Clásicos por descubrir: Mikey & Nicky Spoilers

Todo comienza con una puerta cerrada. Con cerrojo, específicamente. Una habitación de hotel de mala muerte. Y el interior está aun en peor estado, porque ahí se aloja un hombre al borde del colapso: Nicky, que no duerme ni come hace quién sabe cuánto. Se lo ve inquieto, paranoico, con los ojos fijos en la puerta. Como si alguien estuviera por irrumpir y llevárselo al infierno. Rodeado de colillas de cigarrillos, botellas, diarios y empuñando un revolver que parece cocido a su mano, levanta el teléfono y pide un número a la operadora. Atienden del otro lado y dice:

“¿Mikey?… Estoy en problemas”.

Nicky.

¿Qué es la amistad? ¿Cómo se valora? ¿Es la suma de momentos vividos o de años compartidos? Si nos guiamos por su comportamiento, Mikey y Nicky definitivamente se aprecian como tal. Basta con ver la rapidez y preocupación con que uno acude al llamado de auxilio del otro y este, cuando finalmente lo deja entrar, se desploma en lágrimas sobre los brazos de su amigo. En esa acción, son los únicos seres en el mundo. Nicky no tiene a nadie, mientras que Mikey solo existe para consolarlo.

Mikey & Nicky.

A partir de ahí seremos espectadores de un “hang out film”. O sea, una película de “pasar el rato”, que no significa lo mismo que “para pasar el rato” (al caso, ninguna obra debería existir para como experiencia pasatista), sino que el relato se enfoca en sus personajes en situaciones de espera, de viajes o charlas en espera de que algo suceda. Es decir, lo fundamental es aquello que sucede entre lo que debería ser importante. Pero esto es mera apariencia.

“Mikey & Nicky” podrá tener a sus dos protagonistas dialogando y matando el tiempo en bares, calles desiertas, autobuses o la casa de alguna amiga en común, pero lo que estamos viendo es en realidad una tragedia, incluso cuando a veces se los ve relajados o esbozan risas cómplices. Es la crónica de una muerte anunciada y no la de Nicky, quien está convencido que será asesinado por mafiosos, esa misma noche que llamó a Mikey para que lo ayudara a huir. Es la espiral descendiente de su amistad, de una relación quizás unida por inercia o esas vivencias juntos en épocas más felices.

Hay escenas en que Mikey y Nicky parecen uno solo. Dos estatuas esculpidas del mismo concreto, hoscos, temperamentales, que apestan a cigarrillo y cerveza, que si no están por agarrarse a piñas con otras personas, puede que estén por golpearse ellos. Minutos después, comparten charlas íntimas del pasado de cada uno. Cuando Nicky recuerda con lujo de detalles al hermano menor de Mikey, fallecido de muy pequeño, lo deja perplejo. Él, quién tomaba a su amigo como alguien impredecible y desorientado, y olvidó a su hermanito por dolor, siente en ese momento que no hay nadie que lo conozca más.

Estas contradicciones, esta tensión, ese aire que puede cortarse con un hilo, está presente durante toda la película. Es como si estuviéramos en la cabeza de Nicky, el perseguido, con la muerte respirándole en la nunca y aun así, relajado porque está con su mejor amigo. Pero también somos el punto de vista de Mikey, quien carga con un secreto, y que sí sabe dónde merodea el asesino, aunque hace todo lo posible para despistarlo. ¿Y qué sucede cuando quién debe protegerte comienza a creer en que quizás lo mejor para vos es que dejes de sufrir?

Nicky & Mikey.

¿Es misericordia o es resentimiento?

Todo finaliza con una puerta cerrada. Con cerrojo, claro, pero además dos sillones a modo de barricada. Es la casa de Mikey. Y el interior es inmaculado. Una familia ideal. Una esposa fiel y compañera, pero que conoce menos de su marido de lo que lo que sabe su amigo. Ese amigo, Nicky, a quien finalmente le cerró la puerta. Lo traicionó, o quizás dejó que pague por sus pecados. Así como Mikey le pedía a un paranoico Nicky que lo dejara entrar, es ahora Nicky que implora por ingresar a un Mikey harto, pero consumido por la culpa. Los golpes desesperados serán reemplazados por disparos. Luego, silencio. “Vete a la cama” le dice Mikey a su mujer, porque ya es un nuevo día. Y la vida sigue para este hombre con la mirada absorta. ¿Así termina una amistad?

Mikey.

John Cassavetes es Nicky. Peter Falk es Mikey. “Mikey & Nicky” fue escrita y dirigida por Elaine May. Sí, una mujer es responsable de este brillante film sobre la relación de amor y odio entre dos hombres. Puede que no haya habido una obra tan perfecta protagonizada por intérpretes masculinos. Hay muchas películas de machos, claro, bien varoniles. Pero la sensibilidad que impregna la historia solo es posible porque May ve lo que ellos no ven: el punto frágil de la masculinidad. Esa apariencia de montaña de acero, atravesada en el medio por un río de lágrimas. Los hombres somos impulsivos, pero las mujeres son observadoras.

Cassavetes, May y Fall.

Está todo en los detalles. Como cuando Nicky recuerda a su bebé de pocos meses y habla entusiasmado de cómo ella le sostiene el pulgar. Cuando irrumpe en su casa, para despedirse, ve a la bebé y le implora que le apriete el pulgar. Esa búsqueda de conexión de un adulto perdido con un infante es desgarradora. O cuando Mikey, hablando con su esposa (que lo espera despierta a la mañana, incluso cuando tiene que levantarse temprano), le cuenta la historia de su hermanito, de cómo su padre le regaló el reloj porque sabía que estaba enfermo. Se convence que eso fue así. Quiere entender un amor ya olvidado.

“Mikey & Nicky” es un clásico del que se debería hablar más. Es una clase de cine que nos toma por sorpresa. Se construye escena por escena, con un relato que necesita desarrollarse ligado al comportamiento de sus personajes. El tiempo apremia y nos contagia esa urgencia, mientras nos adentramos en un mundo de callejones oscuros, bares llenos de humo, faroles y almas en pena que deambulan por allí. No es casualidad que la charla más íntima que tengan estos dos amigos sea adentro de un cementerio. Es como si la cercanía con la muerte reviva los recuerdos más vivos. O quizás ya estaba todo destinado así.

Una muerte en vida de una amistad.

Los años felices.

Entonces, ¿qué es la amistad? “Mikey & Nicky” no quiere dar respuestas, ni quiera intentarlo. Solo nos muestra lo que es, lo que nunca fue y lo que podría haber sido. Apenas tenemos momentos, auténticos, que parecen eternos pero con una cuenta regresiva haciendo “tic tac tic tac” por lo bajo. Cassavetes y Falk componen dos personajes impredecibles pero auténticos, que son transparentes a ellos mismos y, al mismo tiempo, se escudan en poses para mostrarse más fuertes. Se necesitan y se repelen en misma medida. ¿Qué mejores actores, cuyos rostros parecen haber sido tallados en celuloide, para interpretar a este Mikey y este Nicky?Película de época, o mejor dicho de una época. Esencial, brutal y sincera. Un cine que posiblemente haya estado en extinción en el momento en que se concibió. Hay que descubrir ciertos clásicos. Saber que, cuando parece que ya no hay historias para ser contadas, hay refugio en el pasado.

“Mikey & Nicky", películas que son esos amigos que están cuando las necesitamos y acuden a nosotros sin preguntar porqué.

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