Hacia las últimas décadas del siglo XIX, la experiencia artística en Europa atraviesa un proceso de experimentación importante, es la época de los cabarets, los bailes, el teatro, el ilusionismo, la pantomima y el music hall; es además, la época en la que Georges Méliès, figura pionera del cine, comienza a narrar historias cargadas de imaginación y fantasía, acompañadas de innovadores efectos visuales inspirados en los actos de ilusionismo.
Georges Méliès nació el 8 de diciembre de 1861 en París, en el seño de una familia acaudala, y si bien, entre otras cosas, llevó adelante una fábrica de zapatos, la cual era un negocio familiar, y además aprendió de otros oficios como la mecánica y las artes militares, desde su juventud mostró un gran interés por el arte; fue así como tras conocer el Egyptian Hall en Londres, dirigido por Jhon Neville Maskelyne, el joven francés quedó tan impresionado que comenzó a estudiar trucos de magia. Así mismo, llegó a crear pequeños juguetes y trabajó como dibujante.
Históricamente hablando, se considera que es en el año 1885 cuando George inicia su carrera como ilusionista, decorador y actor, ese año contrae matrimonio con Mademoiselle Genin, y gracias al aporte económico de su esposa y de las ganancias obtenidas de la venta de su parte de la fábrica (la cual le compran sus hermanos), el joven francés logra adquirir el teatro Robert-Houdin; más tarde, en 1895, al ser invitado a una presentación artística de los hermanos Lumière, Méliès mirará por primera vez (y por supuesto quedará deslumbrado) un aparato mecánico denominado cinematógrafo. Cabe destacar que este evento tuvo lugar en marzo de dicho año en el ámbito de una reunión de la Sociedad de Fomento de la Industria Nacional, en París, un acontecimiento en el cual, presuntamente, se lleva a cabo la primera presentación de una película proyectada.
Méliès, quien acertadamente vio en el cinematógrafo la máquina del entretenimiento de los años futuros, no logró que los hermanos Lumière accedieran a venderle semejante aparato; no obstante, será en 1896 cuando en negociaciones con el óptico William Paul, el ilusionista francés logre adquirir el tan anhelado equipo; será entonces a partir de este punto, cuando el cine dé un giro en su historia y alcance un gran impulso como creación artística, porque si bien los hermanos Lumière son considerados los pioneros de la industria del cine, será George Méliès quien desarrolle y explote las técnicas cinematográficas propiamente dichas.
La muestra de la creación y el desarrollo de tales técnicas, tendrá lugar también en 1896, puesto que ese año, George Méliès llevará a cabo una producción cinematográfica que históricamente hablando, en lo sucesivo será considerada la primera película de terror de la historia del cine, me refiero a La mansión del diablo (Le Manoir du Diable). Se trata de una realización del Séptimo Arte con una duración de tres minutos (un proyecto ambicioso para la época), un breve film que a través del uso de la pantomima y la fantasía cómica teatral, narra la historia de dos caballeros medievales que son espantados por el Diablo y un conjunto de fantasmas dentro de un castillo; en esta obra, Méliès hace gala de sus conocimientos del ilusionismo, así como también, pone en práctica un conjunto de trucos y efectos especiales muy característicos de sus creaciones: personajes que aparecen y desaparecen en medio de humo y pequeñas explosiones; objetos que se mueven cuando alguien trata de aprehenderlos.
Si bien, La mansión del diablo, puede percibirse más como una obra teatral cómica que como un film de terror en sí mismo, se le suele considerar la primera película de terror de la historia del cine, por elementos tales como la presencia del Diablo y los fantasmas, así como por la transformación del demonio en murciélago. En tal sentido, podemos considerar que, la obra cinematográfica precursora, que sentará las bases para el inicio de las creaciones de terror en el Séptimo Arte, tienen lugar con esta curiosa y remota creación del apreciado ilusionista francés George Méliès.




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