
Cuánto cinéfilo hay que abandonó las películas de terror cuando la industria se puso de acuerdo en abusar del recurso del jumpscare, en todas las películas del género. Descaradamente, el terror tomó este recurso, antes compartido entre varios géneros, para lograr un efecto de miedo rápido, sin tanta construcción desde la historia. La gente se asustará, a cualquier precio. O mejor dicho: la gente se asustará, a un precio barato.
Yo fui uno de esos cinéfilos, pero me he recuperado. No sin la ayuda del terror actual, que creo ha logrado un buen equilibrio entre asustar con una historia, con una personificación y una atmósfera, y el uso indiscriminado de secuencias que inevitablemente te hacen pegar un salto en tu asiento.
Y entonces tenemos dos grandes vertientes en el terror moderno: el de efecto rápido, hijo del slasher, el gallio y el mal gusto; y por otro lado el nariz parada, que toma cosas del drama psicológico, más cercano al “cine de autor”. El segundo es el más respetado, el que busca sus referencias en El Exorcista y no en La Novia de Chucky. Pero es bajo esa misma premisa del efectismo, que la primer variante tomó el recurso del jumpscare (entiéndase como una secuencia de montaje en la cual se concluye con una toma de impacto alto que hace saltar del asiento al espectador) para asegurar su efectividad.
El jumpscare tiene dos o tres fórmulas, siempre es una imagen fuerte que parece salir de la nada, con un sonido que acompaña el impacto. Esto quiere decir que con una toma fuerte, solo una toma cuidada y lograda, en el momento justo y con un montaje funcional, se tiene una escena de miedo.
Ahora, lo que hace que una película de terror sea buena o mala, tomando sus jumpscares como referencia, debería estar supeditado a la función narrativa de ese jumpscare. Que nos quiere decir sobre la trama, cuándo y por qué aparece.
No sé si con eso en mente, o producto de un experimento maquiavélico, en 1942 el joven Jacques Tourneur crea una escena de perseguimiento: una mujer asustada, en una calle desierta, tomas de sus pies, de las sombras de la calle, y de repente, aparece un bus a toda velocidad. Tenemos, señoras y señores, el primer jumpscare del cine. Es una película de terror (aunque hoy en día yo no la pondría en ese género) de un incipiente director francés radicado en Hollywood.
Disclamer: Hay quienes toman aquella primer grabación de los hermanos Lumiére como un jumpscare, cuando filmaron la estación de tren, y al momento de la proyección las personas se asustaron, pensando que el tren verdaderamente estaba entrando a la sala de cine. Como dije antes, no configura jumpscare porque no tiene una construcción desde el montaje y el sonido, pero si nos da una pista sobre las posibilidades del recurso en los espectadores, que fue y es atractivo para los directores más punzantes.
El jumpscare luego pasó a ser más abordado por el cine de misterio, exceptuando a Alfred Hitchcock que ideológicamente se encontraba en contra del recurso. Quizás hayan oído su explicación del suspenso, la historia de la bomba bajo la mesa, con los comensales que no saben que esta ahí. Como espectadores, debemos sufrir lo máximo posible, esperando la explosión que los personajes no imaginan, y prolongar el suspenso lo máximo posible, ya que si no viéramos esa bomba como expectadores, y simplemente explota todo de un instante al otro, generaría sorpresa y luego nos relajaríamos. Para Hitchcock, una película entera era su jumpscare, pero con esto ya me pongo muy filosófico y pierdo el hilo (pensemos en Psycho, si al momento del asesinato veíamos al asesino, en función de generar un momento de jumpscare, el final hubiera sido absolutamente soso).
Otros cineastas emplearon el jumpscare, al mismo tiempo de Hitchcock, pero con un uso mucho más moderno. Traigo un ejemplo, de una magistral película protagonizada por Audrey Hepburn. La vi en el cine hace poco, en un ciclo de películas de esta actriz. Nadie en el cine esperaba ver una película de este tipo, y por eso muchos viejitos saltaron de sus asientos cuando vino esta escena:
Yo me asusté levemente y después me reí. Tal como Hitchcock predijo. Cabe mencionar lo importantísimo del sonido. El compositor de esta película es el gran Henry Mancini, lo que eleva cada secuencia, incluso la del susto.
Fueron los slashers los que terminaron de llevar el recurso al género del terror. Durante los 70, incontables tobillos se agarraron repentinamente con música estruendosa dando lugar a una nueva víctima. Pero para avanzar con la historia del recurso, me adelantaré mucho y nombrar a una película que bifurcó caminos.
En Sexto Sentido, tenemos una película de terror con actores respetados, o pseudo respetados, o futuramente respetados, haciendo una película de género menor. Y lo de género menor lo digo para entender a la industria, que así lo cataloga. Toni Collette, mencionó en una entrevista que ella nunca imaginó que Sexto Sentido era una película de terror, ella pensaba que era sobre la auto-superación y los niños con poderes sobrenaturales. Durante el rodaje entendió el tipo de película estaba filmando, y me imagino que se habrá decepcionado un poco, para triunfar en el cine a esa escala, en esa época, no se hacía ni terror ni comedia.
Pero Sexto Sentido es un terror refinado, que a su vez utiliza jumpscares. Varios. ¿Podría ser una película de culto con estos recursos baratos y buenas actuaciones? Yo lo respondo: Sí. Es una gran película, traumó a gente (me incluyo) y encontró un lugar indiscutido en la historia del cine. Estaba comenzando una nueva forma de contar historias de terror.
Sigamos con otro jumpscare del mismo director:
Pues si, como vamos a hablar de Jumpscares sin mencionar este momento de quiebre en el cerebro de todo niño que vio esta película, cuando sus padres le dejaron alquilarla en el videoclub, sin terminar de entender si Signs era una película de terror, suspenso o drama.
M. Night Shyamalan le abrió la puerta a un montón de cineastas, aunque luego de Sexto Sentido y Señales, se haya encargado (en mayor o menor medida) de borrar toda la sutileza con la que había construido sus narrativas de género ambiguo. Mientras tanto, David Lynch ya había experimentado con una emblemática secuencia en Mulholland Dr, consagrando la experimentación del recurso.

Hoy son muchos los directores de películas de terror que juegan con otros géneros, y esos juegos, son mucho menos prejuiciosos que hace algunas décadas (no tantas). Hereditary, que para mí es la película de terror perfecta, tiene un solo jumpscare. Uno solo, magistralmente ubicado. Y si venimos todavía más acá en el tiempo, Together, una película que mezcla body horror, suspenso, comedia y terror, comienza con dos jumpscares en los primeros 15 minutos, para no volver a utilizar ese recurso en todo el film.
Todo esto me hace pensar que esa línea tan divisoria, entre terror bueno y terror malo, presuponiendo que el malo sería el que abusa de jumpscares, y el bueno el que nos aporta una trama más compleja, se ha desdibujado, o tenderá a desdibujarse. Siempre habrá una nueva Anabelle, y como resultado, siempre habrá una de estudio A24 para robarle audiencia, y ambas serán igual de buenas. El terror es un género cada vez más rico, y el uso de jumpscares, una herramienta secundaria. Anímense a ver películas de terror señores cinéfilos.





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