Resistencia: cómo el cine de terror revela nuestros miedos y desarma el poder Spoilers

Bueno, bueno, qué buena propuesta para hablar este octubre de terror propuso Peliplatt. Si hay un género que sabe mutar y adaptarse a los movimientos de cada época, es el terror. Irónicamente nunca se trató de simplemente asustar, sino de ponerle imagen, cuerpo y sonido a los miedos más profundos de cada sociedad. Por eso mirar su evolución es también mirar de frente las pesadillas colectivas que atravesamos en este mundo y de este lado del charco.

CORRAMOS RÁPIDO POR EL TIEMPO

Universal Classic Monster

En los años treinta y cuarenta, Hollywood encontró en los monstruos góticos su gran refugio. Dracula, Frankenstein, The mummy, The wolf man, : figuras tomadas de la literatura y el folclore que respondían a ansiedades muy concretas. La crisis económica y los avances científicos generaban inquietudes… En ese contexto, la otredad, lo extranjero, lo incontrolable, se convertía en amenaza (Curioso, ¿no?). Esos monstruos eran más que criaturas fantásticas; eran alegorías del miedo a perder lo humano en un mundo que cambiaba demasiado rápido.

El péndulo giró fuerte en los setenta y ochenta con la irrupción de los famosísimos y, actualmente aún muy amados, slashers. Halloween, Friday the 13th o A Nightmare on Elm Street sacaron el terror de los castillos y lo instalaron en los barrios comunes. El blanco ahora eran adolescentes “promiscuos”, especialmente mujeres, que morían una tras otra en asesinatos que luchaban para ser cada vez más y más turbios. Detrás del arma blanca y las máscaras se escondían miedos ligados al sexo, a la moral y a la violencia social que atravesaba a la juventud de la época. Síp, ahí nació la famosa final girl que NOOO, no solo sobrevivía: cargaba con el peso de representar la pureza o la resistencia que la cultura dominante exigía.

Ya en los 2000 y 2010, el género dio un nuevo giro. Estudios como A24 apostaron por un terror más atmosférico y psicológico. The Witch, Hereditary o Midsommar pusieron el foco en la familia, la religión, las herencias emocionales. Los monstruos externos se volvieron menos importantes que los traumas internos. El horror ya no estaba en un asesino acechando en la esquina, ni un en el monstruo deforme que te perseguía… Nop, era el peso de las tradiciones, los vínculos dañados y las instituciones que controlan la vida cotidiana la onda del momento.

LA SANGRE QUE DERRAMAMOS

Y llegamos a la parte que más me interesa a mi (? el presente. Hoy el terror se convirtió también en un espacio de resistencia feminista. Directoras como Julia Ducournau y Coralie Fargeat llevaron el género hacia un territorio visceral y político. Raw (2016) mostró la transición adolescente y el despertar del deseo a través de un canibalismo simbólico, incomodando y fascinando a la vez. The Substance (2024) se sumergió en el body horror para hablar del mandato de juventud y belleza eterna que aplasta a las mujeres. Estos relatos nos dieron repulsión y también expusieron cómo el poder se inscribe en los cuerpos, cómo la violencia estructural atraviesa lo íntimo.

El terror feminista actual no es un simple giro de tuerca en la industria - como venimos charlando: es una forma de reapropiarse de un género históricamente dominado por miradas masculinas. Donde antes había víctimas pasivas, ahora hay creadoras que cuentan sus propios miedos, que usan el horror como arte social para denunciar, resistir y crear nuevas metáforas. En el fondo, el cine de terror siempre fue político. Bueno, siempre lo digo: todo es político… Sí, incluso tu decisión de no creer en la política (?). Lo que cambió es que hoy esa política se vuelve más explícita, más encarnada, y en muchos casos, más urgente. Porque si algo demuestra su historia es que los monstruos cambian de forma, pero el miedo siempre encuentra una nueva forma de existir…

Men (2022) - Alex Garland

Peeeero el terror feminista no significa excluir la mirada masculina. Algunos cineastas varones comenzaron a usar el género para cuestionarse a sí mismos y a los sistemas que perpetúan. Men (Alex Garland, 2022) es un ejemplo paradigmático: la película utiliza un terror simbólico y folclórico para mostrar cómo la masculinidad tóxica puede ser dañina, tanto para quienes la ejercen como para quienes la sufren. En esta peli, los hombres son reflejo de estructuras opresivas; el miedo surge de sus propias inseguridades y de la violencia inherente al patriarcado. Te puede gustar o no, pero la peli habla.

El groso de Jordan Peele representa otra vertiente interesante dentro de esta mirada. Aunque sus películas como Get Out o Us se centran en cuestiones raciales y sociales, su trabajo demuestra que el terror puede ser un vehículo poderoso para hablar de jerarquías, abuso de poder y exclusión. Peele combina el miedo psicológico con lo simbólico para mostrar cómo sistemas de opresión, de hecho, generan terror real. En muchas de sus obras, el monstruo no es solo un asesino o un ente sobrenatural, sino un reflejo de las injusticias que atraviesa la sociedad.

Estos ejemplos muestran que el terror contemporáneo ya no es solo un reflejo de miedos colectivos genéricos, es un espacio de experimentación artística y de crítica social. La narrativa ya no se limita a perseguir o a ser perseguido… más bien examina estructuras, roles y emociones de manera explícita. Las directoras feministas mostraron que el horror puede ser complejo, sensorial y político a la vez, mientras que algunos varones cineastas aprendieron a mirar dentro de sí mismos y a cuestionar los mandatos que durante décadas modelaron su comportamiento y sus relaciones. Me parece muy interesante y algo a destacar…

The Substance

Y si algo llamó la atención del terror feminista es la manía (hermosa, debo decir) de combinar géneros y estilos: el body horror, la tensión psicológica, el horror atmosférico y el gore extremo se utilizan como herramientas narrativas y simbólicas. La sangre, los gritos y la violencia no son gratuitos; sirven para amplificar experiencias de vulnerabilidad, resistencia o transformación. La atención a la subjetividad femenina y a la exploración de los cuerpos se entrelaza con reflexiones sobre trauma, deseo y poder.. Es simplemente exquisíto.

Por otro lado, también es posible observar un diálogo interesante entre el terror feminista y las audiencias, ¿no? Porque pareciera que hoy el público no solo busca sustos.. más bien quiere historias que interroguen los límites del género y que pongan sobre la mesa preguntas sociales urgentes: ¿Cómo nos relacionamos con nuestros cuerpos? ¿Qué violencias heredamos o reproducimos? ¿Cómo se construyen y destruyen los vínculos familiares y sociales? La experiencia de ver una película de Ducournau o Fargeat es también una experiencia crítica: obliga a confrontar y a reflexionar.

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