“LOS PAPÁS DEL TELÉFONO EN EL 20-25” 

Un extraño accidente en el tiempo hizo que Antonio Meucci, Alexander Graham Bell y Elisha Gray aparecieran en una feria tecnológica en Las Vegas, justo en medio de la presentación de un nuevo iPhone. Los tres se miraron confundidos, con sus trajes del siglo XIX y bigotes imponentes.

—Signori… ¿dónde estamos? —preguntó Meucci en italiano, apretando contra el pecho un prototipo de madera con cables colgando.

—En el futuro, claramente —respondió Bell, observando la enorme pantalla que decía: “Ahora con cámara de 200 megapíxeles”.

Gray, siempre con aire competitivo, murmuró: —¿Y todavía creen que Bell fue el primero?

Seguidamente, un asesor comercial les puso un celular en la mano. Meucci lo examinó y dijo:

—¡Madonna! ¿Este teléfono no tiene cables?... ¡¿Magia?!

Bell: —Seguro lo inventé yo… ¿ya registraron la patente?

Gray: —Sí, claro, Bell… como siempre robando créditos.

Seguidamente otro joven les da un celular y ellos intentan hacer su primera llamada. Entonces el joven les explica:

—“Ya casi nadie llama, mejor manden un WhatsApp.

Meucci: —¿Un… guasap? ¿Es una sopa?

Bell: —Hola, soy Alexander Graham Bell, inventor del… (interrumpe una notificación):

—“Su almacenamiento está lleno.”

Gray, riendo mucho dice: —¡Por fin algo que te silencia!

Después, cuando ellos entendieron que la gente prefiere actualmente enviar audios de máximo 2 minutos en vez de hablar en vivo, los tres casi se desmayan.

Luego los asistentes al evento los subieron a TikTok con un filtro de bigotes brillantes y en cuestión de minutos se hicieron virales como #LosPapásDelTeléfono.

Bell disfrutaba la fama, posando frente a la cámara.

Gray se quejaba:

—Esto solo confirma mi sospecha: ¡La humanidad prefiere el espectáculo a la ciencia!

Meucci, resignado, murmuraba:

—Y yo sigo sin recibir las regalías… y yo inventé el teléfono fue para conectar familias…

Bell: —Y yo para hacer negocios.

Gray: —Y yo para demandarlos a los dos.

De repente una videollamada en Zoom aparece en pantalla, y…

Bell dice:

—¡Es mi invento con teatro en miniatura!

Meucci:

—En mi época hablábamos cara a cara.

Gray:

—En la tuya, Bell, ¡también me robabas cara a cara!

Seguidamente los invitan a un programa de entrevistas, donde les preguntan: “¿Qué opinan del 5G?”.

Meucci dijo:

—En mi época teníamos el 0.0001G, y con eso ya era un milagro.

Bell gritó emocionado:

—¡Esto del Zoom es como mi invento, pero con teatro en miniatura!

Y Gray, al escuchar a alguien en el público decir “me quedé sin datos”, respondió:

—Al menos tienes teléfono. Yo me quedé sin patente.

De repente, los tres mirando a la cámara del celular del entrevistador, con resignación dicen:

Meucci: —Inventamos el teléfono para unir al mundo…

Bell: —Y ahora la gente solo lo usa para selfies.

Gray: —Y para ignorar llamadas de la suegra.

En ese justo momento suena un ringtone de reguetón. Todos se tapan los oídos y gritan.

Saliendo del programa de entrevistas, los tres entonces reflexionan y hacen planes a futuro:

Meucci, humilde e idealista, no entendía cómo algo inventado para comunicar a las personas se había convertido en una máquina de selfies y memes.

Bell, ambicioso, estaba fascinado con la idea de patentar emojis y cobrar por cada uno.

Gray, bastante celoso, estaba decidido a demandar a ambos en un tribunal moderno… hasta que descubrió investigando en Internet de su celular smartphone recién comprado en la feria, que los juicios de propiedad intelectual duran décadas.

Finalmente, al terminar su aventura, los tres comprendieron que, aunque los teléfonos habían evolucionado hasta volverse pequeños universos en el bolsillo, la esencia seguía siendo la misma:

—La gente solo quiere hablar, o mejor dicho… gritarle al vacío.

Y Meucci, con su tono melancólico, cerró la reflexión:

Inventamos el teléfono para unir a la humanidad… y ahora se usa para discutir con extraños en Twitter.

FIN.

Por: Andrea Badillo.

Bogotá - Colombia.

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