabras, Fonzi saber poner en escena.

La puesta en escena, más allá de lo cinematográfico, es esencial en “Belén”. Desde la primera secuencia, filmada en un solo plano no por ostentación sino por necesidad narrativa, nos introduce a Julieta llegando al hospital junto a su madre, aquejada por fuertes dolores abdominales. Allí vemos exactamente lo que ven los médicos como enfermeras y seremos testigos de su accionar.

No hay mentira en ese extenso plano, justamente para que el montaje no deje rastro de duda en los personajes como en el espectador. Julieta, con su menudísima figura, camina débil por sus propios medios al baño a unos metros de la guardia. Allí sucederán unas elipsis que culminarán en un quirófano, dónde irrumpirán unos policías a arrestar a la joven, acusándola de asesinar (y mostrarle en una caja al feto) a su hijo tras el aborto que ella misma se causó minutos antes.

Julieta, una que es todas.

“Belén” arranca con una imponente puesta en escena de, justamente, una puesta en escena. Utiliza la ficción y personajes para narrar una mentira perpretrada por representantes de la justicia, impuesta a una mujer en plena situación de vulnerabilidad. Esto no se trata de una cuestión subjetiva, es algo que se desarrolla con distancia y respeto (más allá de lo escalofriante de la secuencia), porque para Fonzi es importante contar desde afuera hacia adentro.

Esta responsabilidad autoral perdura a lo largo de todo el relato, aun cuando hacia el acto final ingresen símbolos contemporáneos y reconocibles para todo quien siga los movimientos feministas que han surgido en Argentina, como todo el mundo, con más fuerza en los últimos años. Esto no es una falla, en absoluto, porque sería cómo pedirle que en la película “Titanic” (James Cameron, 1997) no aparezca el Titanic para no influenciar al espectador.

Laura Paredes y Dolores Fonzi, guionistas y actrices de “Belén”.

Fonzi se focaliza en sus personajes, el suyo y su equipo de colegas que llevan adelante el caso. Un elenco femenino estupendo, exponiendo temas durísimos con sensatez pero también con dosis de humor bien ubicado, para recordarnos que los humanos necesitamos descomprimir incluso ante los peores momentos. Este es otro recurso eficaz empleado por Fonzi, que no recurre nunca a la solemnidad ni a la abyección, algo que otros realizadores se verían tentados de zambullirse de cabeza.

Si el personaje de Soledad es el cerebro como la templanza de la historia; a cargo de una Dolores Fonzi que nunca flaquea en sentimentalismos ni excesos, sobria, temperamental y madre atenta; Camila Plaate, como Julieta, es el alma de “Belén”. Gran decisión de elegir una actriz poco conocida para el papel, pero despojarnos de cualquier tipo de prejuicios, pero no solo eso funciona, porque el trabajo de Plaate es una verdadera revelación. En su lenguaje corporal como en sus escuetas palabras, pero especialmente su mirada llena de bronca y tristeza, está todo lo que necesita decirse del personaje.

Camila Plaat, como Julieta.

Y más allá de todos los méritos cinematográficos como interpretativos, la película es un gran ejemplo de cine como representación. Justamente, dónde la representación es imprescindible. Está en las máscaras que utilizan las mujeres para comunicar el mensaje de Julieta, que las despoja de personalidad pero las une en la causa: de que si es una puede ser cualquiera. Está allí en el color verde que unifica tragedias y triunfos.

Y está en el título, “Belén”, que es el seudónimo que utilizaron para que el nombre de Julieta no se hiciera público y perjudicara a su familia. No es más que un mero título, es una toma de postura. La película es una representación de hechos verídicos, pero es también un medio más para comunicar un mensaje. No es un panfleto político, es una película, pero difícilmente se despega una cosa de la otra, y eso es intrínseco a la obra.

Para saber qué pasó en realidad uno puede ver la película o bien leer e informarse. Está bien tener una opinión formada y estar de acuerdo, como también rechazarlo, o bien hacerse cuestionamientos. De todos modos, los hechos son indiscutibles. Hay decisiones que deben ser tomadas por quienes llevan la cuestión en el cuerpo y nadie debe imponerles qué hacer con ellos. En la película se relata la imposición, incluso la mentira. La justicia interviene sobre los hechos y esta es la historia sobre llevar a la luz la veracidad de los mismos.

La verdad los hará libres.

Las interpretaciones y subjetividades son otro asunto. El cine es una herramienta. Abre puertas y despierta interrogantes. Todo está en la mirada. La que expone la película y que interpela la nuestra. El plano de los ojos de Julieta/Belén reflejando de miles de mujeres unidas por su causa habla mucho más fuertes que todos esos monólogos políticos absurdos.

Después de todo, lo que nace de uno (o lo que no nace, por decisión), es una cuestión personal. “Belén” deja en claro que podemos decir lo que queramos sobre el cuerpo, pero no permitas que digan lo que otros tienen que hacer con el tuyo.

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