Crítica de "Raíz": tonto no lo soy 

Para mensajes, el correo; para denuncias, la comisaría, decía John Ford. Es evidente que las películas pueden tener una segunda historia, una tesis detrás, pero cuando el film es solo eso, olvidándose del fondo y la forma, del medio en sí, falla.

En el caso de “Raíz”, no podemos decir que no fueron honestos. Desde el tráiler nos anunciaban lo que vemos confirmado en la casi hora y media de metraje: al director le interesa una sola cosa, el conflicto de los pueblos jóvenes abordados por las grandes transnacionales en busca de sus minerales. Todo lo demás es claramente secundario: guion, dirección, todo.

Cuando nos acercamos a dramas hechos en provincias, debemos tener mucho cuidado, ya que, al igual que las comedias limeñas, esta tendencia cae en varios lugares comunes. En las propuestas solemnes, normalmente de la sierra, buscan manipularnos, usualmente a través del golpe bajo, buscando un sentimiento de culpa, pena, lástima, condescendencia o compadecimiento. Aquí tenemos varios elementos que, más allá de decorar la tesis del director, buscan de una manera simplista la empatía hacia un grupo (el pueblo) y el rechazo a otro (la minera).

Estos elementos son: el niño pequeño, desde donde vivimos los eventos de la cinta; los paisajes; y finalmente el contexto de la clasificación al Mundial 2018. El niño es inocente, tierno, gracioso y, además de cuidar de sus alpacas, tiene a Ronaldo y a Rambo como mascotas. Los paisajes, por otro lado, están para rellenar el vacío de la cinta que, dicho sea de paso, cuenta muy poco; el guion cabe en una servilleta. Por eso se explotan los paisajes de la sierra. Si alguien cree que una buena fotografía es tener un álbum de postales y fondos de pantalla, se equivoca. Por supuesto, la naturaleza y los animales están para sensibilizarnos y ponernos en contra de la minera. Finalmente, el contexto de la clasificación tiene claramente una intención detrás. Pasó Rusia, pasó Qatar y estamos a puertas de 2026; si se saca este tema es para emocionarnos, para manipularnos con el niño ilusionado cortándole el pelo a su alpaca, poniéndole nombres simpáticos a sus mascotas, jugando y hablando de fútbol todo el tiempo, con el pueblo unido viendo los partidos. Quieren hacernos creer que esto es una película y no lo es; es un mensaje, una idea, una posición frente a un conflicto social. Un panfleto. Las camionetas negras, las motos, los hombres de negro, el hombre que traiciona a su pueblo por un auto. Se nota demasiado.

A esto se le suman algunas incoherencias como una suerte de espíritu que se nos dice es malo y al final es bueno, los animales que mueren —intuimos por los malos—, las alpacas que desaparecen y aparecen junto con las visiones y los sueños del niño; todo esto innecesario y completamente alegórico.

Si a alguien le quedan dudas de que al director solo le interesa el conflicto que vemos a diario en el país y no el cine como forma y fondo, fíjense en la última escena de la película y en los créditos finales.

Tonto no lo soy. El cine es otra cosa. No es “Raíz”, no es “Vaguito”. Guarden las causas nobles, los panfletos y los sermones. Vayan a marchar; el cine es otra cosa."

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