Esto lo escribo en caliente después de estar perdido por cuestiones laborales y personales de las letras. Y recalco: lo escribo en caliente, no con el corazón a mil ni en frío escupiendo palabras, todo lo contrario. Lo escribo en caliente después de pasar días investigando y aprendiendo sobre el cine nacional y latinoamericano y aprovecho este espacio para expresar mis ideas, sin tiempo para digerir todo lo encontrado, y me temo que algo se pueda tomar a mal y las puertas se puedan cerrar si en algún momento cruzamos caminos, pero las puertas son para eso, cerrarse y abrirse.
Recientemente y a nivel nacional (Colombia), entre pseudo intelectuales burlándose de pseudo intelectuales, sale a cartelera la película de Simón Mesa Soto “Un poeta” (2025), un drama/comedia que, basándose en el estereotipo, desarrolla la vida de un profesor ahogado en alcohol que traslada sus sueños a una joven de bajos recursos. Una película ganadora del premio del jurado en el festival de Cannes del presente año y un par de premios más a nivel internacional, con entrevistas en medios internacionales por igual, como CNN, y un titular que la lleva al punto de ser una película que representaría al país en los Óscar; algo similar pasó con “El abrazo de la serpiente” (2015), de Ciro Guerra. A esto quiero agregarle el número de 40 películas al año como promedio en los últimos años y, para cerrar, algunos dirán que es una muestra de cómo el cine colombiano ha crecido, el hecho de las innumerables nominaciones en festivales que van desde el reconocido Festival de Cannes hasta festivales de menos de una década de nacidos, con premios y reconocimientos de por medio.
“Números, todo está en los números”
En este punto tomo un respiro y dejo en pausa para repensar mis palabras y llevar el artículo lo más objetivo posible, así que me dirijo a saltear las verduras y adobar el pollo; siendo honesto, me siento casi un traidor, un infeliz que quiere destruir los logros de otros. “Alégrate por tu país, aprovecha el boom” y tú qué has hecho; casi un libro de mil respuestas a la pregunta que me he hecho desde conocer la industria. ¿Y las historias que valen la pena? ¿El reflejo de esos logros en las salas? ¿Y la inversión dedicada a las producciones nacionales? ¿Está creciendo realmente la industria del cine en Colombia? Diría un famoso jugador de futbol, y tomo sus palabras tal cual: “Números, todo está en los números”, y es ahí en donde, entre guiones, propuestas, oportunidades y puertas cerradas, dedico un par de horas a escribir sobre cine más allá de realizarlo, por el momento.

Empecemos, y para no ahondar y lastimosamente escogiendo la película de Simón Mesa, “Un poeta”, como el ejemplo de lo que ha sido el cine colombiano en los últimos 10 años. Y digamos esto en palabras coloquiales, y el que entendió, entendió, y no voy a explicarlo. Rosca, en la mayoría de los casos es llana y pura rosca, presupuestos del FDC (Fondo de desarrollo cinematográfico) usados para crear producciones que se dedican a pagar boletos de entrada a festivales en algunos casos, otros cumpliendo con los estándares pero jamás viendo la luz y quedándose entre talleres y tratamientos de guion al punto de pasar al olvido. y es eso, el cine nacional se ha desligado de su público. presupuestos no pequeños dedicados al publico extranjero y reducido de pseudo intelectuales, a lo que la película de Simón hace referencia y es irónico como critica en cierto modo el modus operandi del cine en el país. ¿podría ser una critica oculta? solo el lo sabrá.
Lo que si en cierto modo me decepciona es que no pierde la esencia del cine nacional, derrotista, pesimista, con historias resaltadas en 16mm que no conectan con el publico en general, entonces hay un sobre esfuerzo, es eso causal de buscar el reconocimiento en el exterior.
Y entender el cine es entender y reflejar su sociedad; éxito y caso ejemplar es “Roma” (2018) de Alfonso Cuarón. Y sí, no es suerte, son años de dedicación y entendimiento. El cine latinoamericano es único comparado con Hollywood. Capta esencia, historias propias y por igual llena salas. Y esta es mi primera crítica. Mientras el cine nacional mexicano llena sus salas de cine con producciones propias porque conectan con el público, atraen y entretienen en su mayoría, hay una conexión en su cultura entre sociedad-cine y ese fenómeno por igual pasa en el sur, en las pampas argentinas donde, sin irme lejos, “Homo-Argentum” (2025) de Mariano Cohn y Gastón Duprat en sus primeros once días ya ha superado el millón de espectadores. Esto, comparado con los 100.000 que ha alcanzado “Un poeta” en las taquillas colombianas. Es mi primer planteamiento sobre la desconexión del cine colombiano con sus espectadores, cayendo siempre en la fórmula de la comedia exagerada, aprovechando el presupuesto cada tantas fechas y más que todo a fin de año con películas que son copias frágiles llevadas al exasperante número de tener una saga de casi 11 películas bajo la misma premisa.
Ah, sí, la otra fórmula es apegarse a la nostalgia con una historia nacida de copas o el hecho de querer ser distinto por la necesidad de ser. Sí, ese cine a blanco y negro que nos cuenta una historia que nos enseña a no pagar un boleto ni por amor al arte. El abrazo de la serpiente (2015) Con tan solo 28.000 espectadores, nos muestra que el cine en Colombia es un derroche de dinero en producciones hechas en muchos casos con el valor sobrevalorado en el alquiler de equipos, a inexperiencia de estudiantes bajo la misma premisa y la curiosidad “por amor al arte” llevando a un trabajo casi de guerrilla y vanagloriado como la lucha por el arte, pero esperen ¿y el presupuesto aportado por el FDC que sale de los impuestos de los ciudadanos?. Si es una pregunta dura pero los números no representan el presupuesto invertido año tras año, y aparte de tener una agenda donde sin mentir 10 de las 30 películas producidas tratan el mismo tema de la guerrilla con distinto titulo y las otras 20 se dividen entre narcotráfico y personajes que generan la risa fácil ante situaciones de pena ajena. que cruel me siento por decirlo de esta manera pero hay algo que aun no me cuadra.
Entonces, ¿hay realmente una industria cinematográfica en Colombia capaz de competir con producciones extranjeras y representar, conectar e identificar, no solo un pequeño grupo estereotipado explotado, como lo son los lavaperros o profesores alcohólicos fracasados que se aferran al chiste fácil donde la risa nace de la desgracia?

