Sangre, dientes y kilos de sensualidad. Dangerous Animals (2025) Sean Byrne 

En el 50° aniversario del estreno de Tiburón, obra indispensable e indiscutida en la historia del cine de terror, llega Dangerous Animals, una coproducción norteamericana y australiana que se estrenará en salas argentinas el próximo 2 de octubre y que se anima a colocar nuevamente a los tiburones en el centro de la escena. Si se trata de un homenaje encubierto a la obra de Spielberg o, simplemente, de una estrategia para aprovechar el aniversario y atraer a los fanáticos a las salas, nunca lo sabremos. Lo cierto es que el último film de Byrne está dividiendo aguas en el mundo del terror: mientras algunos lo consideran aburrido y lo desprecian, otros, entre quienes me incluyo, lo encuentran un entretenimiento más que digno, con un refrescante giro dentro del sharksploitation.

La película reparte su atención entre dos protagonistas. Por un lado, Bruce Tucker (Jai Courtney), un marino dedicado a organizar viajes privados y a practicar el nado con tiburones; por el otro, Zephyr (Hassie Harrison), una joven norteamericana decidida a recorrer las mejores playas de Australia con el objetivo de perfeccionar su surf y dar con la ola perfecta. El encuentro entre ambos desemboca en un enfrentamiento cargado de sangre y violencia, estructurado bajo la lógica del duelo entre asesino serial y final girl, todo ello en un contexto donde el mar y los tiburones aportan una dosis extra de terror y suspenso.

Dangerous Animals es de esas películas que, desde su secuencia inicial, presentan todos los componentes que serán la estructura del film. El comienzo se da con la llegada de una pareja de turistas a un desértico muelle, en búsqueda de una excursión de nado con tiburones. Tucker se presenta y se ofrece a llevarlos. Su presencia es magnética, su cuerpo inunda la pantalla y su acento nos introduce de golpe en el centro del horror australiano, ese que tanto nos gusta y aún no logra obtener todo el reconocimiento (histórico) que se merece. Es atento y encantador, no hay motivos para desconfiar de él. Por eso resulta inquietante cuando les dice, casi con naturalidad: “Supongo que nadie sabe que están aquí”. Nosotros, como espectadores, ya intuimos que algo no está bien; los personajes dudan, pero finalmente deciden seguir adelante, convencidos de que no hay nada más peligroso que los tiburones.

El primer plano de un viejo periódico muestra en su portada a un niño bajo el titular I Beat Jaws! (“¡Le gané a Tiburón!”). La voz en off de Tucker recuerda su encuentro con un tiburón blanco a los siete años, cómo logró sobrevivir y las marcas que el animal dejó en su cuerpo. Antes de concluir, resignifica la experiencia con una frase propia de manual de autoayuda: “Me despertó. Y llevo despierto desde entonces”. Luego del relato, Tucker consigue tranquilizar a los turistas y convencerlos de que todo está bajo control, de que están a salvo, aun cuando decenas de tiburones los rodean. Pronto descubrirán que el animal más peligroso es, en realidad, quien conduce el barco: “¡Bienvenidos a bordo!”. La pantalla se tiñe de rojo. Comienza la secuencia de títulos, con aroma a protector solar de coco y atardeceres dorados.

Film Review – Dangerous Animals (2025) – Films – OutNow

Cuando el sol reverbera en la pantalla aparece Zephyr. Mitad Barbie, mitad She-Ra la guerrera, la próxima víctima de Tucker y nuestra final girl. Bastan pocos minutos para que Byrne la defina: es sensual, magnética, independiente y está sola, lo que en la lógica de Tucker, el asesino, significa que nadie sabe que está aquí. Lo que para él es una presa fácil y desprotegida, para nosotros es algo más: una mujer fuerte, capaz de todo, y que además no está tan sola como parece, porque en su paso por la ciudad logró enamorar a un joven que será el primero en notar su ausencia.

La economía narrativa de Byrne es uno de los puntos más fuertes del film. De manera rápida y sencilla, define a sus personajes y nos introduce en la historia: una que va de asesinos, de chicas que quieren sobrevivir, de amor al cine clase B pero, sobre todo, de tiburones como elemento constitutivo y fundamental de un horror que flota y fluye a lo largo de todo el film. Dangerous Animals es una película de supervivencia, pero no frente al animal marino, sino al animal humano que acecha y que aguarda el ataque con elegancia y paciencia.

Dangerous Animals (2025) 'Cannes' Movie Review: A Wildly Entertaining  Stripped-to-the-Bone Slasher - High On Films

En esta película de tiburones los ataques están pero no ocupan un lugar central, el corazón de la película está en la figura de Tucker, en sus necesidades y patologías, y allí es donde Byrne logra construir dos personajes protagónicos fuertes de los que queremos saber más y de los que no podemos separarnos. Que Tucker sea un asesino que utilice al tiburón como “arma” y que además filme sus crímenes en clave de cine snuff, le da una profundidad aún mayor de la esperada. No es solo un niño dejado de lado por su madre que sufrió una experiencia traumática que lo marcó para siempre, sino un adulto lo suficientemente perverso y morboso como experimentar cada uno de los ataques como una retorcida fantasía sexual que incluye chicas en bikini, desparramo de sangre y múltiples desmembramientos. Es la violencia que ejerce el tiburón sobre el cuerpo femenino y sus sacudidas las que lo encienden, aquello que lo lleva a guardar un souvenir audiovisual y algún que otro recuerdo físico de sus víctimas.

La construcción de Zephyr como una joven naturalmente luchadora (pasó gran parte de su vida en casas de acogida), capaz de soportarlo todo y dispuesta a “enfrentar un tiburón” con tal de sobrevivir, la ubica en ese selecto grupo de chicas finales, desde Laurie Strode hasta Sidney Prescott, lo suficientemente fuertes como para atemorizar a cualquier asesino, con la dosis justa de sensualidad y masculinidad (tan mencionada en el subgénero por Carol Clover) capaz de permitirle sobrellevar cada uno de los ataques con valentía y elegancia. Y es precisamente dentro de esa dinámica de víctimas y asesinos, pero sobre todo de cazadores y cazados, donde el tiburón funciona como carnada, como golpe final, como aquello que le añade al crimen una cuota de belleza y esteticismo.

Dangerous Animals (2025) - What's After The Credits? | The Definitive After  Credits Film Catalog Service

Snyder logra un equilibrio perfecto entre las fórmulas del gore, el slasher y las dinámicas del Sharksploitation, lo que algunos críticos han definido como un perfecto mashup entre Tiburón, Saw y Hostel. En un mundo donde el horror se ha convertido en el nuevo lugar de moda, reservado casi exclusivamente para paladares experimentados, la existencia de este tipo de películas funciona como un verdadero ejercicio de resistencia. El mal llamado horror elevado lo devora todo, incluso nuestra capacidad de disfrute e irreverencia. ¿Cuándo olvidó el género que una de sus principales banderas era la provocación? ¿Cuándo nos olvidamos de que el componente gracioso, estrafalario e incluso ridículo, es el aliado perfecto del horror? ¿Por qué lo resumimos a una simple muestra concentrada de lo que el miedo debe ser?.

Hoy, en un panorama donde gran parte de la producción cinematográfica de terror, al menos en términos comerciales, parece dominada por la metáfora explícita, el cine de climas y la exacerbación de fórmulas ya probadas que buscan seducir a la crítica especializada, películas como Dangerous Animals se transforman en refugio y trinchera.

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