Cuando yo tenia como 11 años de edad , que terminé mi escuela primaria y bueno la situación económica en casa era algo compleja, mi madre me dejó en casa un año sin estudiar, en ese año tuve que ayudarla con lo oficios de casa, entre ellos a cuidar niños pequeños, entre ellos estaba SANDRITA, hija de una señora que vivía en una habitación que le rentaba mi madre, Sandrita tendría 3 años, era morena, guapa, cabello ondulado , muy juguetona y mi madre me asignó el cuidado de ella más específicamente, mientras la mama iba a su trabajo como operaria de flores en un municipio de Cundinamarca en colombia.
Sandrita, era una niña tierna, amorosa, entraba sobre las 5 de la mañana a nuestro cuarto , corría y llegaba a mi cama donde dormía con mi hermana , nos tocaba los pues, halaba las cobijas y se reía mucho, pues nos tocaba con sus manitas muy frías, esa era su manera de acercarse y darnos amor, a mis 11 años yo ni sabía entender eso.
En aquellas épocas, si un trabajador de flores perdía la ruta , no podía ir a trabajar pues eran zonas rurales muy peligrosas, así que una mañana la señora por esas cosas de la vida no escuchó su reloj despertador y se quedó en casa, aquel día aprovechó y se fue a llevar a Sandrita al médico en el hospital del pueblo, fue un día desafortunado, hoy lo recuerdo perfecto, esa mañana camino al médico, Sandrita convulsiono y murió llegando al hospital, lo más extraño es que con mi madre nunca la vimos enferma, pero ese día Sandrita murió a sus poco más de tres añitos.
Cuando nos contaron, yo sentí mucho miedo; esa misma noche mis padres me llevaron al velorio de la niña, era en una montaña donde vivía su familia materna, llegamos y se sentía silencio, salvo el llanto ahogado de los adultos y el viento que parecía arrullar su ataúd, la montaña quedaba atrás del cementerio, yo tenía pánico pasar por allí, pero tocó para regresar a casa con mis padres. Creí que allí terminaba la historia con mi amiga sandrita, pero ella siguió llegando todas las mañanas, se escuchaba igual el golpeteo de sus pies descalzos corriendo hacia mi cama, mi mamá decía que era mi imaginación, porque la extrañaba , pero tanto yo como mi hermana la sentimos como por seis meses, hasta que mamá hizo algunas oraciones y roseaba agua bendecida por un sacerdote, nunca la vimos, pero siempre sentimos su presencia era inconfundible: la niña no se había ido, yo sentía su olor, hoy tengo 45 años y recuerdo perfecto su carita , sus manos y su olor.
Pero todavía, en algunas madrugadas, cuando la oscuridad es más densa, escucho los pasos pequeños que recorren el pasillo y siento un leve cosquilleo en mis pies. Y entonces recuerdo que Sandra, la niña que murió en el camino al hospital, nunca se fue de casa.
Hoy día, cuando no veo película de terror, siento que a mis 11 años viví mi propia película de terror desde lo real, desde el miedo y desde el cariño que sentía por Sandrita y estoy segura que ella me quería mucho, es la única explicación que encuentro para entender como puedes sentir a ese ser después de su muerte; aunque en estos años 90, las películas de Drácula, viernes 13, puerta al infierno eran muy miedosas para mí, hoy les digo que Sandrita decidió ser la protagonista real de una película de amor y terror , que aunque Sandrita era una niña feliz y amorosa, al estar en otro plano tuve la oportunidad de sentirla y con este escrito la recuerdo con mucho amor; pero a su vez con grandes incógnitas de que sucedió realmente, como unas niñas de 11 y 12 años pudieron sentir su presencia por tanto tiempo, algo imposible de creer pero es real, yo soy testigo de ello.


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