Para el 2024, la taquilla a nivel nacional con el producto interno reflejo el 2,4% del total de la asistencia al cine en el país; esto es 1.178.404 espectadores, y este número fue alcanzado si a las estadísticas nos basamos gracias a 79 lanzamientos para ese año. y esto genera una inquietud si estas al tanto de una “industria” a la cual perteneces.
Voy a ser claro: no es culpa del espectador. Siendo el cine muchas cosas, pero antes que nada un mercado, el espectador quiere pagar por contenido de calidad, por lanzamientos, películas de valor, y los directores y la “industria” solo están pensando en medallas de festivales. Es evidente que no hay una conexión real de transmitir o revolucionar, motivar o reflejar para no olvidar de manera profesional, sin caer en los egos de algún pseudo intelectual. Que fuerte puede sonar, pero si una historia no conecta con el público que la vio nacer, las calles que fueron escenario de su mundo, entonces no pertenece a ese lugar. Y no es falta de apoyo al cine nacional, es caer en el descaro de la comodidad. Y esto lo digo basándome en números, donde 16.000 millones de pesos COP es el presupuesto del FDC para el desarrollo del cine nacional en el presente año y son pocas las producciones que llegan a ver una cartelera, o si lo hacen, pasan por el olvido.
A lo largo, toqué por encima temas que, si se profundizan, llevarían a debatir el verdadero funcionamiento, a reconocer la desconexión entre la industria, el sector privado y las personas con la posibilidad de participar. Esto en su capacidad de resaltar producciones que no sobresalen más allá de haber sido producidas en 16mm o en ciertos lugares, contando en el trasfondo el deseo de alguien que no quería hacer cine, sino ser reconocido por hacer cine.
El cine en Colombia aun pertenece al caprichoso artístico y ve por encima del hombro la capacidad critica de su propio espectador.
Al inicio me refería a la rosca y esta palabra porque es muy propia de nuestro país, algo a lo que estamos acostumbrados en todos los sectores, y eso es lo que permite que aun perdure, el derrotismo y la costumbre. y esto para concluir antes de centrarme a cenar, ya que entre párrafo y párrafo movía las verduras y cocinaba el pollo, sintiendo no solo el calor de la cocina, sino por igual el de las palabras. hay una brecha y es que sin ir lejos el talento de jóvenes con ideas, sectores privados, empresas y marcas independientes aun no conectan en un industria que si naciera vería al mundo desde lo que tanto anhela vivir y aparenta. el primer mundo.
Y todo esto puede funcionar si el cine abandona el camino que lleva desde los últimos 10 años, el cual es querer impresionar el publico extranjero europeo con historias que aunque tocan ciertos aspectos de la sociedad, para el colombiano es ver con sus ojos el pan de cada día, al punto de caer en el morbo y la excusa fácil para destacar a nivel internacional y esto lo mantengo levantando la frente a la luz de la lampara recordando al maestro Carlos Mayolo Carlos Mayolo y su producción “Agarrando pueblo” (1977),donde la premisa era la critica a la explotación de la desgracia nacional para los europeos que compraban películas que mostraban lo que para ellos era algo inusual, la indigencia, la delincuencia y el olvido del gobierno de turno. casi la evolución de los zoológicos belgas en el siglo XIX pero trasladados a cámara en el pasado siglo. Y esto ha perdurado a lo largo de generaciones, donde las historias a relucir son las desgracias del país. Pero ninguna película que muestre realmente el haz de luz, el gramo de esperanza, de aspirar, de pertenecer y tener otro tipo de historias, de jóvenes que buscan sus sueños, de que el camino es duro pero se puede, ver la enseñanza como un camino y no como un merecido, el orgullo de lo bueno, no con las uñas, sino con el alma.

Cierro este artículo con la esperanza de que el país que me vio nacer vea las oportunidades que tiene, no solo a nivel cinematográfico, sino en muchos aspectos, y la clave es copiar la fórmula, hacerlo bien, no aparentar éxitos sin mérito, excluidos. Sino hacerlo bien y disfrutar las mil y una historias que tenemos para contar y no las mismas de siempre sobre narcotráfico, guerrilla y pseudo intelectuales criticando pseudo intelectuales. Hay potencial para crear premisas, sagas que nos enseñen a soñar, a hacer las cosas bien desde el principio y no porque algo malo pasó.
“El cine es el pasado que fuimos, el presente que somos y el futuro que queremos”
Lo había mencionado antes y cabe resaltarlo nuevamente, El cine es mucho mas que cine, tiene el poder de recordarnos, de inspirarnos, de enseñarnos y como cineastas existe una responsabilidad de que una industria nazca de verdad y con ella un pequeño cambio en las oportunidades laborales, la continuidad de carreras y muchos temas más que tocare más adelante ya que como postre y es de costumbre dejare la semilla o mejor la cereza para el final, Carlos Mayolo lo intento con Caliwood y un hubo un pequeño destello y ese articulo será para después con detalle pero es la base de que si queremos, podemos.




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