La pelicula que me transporta y me transportara siempre a los mejores recuerdos de mi infancia es Karate Kid. Sin duda a más de uno en mi generación le motivo e inspiro a practicar deporte en las diferentes disciplinas incluidas las de el karate. Me identifique con Daniel Sam porque fui ese niño que se sobrepuso a burlas, provocaciones y ataques verbales por ser distinto al resto o simplemente por no buscar ni crear problemas. Con la relacion Maestro - alumno entre Miyagi y Sam aprendí que un buen mentor siempre te guiara a sacar todo tu potencial sin utilizar la violencia al contrario con su ejemplo te mostrará como pelear las batallas mas duras de la vida con inteligencia. “Aplicar cera, quitar cera” expresaba Miyagi y con el paso de los años te das cuenta que es una gran leccion de vida acerca del equilibrio, paciencia, virtud y sobriedad con las que realizamos nuestras actividades. De pequeño podrias reirte de esa filosofia por las desesperación que tenia Daniel por superarse en el kung fu pero ahora es dificil negar que muchas veces “Aplicar cera, quitar cera” son esas ocasiones donde te detienes antes de cometer un acto impulsivo y sufrir las consecuencias.
En la infancia mi profesor Miyagi fue mi tio Santos González en esos ayeres practicante de kung fu y hoy en dia un arquitecto respetable en la ciudad. Mirar su entusiasmo por entrenar y practicar el deporte me motivaba a sacar un traje negro de el e intentar sin tanto exito emular algunas patadas al aire que el perfectamente hacia. Desde ahi comprendi que no era facil lograr lo que se veia en televisión pero en la ficción y en la vida real algo cobraba mucha fuerza “las mejores peleas son las que evitamos” enseñanza magistral de Miyagi y que siempre enfatizaba mi tio Santos. La aprendi tan bien que tenia muy claro el objetivo: Ser mejor ser humano que arte marcialista y en la practica comprendi que las batallas más complejas son aquellas donde guardas las golpes y abres la razón. Aunque hubo una ocasión donde me tuve que defender de alguien que llevaba largo rato molestandome pero antes de la batalla recuerdo que pedi permiso a mi padre para poder pelear tal vez para avisarle si gano o pierdo ya sabes donde anda tu hijo. Mi padre me miró a los ojos y me dijo lo siguiente: “No tengas miedo, nadie se arrepiente de ser valiente”
la pelea tuvo de publico al barrio y el ring fue la parte trasera de una camioneta elementos suficientes para que diera ese despiadado combate donde yo era superado en estatura y pegada pero supe que debía dar lo mejor de mi. Resistí los golpes fuertes y cuando tuve oportunidad conecte golpes y patadas que de algun modo sorprendieron a un chico que se creía el más rudo de la calle. Cuando la batalla se volvio mas intensa llegaron los más grandes a separarnos y todo terminó en un decoroso empate, acto seguido el rival me dio la mano y nunca más volvio a molestarme.
Tiempo despues entendi por que el Kung-Fu es parte de la vida y la razón es muy sencilla “Si tu amas lo que haces” todo va fluir en coordinación en tu mente, alma y cuerpo por que Karate kid desde niño sembro en mi el pensamiento de construir antes que destruir porque destruir es relativamente muy facil pero nadie se atreve a destruir lo que ama por que precisamente lo amas porque solo tu conoces el precio de haberlo construido. Y al final del día al guerrero más fuerte que tienes que derrotar es a ti mismo. ¡Atrevamonos a conquistarnos!



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